Por Gladys Linares
Lawton, La Habana,(PD)
El agua corre en nuestro país, y no es precisamente la que cae del cielo, sino la de los numerosos salideros que hay en nuestras ciudades.
Pero no sólo corre por las calles el agua potable, también son abundantes los salideros de aguas albañales, con sus consabidos acompañantes, que obligan a las personas a respirar el aire contaminado por la fetidez. Son tan frecuentes en estos días que ponen en peligro la salud de la población. Y me pregunto, ¿dónde ha quedado la exigencia de las autoridades sanitarias ante esta grave situación? ¿Será necesario que surja una epidemia de dimensiones medievales para solucionar esta tragedia?
Para nadie es un secreto que las redes de distribución son muy viejas y desde hace casi cincuenta años no se asume su reparación y mantenimiento con la responsabilidad que este asunto requiere. Las instalaciones albañales están en gran medida destruidas o tupidas, y los carritos que las limpiaban y sacaban las inmundicias, desaparecieron.
Es frecuente ver en estos tiempos aguas estancadas en las alcantarillas, y, cuando llueve, calles inundadas en lugares en que nunca se presentaba esta situación. Y es difícil encontrar aquellos trabajadores que, con una pala de cabo muy largo, sacaban la basura de la alcantarilla.
Cuando leí en la prensa la denuncia sobre la situación que confronta el asilo de ancianos 27 de Noviembre, de Lawton, donde las aguas albañales afectan no sólo a los ancianos, sino también a los vecinos de los alrededores, pues cuando llueve corren por las calles aledañas, pensé que pronto llegaría la solución, pero las autoridades han hecho caso omiso y no se sanea el lugar.
Un vecino de la céntrica calzada de Dolores y calle 13, en Lawton, me dijo: “Hace días vino una brigada, rompieron todo el pasillo para arreglar una tupición. Ahora el salidero es de agua potable, y no han venido más, lo dejaron sin terminar. Para los residentes de más edad es casi imposible entrar y salir de su casa sin ayuda.”
La situación es tan grave que hasta las playas de Guanabo se ven afectadas por el vertimiento de aguas negras procedentes del río del mismo nombre. Porque, créalo el lector o no, a estas alturas la localidad de Guanabo carece de un sistema de alcantarillado. Las obras iniciales para resolver este problema quedaron paralizadas por falta de financiamiento.
Cuando en los primeros años de la década del 80, con mucho bombo y platillo el gobierno comenzó a colocar metros contadores para el agua en las casas y edificios, pensamos que al fin se iba a regularizar el servicio. Sin embargo, muchos escépticos no tenían fe en que aquellos relojes resolvieran el problema. El tiempo les dio la razón. Por otra parte, mientras en la capital los salideros de agua son innumerables, en muchas zonas del país es desesperante la escasez de agua.
En estas localidades, las autoridades han tenido que reconocer públicamente la gran cantidad de agua que se pierde en las redes de distribución y en las viviendas, así como el peligro de que las cuencas subterráneas se salinicen por penetración del mar.
Una señora me comentó: “Nos culpan del despilfarro de agua, pero no hay zapatillas y las piezas necesarias son caras y en cuc, ¿cómo vamos a acabar con los salideros?”
Ante la escasez de agua en el país, muchos vecinos se han reunido para hacer pozos artesianos en algún patio o terreno, y así remediar la necesidad de este preciado líquido.
Los conocidos molinos de viento, así como los pozos utilizados muchos años atrás y que habían sido olvidados, hoy se incrementan como una segura solución para aprovechar las aguas subterráneas. Las famosas presas se agotan y la política hidrológica trazada demuestra ser un fracaso.
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