Martes, 04 de Diciembre de 2012 04:38
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Salvo dignas excepciones, los demócratas cubanos cuentan con muy poca colaboración del exterior. Lo que para otras dictaduras fue un duro frente de batalla, para la cubana es un paseo por el jardín.
La voluntad de construir un medio de comunicación independiente por un grupo de profesionales dentro del país, en medio de la penumbra dictatorial, tuvo su consagración cuando la democracia cristiana sueca decidió apoyarlos y acompañar el esfuerzo de los demócratas cubanos.
Pero este caso de internacionalismo democrático es excepcional. La posibilidad de que partidos y fuerzas políticas prodemocráticas brinden su apoyo a sus iguales en la isla es rara avis. Siempre recuerdo al representante permanente de la Internacional Socialista en Cuba y República Dominicana, huyendo por los pasillos del Hotel Habana Libre para no toparse con un miembro de la Corriente Socialista Democrática.
Cuba y Corea de Norte gozan del privilegio de que la comunidad internacional esté de acuerdo en que mantener el status quo es más tolerable que la construcción democrática y el respeto de los derechos humanos.
En el año 1975, todas las fuerzas estaban proyectadas hacia la democratización de España. Los partidos comunistas europeos (con el eurocomunismo), socialistas, democratacristianos y hasta la dictadura soviética con su bloque euroriental estaban a favor de la democracia a la muerte de Francisco Franco. Una rara fórmula donde los principales bloques enfrentados en la Guerra Fría, la Organización del Tratado del Atlántico Norte y el Pacto de Varsovia, estaban de acuerdo.
Otro tanto pasó en las transacciones prodemocráticas en América Latina. Las dictaduras en Argentina y Panamá cayeron bajo el influjo de las derrotas militares sufridas frente a los ingleses y los norteamericanos, respectivamente. En Chile, las armas y el dinero que Fidel Castro dio al Frente Patriótico "Manuel Rodríguez" para matar a Augusto Pinochet y preparar la insurrección, hizo muy poco en comparación con el consenso de las internacionales ideológicas por promover los cambios democráticos reflejados en el plebiscito de 1988.
En Sudáfrica, Nelson Mandela nunca hubiera salido de la isla prisión sin el apoyo internacional y el internacionalismo democrático, que le fue de frente al apartheid, no con armas, como el Congreso Nacional Africano, sino con presiones económicas y políticas que llevaron a una nueva visión de la política por las elites sudafricanas.
Ninguno de los casos anteriores se parece al de Cuba de ninguna manera. He ahí el mérito fundamental de los apoyos que tiene Primavera en el exterior, ahora que cumple cinco de años de trabajo mancomunado y con la mirada puesta en el porvenir.
Para Cuba actualidad: aleagapesant@yahoo.es