Por Tania Díaz Castro
Santa Fe, La Habana,(PD)
Aunque la tiranía castrista continúe aún con vida, apuntalada a sangre y fuego, invicta, inamovible y ya con muy poco que ofrecer a la población, en el seno de la sociedad cubana ocurren ciertas transformaciones que pueden llamar la atención a los turistas extranjeros que nos visitan.
Con vistas a evadir cualquiera de los tantos virus que infectan lo mismo a un general de estrellitas relampagueantes que a un mendigo del Parque Central de La Habana que exhibe sus carnes más íntimas a través de sus pantalones rotos, los cubanos están empeñados en controlar la vieja costumbre de besarse en la mejilla cuando se saludan, algo que era tan tradicional como el arroz con frijoles, la yuca con mojo y la masitas de carne de puerco frita.
En la televisión, se hace hincapié en que los niños se olviden de los besos en la escuela. Los profesores les explican que los besitos dejan una salivita que puede ser peligrosa y que hace proliferar enfermedades infecciosas, producto del hacinamiento, la falta de higiene y la mala alimentación. También la UJC, organización que agrupa a los jóvenes que se sienten comunistas después de 50 años de fracasos económicos, realiza una campaña en todo el país para que los besos se limiten a las relaciones amorosas de alcoba y no de simple amistad.
Esto quiere decir que el nuevo saludo de los cubanos será sólo con el corazón y la sinceridad puesta en la mirada, algo que nos eleva en categoría como seres humanos.
Pero aún así, pienso que la pérdida de valores en nuestra sociedad no tiene parangón en la historia. Al menos, eso afirmó el célebre poeta cubano Roberto Fernández Retamar el 13 de agosto pasado, según un documento firmado por él y encontrado en las páginas de Internet.
Otra de las novedades que ya dejó de intrigarnos es la ausencia de la palabra compañero y sobre todo, camarada. Apenas se escuchan desde hace algunos años. El camarada se fue a bolina cuando se retiraron los rusos por el foro derecho del desplomado campo socialista y compañero se ha ido diluyendo con el tiempo, incluso, sin darnos cuenta. Ahora cualquiera es abuelo, tía, socia, consorte, asere o lo más sorprendente: señor o señora, palabras que se olvidaron cuando la clase media cubana fue desaparecida por el castrismo de un plumazo y a continuación, Cuba se fue desmayando lentamente.
Pero de todo lo referente a los cambios ocurridos en la nación de los Castro, hay algo que casi todos perciben: el nuevo saludo cubano.
En vez de hola, qué hay, y otras muchas formas convencionales que se usan cuando dos personas se encuentran, ahora, cuando se le pregunta a cualquiera cómo anda, responde:
-Aquí, haciendo dieta.
Esto me ha ocurrido por estos días en más de dos ocasiones. Ayer, cuando saludé a un vecino más flaco que un güin, me respondió de esa forma. Lo miré sutilmente de arriba abajo y no me pareció que debía bajar de peso. Cuando se lo dije, me contestó: -Es el hambre, vecina. Con Raúl, no hay nada de comer, por eso estoy haciendo dieta.
vlamagre@yahoo.com
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