UNA ESCENA de la película alemana La ola, del director Dennis Gansel, que relata la creación de un régimen dictatorial en un aula. La crítica cubana situó al filme entre los mejores que se estrenaron el año pasado en la isla. Cortesia de IFC Films
Foto By ALEJANDRO RIOS
En el documental ``Cuba la bella'', de Ricardo Vega hay una secuencia donde el por entonces prospecto de dictador Fidel Castro, recién arribado al poder, arenga a las masas para crear los Comités de Defensa de la Revolución, encargados de iniciar la vigilancia y la represión a nivel de cuadra en cada barrio. El pueblo reunido frente al Palacio Presidencial responde con enardecida aprobación. Poco antes había convencido a la misma masa, ensimismada, que el paredón de fusilamiento era necesario y legítimo.
El año pasado, representantes de la crítica cinematográfica cubana eligieron entre las mejores películas estrenadas en el país la alemana La ola, del director Dennis Gansel, lo cual no tendría mayor significación si no fuera porque se trata de una historia donde un profesor de bachillerato, impelido a dar un curso sobre autocracia, termina por crear un régimen dictatorial artificial en los predios de su clase que luego tendrá consecuencias funestas para el resto de la comunidad donde funciona la escuela.
Los tiempos en que los críticos cinematográficos temían votar por filmes que disgustaran a la nomenclatura gubernamental parecen estar quedando atrás. El año pasado también prefirieron distinguir El premio flaco, de Juan Carlos Cremata, antes que otros filmes más complacientes alentados por el Instituto de Arte e Industrias Cinematográficas (ICAIC).
Con el esperado estreno de La ola en el sur de la Florida en el Teatro Tower del Miami Dade College, tendremos la oportunidad de compartir con nuestros compatriotas, en la distancia, una lección preclara de los errores que no debemos volver a cometer los cubanos para exorcizar por siempre la maldición de las dictaduras en la mayor de las Antillas.
Resulta inquietante cómo el profesor de La ola va condicionando el pensamiento de sus alumnos, ciudadanos de una democracia desarrollada que les aburre el oprobioso pasado nazi de su historia, a la idea de volver a tener un líder carismático, uniformes, saludo militar y el sentido de atrincheramiento que conllevan las sociedades totalitarias.
Los estudiantes asumen el experimento como un juego pedagógico porque están seguros de que una dictadura ya no podría ocurrir en Alemania; sin embargo, van sucediendo hechos que les anulan sus convicciones y muchas de sus propias necesidades sociales y personales no satisfechas pareciera que pueden solucionarse mediante comportamientos populistas y paternalistas invocados por el profesor tiránico.
Del mismo modo que pocos imaginaron el derrumbe del sistema comunista como un castillo de naipes en Europa, el avance del llamado socialismo del siglo XXI en países claves de América Latina es otra de las sorpresas que ha deparado la historia contemporánea y pudiera arrojar fatales consecuencias para la estabilidad futura del hemisferio.
Ver en Miami La ola como un ejercicio conceptual y estético sobre las probabilidades del regreso de un gobierno totalitario a una democracia sólidamente establecida (de hecho el filme se basa en un incidente real ocurrido nada más y nada menos que en una escuela de Palo Alto, California, en 1981), no es lo mismo que disfrutarla en Cuba, donde un régimen similar sobrevive su primer medio siglo y amenaza con no cejar en su enfermiza continuidad.
En un país libre, la lección del filme deviene sana advertencia de cuánto se deben defender las conquistas sociales y políticas del contagio de una imposición contra natura, mientras que en Cuba se asiste al desmontaje de los componentes del totalitarismo, explicado de modo atractivo y entretenido con buenos actores, mientras se especula un margen reflexivo para liquidarlo por siempre.
ue los críticos cubanos hayan subrayado la importancia de La ola es un pequeño pero nada despreciable gesto de reproche e independencia en un grupo social distante de las tribulaciones populares.
La ola se exhibe en el Teatro Tower del MDC desde el viernes 23 de febrero al 4 de marzo.
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