lunes, 20 de mayo de 2013


MAZZANTINI –EL TORERO
(Publicado por D. Jácome)

Uno de los personajes que a su paso por Cuba ha dejado huella en el refranero popular, fue el famoso torero “Masantín”. ¿Quién no ha dicho o escuchado en alguna ocasión lo de…”ni Masantín el torero?

Luís Mazzantini y Eguía nació en Elgóibar en octubre de 1856. Según sus propias palabras, se hizo torero, porque… “En este país de los prosaicos garbanzos, sólo se puede ser cantante o torero, y yo no he sabido dar el do de pecho”…

Hijo de un ingeniero italiano y de madre vasca, vivió y estudió en Italia durante su infancia y adolescencia, obteniendo el grado de bachiller en Artes. Regresó a España como secretario en el cortejo de Amadeo de Saboya. En busca de fama y dinero, decidió dedicarse al toreo. Su formación cultural, inusual en los toreros de la época, le hizo ganarse el apodo de “señorito loco”. Tras un periodo de novillero, confirmó su alternativa en Madrid, el 29 de mayo de 1884.

A Mazzantini, ya famoso y apodado “Don Luis”, se le recuerda por su singular personalidad dentro y fuera de las plazas. Fue muy popular en su época, vestía muy elegante y se codeaba con la alta sociedad. También tenía amigos artistas, frecuentaba la ópera y las tertulias literarias. Logró mejoras en los honorarios de los diestros. Mató casi 3000 toros y llegó a ganar seis mil pesetas por corrida en la última década del siglo XIX.

En la plaza prefería los trajes de luces de color verde, lo que fue objeto también de burla entre los periodistas, ya que durante un año completo utilizó un único terno de color verde bronce. Pero aún más polémico fue su modo de vestir fuera de los ruedos. Por primera vez, un torero va a utilizar el vestuario de la burguesía opulenta de la época y emplear un lenguaje rebuscado y quizás algo cursi. Fue un verdadero “fashion victim” de su época.

Pero ya pasemos a su paso por La Habana, que es la razón de esta publicación.

A finales de 1886 embarcó para Cuba con un contrato para 14 corridas que ante el éxito se convirtieron en 16. Nuevas plazas taurinas se habían construido durante el siglo XIX en La Habana. Entre las más recientes a su llegada, la de Calzada de Infanta casi esquina a Carlos III, lugar donde Mazzantini demostraría su arte en el ruedo.

Casualmente por esa misma fecha arribó a la capital cubana otra celebridad de aquellos tiempos, se trataba de la actriz francesa Sarah Bernhardt, famosa además por sus excentricidades de Diva. Como era de esperar, la diva asistió a una de sus corridas, y cuando el matador ya había cumplida su faena y recorría la plaza orgulloso de su hazaña, cruzó su mirada con la misteriosa dama y ese contacto visual resultó suficiente para cautivarlo. Había encontrado un nuevo amor en La Habana, pero no uno cualquiera, sino el de una de las mujeres más codiciadas de su tiempo.

La hizo participar junto a los miembros de su compañía teatral en una “becerrada” y aunque dicen que ella corrió bastante, al final fue capaz de controlar el miedo. Los dos se hospedaron en el “Hotel Inglaterra” y Mazzantini hasta olvidó su principal objetivo en la capital. Sus presentaciones posteriores al encuentro con Bernhardt dejaron mucho que desear. Incluso se comenta y recuerda con más frecuencia ese romance que su labor en el ruedo. La noticia del posible romance entre el torero y la diva se esparció con rapidez por toda la capital y llegó hasta Europa.

Intimó con lo más florido de la sociedad cubana y alcanzó tal notoriedad que, según un cronista de la época, impuso modas y costumbres y dio su nombre a las marcas más selectas de cigarros. Se convirtió en el centro de atención en las reuniones de los cubanos de esa época y su forma de vestir fue moda en la capital. Se vendieron camisas, pantalones, trajes y cualquier accesorio que recordara su aspecto. Era “el hombre del día”.

Ya en Madrid, en 1905 muere su esposa y decide abandonar definitivamente los ruedos. Acorde a su temperamento, se corta la coleta y la anuda a la muñeca de la difunta antes de sepultarla. Le jura no torear nunca más, y lo cumple. Retirado, Mazzantini desarrolló una brillante carrera política. Fue concejal en el Ayuntamiento de Madrid, teniente de alcalde, miembro de la Diputación Provincial y gobernador civil de Guadalajara y Ávila.

Evidentemente, la palabra “imposible” no estaba en su vocabulario. Fue un hombre que alcanzó todo lo que se propuso, tanto en lo personal como en lo profesional, en cualquiera de sus facetas.

El refrán utilizado en Cuba, tiene su origen tanto en el valor y la destreza de este torero como por sus cualidades de galán y afortunado. Se dice cuando algo es realmente imposible… cuando no lo puede lograr ...ni Mazantín el torero”…

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