domingo, 8 de agosto de 2010

HOY EN EL CALENDARIO CUBANO, 9 DE AGOSTO


Ciclistas en Cosas de mi tierra


• Santos católicos que celebran su día el 9 de agosto:

- En el Almanaque Cubano de 1921:

Santos Domiciano y Maurilio, confesores y Marcelino, mártir

- En el Almanaque Campesino de 1946:

Santos Juan María Vianney, Román, Domiciano y Maurilio, confesor y Marcelino, mártir



• Natalicios cubanos:

Valiente Cuevas, Porfirio: -Nació en Santiago de Cuba el 9 de agosto de 1807 y falleció en Kingston, (Jamaica), el 12 de noviembre de 1870. Abogado, discípulo de Félix Varela y de la Luz y Caballero. En su ciudad natal fue consejero del gobernador general Lorenzo, quien implantó, por su consejo, la Constitución de 1812 en la zona de su mando y que al sobrevenir la pugna entre ese gobernador y el capitán general (el déspota Tacón) fue a Madrid a exponer la verdad de la situación en Cuba, mereciendo por ello ser extrañado de los dominios españoles. Anduvo viajando por Europa y América, estudiando sus instituciones políticas y sociales, hasta 1840 en que pudo regresar a Cuba. Ardiente revolucionario que consagró su vida a la independencia de su patria con “El Lugareño”, Anacleto Bermúdez y Pintó y en la Junta Cubana de Nueva York. En 1868 editó y repartió gratuitamente su obra en francés “Reformas en los islas de Cuba y Puerto Rico”, con un prólogo de Laboulaye, y fue Ministro Plenipotenciario de Cuba (República en Armas) en Francia e Inglaterra durante la revolución de Yara. Achacoso y enfermo, tuvo que retirarse a Kingston, en donde le sorprendió la muerte.



El 9 de agosto en la Historia de Cuba

• 1633 -

- Muerte del Almirante Miguel Redin.

Emeterio S. Santovenia en “Un Día Como Hoy” de la Editorial Trópico, 1946, páginas 449-450 nos describe los acontecimientos del 9 de Agosto de 1633 en la Historia de Cuba:

“Durante el mando de la isla de Cuba por Juan Bitrián de Viamonte y Navarra, almirante de galeones y caballero de Calatrava, mando iniciado el 7 de octubre de 1630, las aguas antillanas fueron teatro de frecuentes contiendas. En los primeros meses del gobierno de Bitrián, y aun antes de llegar él a la Colonia, se desarrollaron repetidos sucesos de aquella índole. Los holandeses jugaron entonces papel importante. Ya en actitud defensiva, ya en actitud amenazadora, rondaron por las inmediaciones de Cuba a fines de 1630 y comienzos de 1631. Ocho urcas de bandera holandesa, dos de más de quinientas toneladas, todas de treinta a cuarenta piezas y con ochocientos combatientes, se presentaron a la vista de La Habana a mediados de abril de 1631.

“El vecindario de La Habana tuvo al alcance de sus ojos a las naves holandesas por espacio de un mes. El enemigo situado en el Golfo no se opuso a que sucesivamente entrasen en la bahía las flotas de Veracruz, Honduras y Campeche que había estado aguardando. Estas flotas venían tan bien preparadas para combatir que la adversaria prefirió no mostrarse agresiva. Los barcos holandeses se retiraron de las inmediaciones de La Habana con rumbo a Matanzas. Y en Matanzas, viéndose amenazados por gente que había despachado Bitrián, soltaron unos cuarenta prisioneros españoles procedentes de un buque de Puerto Rico.

“Sin embargo, el holandés enemigo no se alejó apresuradamente. Permaneció unos trece días contemplando a distancia La Habana, aunque sin amagos de acometividad. Para la gente de la plaza era imposible, en situación tan especial, conocer los designios de la armada extraña. Pero la inquietud que producía su presencia a la vista de la capital de la Isla al fin desapareció cuando, el 4 de junio de 1631, se alejó de las costas de Cuba.

“Las amenazas de los holandeses sobre Cuba no terminaron entonces. Aunque Bitrián logró poner las cosas de manera que no tenían en la Isla fácil presa aquellos perturbadores de la normalidad colonial, sus ataques no se echaron de menos. El 9 de agosto de 1633 la almiranta de galeones de Cartagena peleó con una urca holandesa de mayor porte. La lucha, atroz y sangrienta, dejó en pésimo estado ambas naves. Pero la adversidad se mostró más dura para con los españoles, que sufrieron la pérdida del almirante Miguel Redin, destrozado por un cañonazo.”






Rita Suárez de Villar
En Patriotas Cubanas
Por la Dra. Vicentina Elsa Rodríguez de Cuesta

Nació Rita Suárez del Villar en Cienfuegos, provincia de Santa Clara.

De noble familia, sintió desde su niñez más tierna, el deseo vehemente de la emancipación de la tierra adorada que la viera nacer.

Siendo muy joven todavía, fundó en Cienfuegos el primer Club Revolucionario, integrado por las señoritas más distinguidas del lugar.

Fueron tan revelantes los méritos prestados por Rita desde su Institución a la Causa de la Libertad, que el Generalísimo Máximo Gómez se expresó, en una ocasión sobre el asunto en los siguientes términos:

“Que había prestado muchos y muy valiosos servicios a la causa de' Cuba durante la última guerra de independencia y que por medio del mismo se trasmitía con frecuencia la correspondencia oficial y particular al campo de la contienda y viceversa”.

Rita Suárez del Villar, patriota infatigable, con la cooperación de sus valientes compañeras, enviaba a diario a los insurrectos medicinas, cigarros, provisiones de boca, ropas, pertrechos de guerra, etc., etc.

Terminada la contienda, restablecida la paz y conseguida la independencia absoluta de Cuba, Rita siguió viviendo en su Cienfuegos natal, con la consideración y el aprecio de todos sus conciudadanos.

El 10 de Octubre de 1943 recibió la orden de mérito de Carlos Manuel de Céspedes, altamente merecida por ella. Con anterioridad le habían sido conferidas otras condecoraciones y diplomas, expresando todos ellos el agradecimiento que la Patria sentía por sus señalados Servicios y dedicación en los días difíciles de la guerra.




Jesús Rabí
En Próceres
Por Néstor Carbonel

“Nació el 24 de junio de 1845.”
“Murió el 6 de diciembre de 1915.”


“Parecía un indio: los ojos vivaces, el cabello rebelde, la piel tersa, el corazón, ora con serenidades de montaña, ora con sacudimientos de torrente. En la pelea era un león por el empuje, y también por la nobleza. Nadie lo recuerda, ni en la guerra ni en la paz, buscando asiento mejor a su persona, ambicionando esta o aquella anchura o prominencia. El no supo de intrigas ni de empellones por el plato (le la fama ni por interés mezquino. Sencillo y bueno, veía la misma gloria como fruto natural, que se da al que la cuida y no al que quiere venir con ella desde las raíces. Su vida, como la de Maceo, es un hermoso ejemplo de lo que pueden el valor y la inteligencia, aunque no se ha­yan nutrido con los poemas épicos en que los héroes parecen dioses. Cuba puede sentirse orgullosa de haber dado hijos como Rabí, todo amor y patriotismo y también hijos malvados, hombres que son todo una moneda falsa, o una llaga, porque estos hacen resaltar más el mérito y las virtudes de los buenos...

“Jesús Sabon se llamaba su padre, dominicano que cuando Santo Domingo dejo de pertenecer a España, vino a Cuba. Establecido en Jiguaní, floreciente pueblo oriental, cuentan que -sin que sepamos la causa-comenzaron a llamarlo Rabí, y por Rabí lo conocía todo el mundo, y hasta el mismo se dio en firmar en vez de Jesús Sabon Jesús Rabí. Con este nombre contrajo matrimonio con una joven bayamesa. De ese matrimonio nació en Jiguaní el que había de ser luego una de las más gloriosas figuras representativas de la patria cubana. De niño no supo de letras. De joven supo dé pocas: su escuela era el trabajo; sus libros, el arado y el machete; sus condiscípulos, las bestias: el toro y el caballo. Pero la falta de cultura no le ahogo en el corazón el amor santo a la libertad. De ahí que, cuando el 20 de octubre de 1868, diez días después del grito de Céspedes en Yara, paso por su casa llamando al honor Calixto García, al frente de un grupo de bravos, Rabí se le incorporo, radiante de júbilo, resuelto y sencillo. Sargento lo hizo Calixto García a los pocos días. Y cuando termino aquella década sangrienta y gloriosa, al rendir, al cabo de diez larguísimos años, las armas, lucía, junto con dos cicatrices, las estrellas de teniente coronel del Ejército Libertador.

“Muchas fueron sus proezas en la guerra grande: peleo a las órdenes de Luis Figueredo, Donato Mármol, Calixto García, Antonio Maceo y Vicente García. Al lado de éste último combatió en el asalto a las Tunas. Fue esa una de las más importantes jornadas de la revolución iniciada en Yara. Y en ella Rabí fue uno de los que más combatieron y que mejores servicios prestaron. Luego, cuando la guerra chiquita, se alzó de nuevo empuñando las armas contra el Gobierno español, hasta que, solas y sin armas, capitularon las pocas fuerzas de Oriente. Triste, volvió a Baire, donde dedicóse a labrar el campo, a roturar la tierra y a echar en ella las simientes generosas. Trabajando sin descanso, pero con la tranquilidad del hombre honrado, se mantuvo, esperando la hora de renovar el juramento de ser libre, de firmar con sangre la necesidad de no continuar siendo esclavo.

“En compañía de un hermano y de varios camaradas, se subleva el 25 de febrero de 1895, en Las Yeguas, entrada de Los Negros, luego finca Los Laureles, de su propiedad. Su primera operación de guerra fue atacar a Jiguaní, su pueblo. Entabla combate en La Gloria, Chapala, Cruz Alta, Calabazar y Cacao, combates que culminaron en victorias para él y los suyos. Más tarde se reúne con Martí y Gómez y Maceo en Majaguabo, término municipal de San Luis. Atendiendo a su valor y pericia se le confiere el grado de brigadier. Toma, con sus fuerzas, parte activísima en las brillantes acciones del Jobito, Guantánamo, Cotorrico y Barriadera. Se bate con fiereza en Peralejo, gloriosa batalla en la que el gran Capitán mambí, en contra del general en Jefe español, Martínez de Campos, se ciñó los laureles de colosal victoria.

“Se separa de Maceo para poner sitio y tomar a Baire. Por este tiempo es ascendido a general de división. Vuelve a reunirse con Maceo y lo ayuda a formar el ejército invasor. Cuatrocientos hombres, armados todos de Rémington -armamentos quitados al enemigo-, le entrega en el campamento de Corral Nuevo. De ahí vuelve a la jurisdicción de Bayamo y Manzanillo, donde, en compañía de Masó, organiza numeroso contingente, que pone también a las órdenes de Maceo en el Lavado, campamento donde se abrazan por última vez el caudillo sin par derribado en Punta Brava y el noble y bravo soldado, caído en plena paz, acariciado por las auras de la popularidad y del amor. Fueron en vano sus deseos, sus ansias por formar parte de la columna invasora. Pero a sus súplicas contestaba Maceo: -General Rabí, el nombre de usted hace falta en Oriente.

“Con el calor del abrazo último del Jefe invasor, regresa a Jiguaní al frente de una reducida fuerza, un centenar apenas de hombres mal armados. Pero su presencia en esa zona se hizo al momento sentir, logrando el copo total de la guerrilla de San Luis, en Palo Picado. Con esta victoria ruidosa se hizo de armas y municiones, con las que imprimió a las operaciones gran actividad en los términos de Jiguaní, Bayamo y Manzanillo. En abril de 1896, y en la acción librada, por segunda vez, en el Cacao, es herido de bala sobre el omóplato izquierdo. Por esta acción fue ascendido a mayor general y designado para el mando del Segundo Cuerpo de Ejército. En el desempeño de este alto cargo se mantuvo hasta la terminación de la guerra; hasta que en las lomas de San Juan se dispararon los cañonazos que pregonaban la terminación de la soberanía de España en América.

“Firmada la paz, aunque acaso no como el la había soñado, fijó su hogar en Baire donde, al amparo de sus hijos, vivió tranquilo. Un año después de terminada la lucha, el general Leonardo Woord, Gobernador militar de Cuba durante la primera intervención, lo llama a la Habana y le ofrece algo que hubiera dado fin a su penuria. Pero Rabí rechaza la oferta. ¿No había el expuesto su vida una y mil veces por la libertad de Cuba frente a las balas y había salido vivo? Pues la miseria no mata -dijo- y se quedó con los suyos en pobreza constante.

“Constituida la República, fue partidario de Tomás Estrada Palma, y meses después de haber tomado éste posesión de la primera magistratura del país, vino a verlo. El pueblo de la Habana lo recibió cariñosamente. Después, cuando la revolución de agosto, salió a combatir en defensa del Gobierno de Don Tomás. ¡El corazón lo arrastraba! También lo arrastró más tarde a defender al Gobierno del general José Miguel Gómez contra los insensatos que levantaron en Oriente la bandera racista. Rabí perteneció al Partido Conservador y fue decidido partidario de la candidatura del general Menocal para la Presidencia de la República.”

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