La Habana clama por el “Plan Tareco”
Meca inalcanzable para inmigrantes de otras provincias que pretenden instalarse “por la libre”. Son “Ilegales” cubanos sin residencia fija en la capital -que no es para ellos- siempre multados y repatriados a sus pueblos.
Voluntad que como apabullante incongruencia no faltó frente al mismo problema de insalubridad cuando se celebró la XIV Cumbre del Movimiento de Países No Alineados en La Habana en septiembre de 2006.
Entonces –como ahora- un enjambre de peligrosos mosquitos Aedes aegypti, vector del dengue, con sus fastidiosos zumbidos y peligrosas picadas había aterrizado en La Habana. Hubo saneamiento general de la ciudad. Paradójicamente, pudieron más los mosquitos que decenas de miles de voces por periódicos, radio, televisión y en asambleas de vecinos, reclamando limpieza de calles, de solares yermos, recogida de basura y eliminación de aguas albañales que corren por las calles. No faltaron entonces cuantiosos recursos para la batida higiénica empleándose buldóceres y camiones de ministerios, incluido vehículos militares y soldados aplicados en la limpieza a fondo de la capital.
La diferencia de entonces, contrastante con la realidad actual ,es que no hay abocada celebración alguna de evento político.
El Plan Tareco consiste en el permiso otorgado a la ciudadanía por una semana, aproximadamente cada diez años, para lanzar indiscriminadamente a la calle cuantos tarecos, objetos inservibles e inmundicias se han acumulado en los hogares. Montañas de basura, toneladas trasladadas a los vertederos en camiones repletos, generadas y acumuladas por una mega ciudad de alrededor de tres millones de almas con pálido manejo medioambiental y de reciclaje.
¿Qué traba la solución del preocupante problema, bochorno de la cuatricentenaria ciudad, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco? Al parecer ni el gobierno tiene la respuesta.
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