Guanabo: el esfumado esplendor
Como cada año, esta vez tampoco hubo taquillas donde cambiarse de ropas. Y también, como siempre, se hizo sentir la escasez de agua potable, ocasionada por la inutilidad de antiquísimas tuberías y por la mala instalación de otras nuevas.
No obstante, hay algunos servicios que mejoraron modestamente este verano, sobre todo debido a la apertura del trabajo por cuenta propia. Es el caso de la gastronomía, que ganó en calidad y variedad de ofertas.
El otorgamiento de licencias a choferes de taxi particulares, con cobro del pasaje a veinticinco pesos (un dólar), junto al servicio mayoritario de ómnibus estatales, ayudó a descongestionar el flujo de bañistas y población local, y alivió la interminable cordillera humana que, entre hambre, sed, cansancio y riñas, solía deambular, a la espera del ómnibus que muy rara vez llegaba.
El parque infantil fue remozado, y el permiso a particulares que operan sus propios equipos (importados) de juegos inflables, permitió una nueva opción para los niños, a la vez que le ha propiciado al gobierno desentenderse de la explotación y mantenimiento técnico del lugar.
En fin, no todo fue tan atroz como en los veranos pasados. Pero aún estamos lejos de recuperar todo lo perdido en tiempos de revolución. Por ejemplo, queda clavada en la memoria de los mayores la ausencia de tantos hoteles y restaurantes que desaparecieron indolentemente, símbolos del esfumado esplendor de Guanabo.
cosanoalen@yahoo.com
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