Por Carlos Ríos Otero
Santos Suárez, La Habana,(PD)
Entre diciembre de 2009 y enero de 2010, en la capital cubana sucedieron hechos de sangre que la prensa oficial no informó porque es política del Gobierno censurar estos sucesos.
En El Canal, El Cerro, dos jóvenes se liaron a tiros por pleitos en juegos de interés. Ambos resultaron heridos. Posteriormente uno murió en el hospital Salvador Allende (la antigua clínica Covadonga).
En la barriada de Lawton, en el municipio 10 de Octubre, dos desconocidos asaltaron con armas de fuego un “Di tú” (kiosco de ventas en divisa de refrescos, confitura y comida ligera). Uno de los dependientes resultó herido.
A una maestra de una escuela primaria del reparto Santa Amalia, Arroyo Naranjo, en el propio centro, su marido celoso la ultimó a puñaladas.
En el mismo reparto Santa Amalia, un hijo descuartizó a su madre y la enterró en la propia casa. Una semana después la policía descubrió el asesinato.
Una joven de unos 20 años apareció asesinada por arma blanca en los predios del Acuario Nacional, en Miramar, una zona donde abundan los hoteles, las embajadas y las residencias de diplomáticos. La muchacha presentaba síntomas visibles de haber sido violada.
Los cadáveres de dos hombres de la raza blanca, ambos de unos 40 años de edad, aparecieron descuartizados dentro de un tanque de 55 galones en el malecón, a la altura de la calle Galiano, frente al hotel Deauville, en Centro Habana.
En el número 359 de la calle Enamorados, en la barriada de Santos Suárez, municipio 10 de Octubre, Los niños Roberto Julio de 9 años y Melisa, de 8, murieron aplastados cuando durante una fiesta de cumpleaños, el techo de la sala se vino abajo. En la fiesta participaban más de 20 amiguitos. Varios resultaron heridos, de ellos algunos graves.
El hecho más sonado y tétrico sucedió en el reparto de Alta Habana, municipio Boyeros. Amelia, una señora de Miami, viajó a Cuba para pasar con sus hijos las navidades. Éstos fueron de compra a las tiendas para la cena de Noche Buena y dejaron sola a la anciana de 76 años. Cuando salió al jardín, dos perros de la raza Rottweiler la destrozaron a dentelladas por no conocer a la nueva inquilina. Un policía que rondaba por el barrio ultimó a los canes. La foto es macabra.
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