domingo, 1 de febrero de 2026

Jose Marti y la resiembra de la esperanza

Jose Marti y la resiembra de la esperanza
En este 173 aniversario del natalicio de Jose Marti se aprecia entre los cubanos una mayor confianza en el futuro, concurrente, con la profunda y vasta crisis que enfrenta el sistema totalitario castrista, tan grave, en la opinión de muchos, que no descartan el fin de esa tiranía, aunque el totalitarismo se haya fundado sobre la desesperanza y la permanencia del sistema.
Es apropiado reconocer que la represión bajo el totalitarismo tiene un formato integral y diversificado que ha intoxicado con el terror a la mayoría de la población. Las regulaciones restrictivas de un sistema absoluto trascienden lo policial ya que hacen acto de presencia en el mundo laboral, educativo y social, incluyendo la familia. No hay actividad ajena al control del estado despues que se implanta un sistema totalitario.
Esta gestión tan abarcadora limita en gran medida la formación de una oposición articulada nacionalmente con propuestas de carácter social y reivindicativas que promuevan proyectos políticos y sociales, factor que impide a los opositores promover protestas y reclamos que le conviertan en opción de cambio.
El control es tan dominante que la inmensa mayoría de la población se siente desamparada ante las autoridades del estado. La indefensión y la desesperanza es un sentir extendido en toda la sociedad, producido, por la supremacía del estado, gobierno y partido, en los más ínfimos detalles del quehacer diario.
 
Por suerte, para los cubanos, nuestra historia cuenta con las doctrinas y ejemplos que nos dejó Jose Marti, parte fundamental de nuestro pensamiento nacional. La vocación patriótica del “Maestro”, su confianza en el futuro y su hacer constante a favor de su utopía, una república “con todos y para el bien de todos” son referentes para cualquier ciudadano con conciencia cívica, como lo fueron sus convicciones sobre la libertad individual y la soberanía popular.
Marti, siempre se manifestó con mucha claridad sobre los derechos inalienables del hombre al subrayar que la "Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía", mientras, el castrismo se ha sostenido perpetuamente en el oportunismo, la mentira y el engaño. El sistema totalitario este afincado en una doble moral, en la que el vasallo oculta sus opiniones y actúa en base a lo que le conviene a su sobrevivencia, una hipocresía integral que se ha convertido en el agente más corrosivo que enfrenta el despotismo.
Las diferencias entre las propuestas políticas de Marti con las del tirano Fidel Castro, son abismales. El Maestro siempre difundió la esperanza y fue muy explícito cuando escribió “Patria es humanidad, es aquella porción de la humanidad que vemos más de cerca y en que nos tocó nacer; y ni se ha de permitir que con el engaño del santo nombre se defienda a monarquías inútiles, religiones ventrudas o políticas descaradas y hambronas”, una descripción del castrismo muy difícil de igualar.
En cambio, los hermanos Castro persistentemente identificaron la Patria con la Muerte, como si fuera parte de su patrimonio, una heredad en la que no hacen diferencias entre rebaños y personas, eliminando así toda esperanza de los ciudadanos que, transformados en siervos, esperan una vida mejor.
El apóstol cubano con una indudable visión de futuro advirtió en la “Futura Esclavitud”,1884, sobre el peligro de concentrar el poder en el estado, señalando que "De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado", destacando a su vez el surgimiento de una nueva clase que llama “funcionarios”, burócratas, una angustiante realidad que sufren los cubanos desde hace más de seis décadas.
Las esperanzas han crecido y fortalecido por factores propios de los pueblos y gracias a la decisión del presidente Donald Trump de encarcelar a Nicolas Maduro, más sus advertencias a los dictadores de Cuba y Nicaragua de que sus   depredaciones han llegado a su final, lo que sumado al agotamiento del despotismo en ambos países ha motivado el renacer de la esperanza de cambios que conduzcan a la democracia o al menos, al derrocamiento de los opresores.
Es fácil apreciar que Miguel Diaz Canel y sus sicarios, al igual que la dupla Ortega-Murillo y las huestes de facinerosos que le acompañan, se sienten inseguros, temen por su futuro porque la impunidad que han disfrutado por años se les está terminando.
 
 
 
 
 


Pedro Corzo
Periodista
(305) 498-1714
TWITTER: @PedroCorzo43

Un día como hoy, Enero 31, en nuestra lucha contra el castrismo.

Un día como hoy, Enero 31, en nuestra lucha contra el castrismo.

Dedicado a aquellos que dicen que en Cuba no se combatió el comunismo.

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PROHIBIDO OLVIDAR.

1959

Al embarcar para asistir a un Congreso Anticomunista en la hermana República de Costa Rica, el periodista Salvador Díaz Versón, declaró a la prensa: "Salgo de Cuba, hondamente preocupado por la actuación disolvente que está desenvolviendo el comunismo en nuestra patria. Basta haber leído las palabras de BIas Roca, planteando la crisis del Gabinete y solicitando posiciones, para calcular la osadía de los agentes de Moscú".

1962

Cuba es expulsada de la OEA en la reunión de Punta del Este, Uruguay.

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 El régimen criminal castrista comienza a colocar dinamita en los edificios del Presidio de Isla de Pinos que albergaba más de seis mil presos políticos cubanos con el fin de explotarlos en caso de una supuesta invasión a Cuba ó para que los presos sirvieran de rehenes o chantaje político.

                                                                                                                                                                                                                      

1965

El opositor Guillermo Praderes muere en el Estrecho de la Florida tratando de huir de Cuba

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LEAN EN TRINCHERA

TITULARES
* El Grito del Pueblo cubano es PATRIA Y VIDA

OPINIONES
* Sin Maduro la dictadura cubana naufraga. (Entrevista a Alberto Müller por Multicanal Radio de España).

Trinchera.info

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Nora Gamez Torres: Presidio político de Isla de Pinos en Cuba: dinamita bajo los pies. Antonio Tony de la Cova narra la verdad sobre la excarcelación de miles de presos políticos cubanos en 1979

El preso político pinareño Hermín Soler, uno de los primeros presos políticos por luchar en contra el Castrismo, fue uno de los presos que desactivaron las cargas explosivas sin que los carceleros lo supieran. En un número de la revista Encuentro de la Cultura Cubana dedicada al Presidio Político aparece el relato testimonial; también su testimonio se encuentra grabado en video y colgado en Internet. como parte de un documental más abarcador.

Una persona que fue de la jefatura de orden interior del antiguo Presidio Modelo de Isla de Pinos me comentó que un preso común llamado ¨Segueta¨ era el encargado de detonar las cargas desde una caseta alejada de las llamadas circulares.

Un hombre en una celda de una prisión circular no sabe si un guardia armado lo está observando, desde su puesto en una torre situada en el centro del edificio. Este es el panóptico, una construcción ideada por el inglés Jeremy Bentham en el siglo XVIII y copiada por el dictador cubano Gerardo Machado para construir un “Presidio Modelo” en Isla de Pinos, en las primeras décadas del siglo pasado. Un modelo perfecto de poder disciplinario, en palabras del filósofo Michel Foucault.

En 1962, Ricardo Vázquez, un joven estudiante encarcelado por conspirar contra el gobierno instaurado en Cuba en 1959, desafía esa sensación de perpetua vigilancia para llevar a cabo una riesgosa misión en la cárcel-panóptico de Isla de Pinos: tomar las fotos de las cargas de dinamita que habían sido colocadas en la planta baja de cada uno de los cuatro edificios circulares que albergaban prisioneros políticos como él.

Eran los días cercanos a la Crisis de los Misiles, en octubre de 1962, y los presos habían constatado con horror que los hombres trabajando con martillos neumáticos estaban horadando las paredes y colocando cargas de dinamita, un colchón de explosivos para evitar que los “contrarrevolucionarios” tomaran la cárcel, en caso de una nueva agresión “imperialista”—trabajo inútil si estallaba una guerra nuclear primero.

Ricardo era dirigente nacional del Movimiento Revolucionario 30 de Noviembre cuyo objetivo era “derrocar el sistema de Fidel, porque nos sentíamos traicionados. Yo luché también contra Batista y Fidel se desvió totalmente de los planes iniciales de la revolución. Tratamos por todos nuestros medios de derrocarlo”, explica.

Interrogado sobre “los planes iniciales de la revolución”, responde: “que estuviera basada en la constitución de 1940, que existiera libertad, que se acabara la opresión y todo eso resultó una farsa de Fidel. Engañó al pueblo. Fue un engaño terrible”.

En febrero de 1961, apenas un año después del “triunfo de la revolución” es arrestado con “material sensible”, un eufemismo que podía referirse a armas, explosivos, equipos de radio o cualquier otro suministro que pudiera apoyar a quienes se enfrentaban el nuevo régimen. Anastasio Rojas, el chofer que lo transportaba a él y al “material” fue fusilado. El, con 17 años, fue enviado al Presidio Modelo de Isla de Pinos.

Hoy, Ricardo es un señor de 71 años, con voz suave, de pocas palabras y a quien, a todas luces, no le gusta comentar mucho sus experiencias en la prisión. Pero amablemente accede a una entrevista con el Nuevo Herald y nos lleva también donde su hermana Guillermina Vázquez reposa inválida en una cama, pero con lucidez suficiente como para complementar su relato.

La dinamita

Cuenta Guillermina, quien hacía funciones de “correo” entre distintas cárceles y la dirección nacional del Movimiento Revolucionario 30 de Noviembre, que ella recibió un mensaje de los presos de Isla de Pinos, quienes solicitaban una cámara para introducirla en la cárcel.

En 1962, un preso que escapó y logró llegar a Miami había dado la alerta sobre los explosivos. Así lo contaba al periódico Patria el 14 de septiembre de ese año:

“Hemos visto los trabajos. (La cárcel) Está totalmente dinamitada. La dinamita pueden hacerla explotar desde una colina distante, por dos conductos. Por electricidad de pilas o por concusión de un material que va estallando en secciones hasta llegar a la dinamita”, explica el hombre identificado con un seudónimo en la historia.

Pero faltaban pruebas, las fotos. Y ahí es donde entra a jugar Guillermina, quien consiguió transportar en su cuerpo una minúscula cámara de fabricación alemana Minox, con un diseño que se hizo muy famoso entre los espías. Para burlar las llamadas “requisas” que hacían los guardias de la prisión a los visitantes, Guillermina escondió la cámara en un tampón higiénico.

“Hacían unas requisas tremendas a las mujeres. Cuando llegué delante de la muchacha que me iba a requisar, me quité los zapatos, y me empecé a quitar la ropa. Cuando ella fue a bajarme los pantalones, le advertí que tenía el período. Entonces ella me dijo que me vistiera. Llegué a la circular a ver a Ricardo y él me preguntó por la cámara y yo le pregunté por el baño. Fui, me la saqué y me la puse en el pecho. Entonces regresé donde estaba él, lo abracé y le dije, ‘ahí está’”.

Ricardo continúa la historia donde la dejó su hermana.

“Yo fui quien tomó las fotos de la dinamita junto a otro amigo. ¿Cómo fue que pudimos bajar al túnel? En la celda que yo vivía, la 19 del primer piso, había un orificio por donde pasaban los tubos del agua, que no se usaban, pero allí estaban. Nosotros entramos ahí y con mucho trabajo, con cabillas y la ayuda de otros presos, logramos romper el piso lo suficiente para que pudiéramos pasar. Dejamos la última capa para el último momento. Cuando rompimos ya teníamos la cámara lista y nos metimos los dos y empezamos a tirarle fotos a la dinamita, las que pudimos”, narra.

Pero queda en el aire lo que pasó después. “Después vino el problema de que encontraron el hueco y nos castigaron. Nos enviaron a celdas de castigo, estábamos aislados en los pabellones, las celdas no tenían nada y te dejaban en ropa interior”, recuerda.

El filme salió a través de otra de las hermanas de Ricardo, en aquel entonces una niña. Según Guillermina, “las requisas las hacían cuando entrabas, pero no cuando salías de la cárcel. Trajimos el filme cuando vinimos de Cuba el 14 de junio de 1963. Yo tuve que asilarme en la embajada del Uruguay, donde estaban muchos del 30 de Noviembre”, agrega.

Ricardo no era ningún fotógrafo experimentado y las imágenes que salieron publicadas en el Diario Las Américas en 1964 no tienen calidad para ser reproducidas hoy. Apenas se divisan unos bultos, la dinamita, y unos huecos en las paredes donde fueron colocadas las cargas en la pared interna de la circular. “Pero lo logramos. Lo interesante de esto es que se pudo hacer la foto, si no, esto hubiera pasado inadvertido en el mundo”, dice, no sin cierto tímido orgullo.

La cárcel

“Eventualmente, un día después de la Crisis de Octubre sacaron la dinamita. Los huecos nunca los taparon. No sé si ahora lo hicieron, como dicen que la prisión la están usando como un museo”, se pregunta Ricardo. Pero cuando hablamos de las condiciones de vida en la cárcel, se vuelve más parco: “Siempre hubo maltrato. Después empezó el mal llamado plan Camilo Cienfuegos, un plan de trabajo forzado. Tratamos de oponernos y hacer resistencia y unos cuantos que plantaron el trabajo. Yo fui plantado”, declara.

Al preguntarle sobre el término “plantado”, Ricardo nos cuenta una anécdota.

“Ese día plantamos el trabajo Israel Abreu Villarreal y un servidor. El tiró el pico y dijo al guardia ‘si me das porque trabaje y porque no trabaje, entonces mátame’. Yo hice lo mismo y se llevaron al bloque de presos que estaba cerca para otro espacio de tierra. Vino a conversar con nosotros un sargento y le dijimos lo mismo. El sargento cogió una bayoneta pequeña, un estilete de los fusiles AK y mandó a buscar un Jeep. Lo parquearon al extremo del cuadrado de tierra y nos hicieron ir caminando”, recuerda.

Pero los 100 metros que los separaba del vehículo, lo recorrieron recibiendo golpes y pinchazos. Según el testimonio de Ricardo, un sargento corpulento a quien llamaban Campeón, al verse imposibilitado de pincharlo con su bayoneta, pues había quebrado la suya “en el lomo de un preso” minutos antes, comenzó a golpearlo tan fuerte con su fusil que Ricardo intentó defenderse. “Entonces, me dice ‘ah, pero ¿te me vas a virar?’ y cogió el fusil y me dio por la cabeza”, continúa Ricardo y se toca una marca arriba de la ceja derecha.

“Me noqueó y me despertó él, muy amable, dándome palos hasta que recobré el conocimiento. Seguí caminando. En ningún momento ninguno de los dos corrimos porque era un pecado”, hace una pausa y se ríe.

Para estos hombres, a quienes los unía un código moral estricto, su estancia en la prisión era otra etapa de la “lucha”. Vivían, al igual que el resto del país, en un estado de “guerra permanente”. En ese discurso, las heridas recibidas por maltratos y abusos se convertían en “heridas en combate”. Flaquear era imperdonable.

Israel Abreu Villarreal, en un crudo testimonio publicado en el libro Cuba: Clamor del Silencio, editado por el Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo, confirma la versión de Ricardo y aporta detalles escalofriantes. Después de este incidente, ambos son trasladados al hospital de la prisión, donde comienzan una huelga de hambre que duró 42 días. En medio de la huelga, los sargentos identificados como Campeón y Girón llevan de nuevo a Abreu al campo y a sangre fría, con una bayoneta le horadan la carne hasta llegar al hueso de la cadera.

Isla sin nombre

Desgraciadamente, los testimonios de ambos no son excepcionales. El libro citado recoge al menos cien historias similares. Otros testimonios aparecen también en un informe de 1963 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la Organización de Estados Americanos (OEA).

El gobierno cubano desechó estas denuncias y las convirtió en una mera nota al pie de una batalla política y diplomática más importante entre Cuba y los Estados Unidos, en la que la OEA y los gobiernos latinoamericanos eran “títeres” del imperialismo.

Pero hace falta un gesto más poderoso para borrar tanta memoria incómoda. Y lo hubo. A partir de 1967, año en que se cerró el Presidio Modelo, Isla de Pinos fue una isla sin nombre. Así queda recogido en el discurso que pronunciara Fidel Castro el 12 de agosto de 1967 en ese territorio: “…esta Isla es una prueba de la Revolución, y se empieza aquí. Esta Isla, que por ahora no la vamos a llamar ni de la Juventud ni de Pinos, porque hay poco de las dos cosas todavía”.

Pero Castro prometió convertir la isla “en un gran centro experimental social, y donde nos propongamos resolver en la medida de lo posible, como vanguardia de nuestro pueblo, los problemas que implica la idea de crear una sociedad comunista”. Parte del nuevo experimento era concentrar a jóvenes de otras provincias para “revolucionar la naturaleza y revolucionar la sociedad”. Para más dramatismo, en la antigua prisión y nuevos campamentos en construcción estudiarían “no menos de 20 000 jóvenes”, anunció.

Casi diez años después, por obra y gracia del lenguaje, la isla “sin nombre” fue oficialmente bautizada en 1978 con el alegre título de “Isla de la Juventud”. En la prensa cubana se reporta regularmente sobre los aniversarios de la proclamación y la transformación social de la segunda mayor isla cubana, “reconocida antes del triunfo revolucionario por los horrores del Presidio Modelo”, según se puede leer en una nota de Juventud Rebelde.

El indulto

No sorprende entonces que quienes nacieron en Cuba después de 1959, solo asocien al Presidio Modelo con el lugar donde Fidel Castro y sus compañeros asaltantes del cuartel Moncada en 1953 cumplieron menos de dos años de encarcelamiento. En mayo de 1955 fueron amnistiados por Fulgencio Batista.

Pero el indulto para Ricardo y otros 3,000 presos políticos no llegó hasta 1979, luego de que, en diciembre del 78, representantes de la comunidad cubana en el exilio y del Gobierno cubano firmaran un acuerdo para su excarcelación. Otros mil quedaron prisioneros, entre ellos aquellos que no aceptaron el “diálogo”, según consta en un informe de la CIDH de diciembre del 79.

Como parte del acuerdo, los gobiernos de Cuba y de Estados Unidos facilitarían el traslado hacia ese país de los prisioneros y sus familiares. Cuando Ricardo salió de una cárcel de Las Villas a donde lo habían trasladado, sus gestiones estuvieron encaminadas a lograr que las autoridades estadounidenses le otorgaran también un visado a Cuca, una mujer que había sido su niñera y “como su segunda madre”, dice emocionado.

Cuando sus padres y el resto de sus hermanos abandonaron el país en 1964 a petición de Ricardo, él les aseguró que podían irse tranquilos pues Cuca se quedaba con él. Y así fue. Ricardo insistió en que la mencionara en esta historia pues ella había sido “muy importante para él y otros presos” a quienes visitaba en la cárcel.

Junto a ella, Ricardo finalmente llegó en agosto del 79 a los Estados Unidos, donde hizo una carrera como empleado de banco. La entrevista termina con una oración que parece el comienzo, pero es solo un intento de Ricardo de fijar el recuerdo: “Yo estuve preso desde el día 24 de febrero de 1961 hasta mayo de 1979, 18 años”.