Por Juan Antonio Madrazo Luna
El Vedado, La Habana,(PD)
Imposible hablar de la historiografía cubana de finales del siglo XX sin tener en cuenta la labor pedagógica de Manuel Moreno Fraginals (La Habana, 1920-Miami, 2001). Este patricio de la historiografía cubana, con valentía e ideas propias, abordó algunas de las cuestiones más significativas del pensar cubano. A varias generaciones enseñó a aprender, a ver lo cubano con lentes propios.
Moreno Fraginals fue un hombre valiente que a capa y espada defendió sus criterios, sin jamás avergonzarse de sus ideas. Escribió para Cuba y por Cuba. Para él, su punto de partida era la patria. La patria como plaza espiritual, espacio moral y ético. La patria en él fue ambición y deseo.
Forma parte del linaje de historiadores republicanos silenciado por la ortodoxia e intolerancia marxista como Herminio Portell Vila, Emeterio Santovenia, Ramiro Guerra y Leví Marrero. Es heredero de la tradición ilustrada cubana. Fue un intelectual público, un hombre que puso al desnudo la hegemonía de un discurso colonial aun vivo en la sociedad cubana. Una de sus virtudes notables fue que desconfió de los mitos nacionales acumulados por la historiografía nacional.
Siendo un historiador de formación marxista, se mantuvo distante del paradigma historiográfico nacionalista de la República y la Revolución. Sus textos fundamentales describen el territorio del nuevo pasado cubano. Cuba fue laboratorio natural de expansión para sus sabias reflexiones. Más que historiador, fue humanista. Supo navegar a contracorriente en busca de la cubanidad
La historia fue para él una herramienta de cohesión social. Desempeñó un papel fundamental en la construcción de las identidades colectivas. Visualizó las identidades fragmentadas. Descifró el papel desempeñado por los distintos grupos sociales en la Cuba patricia y epidérmica. Dio sustancia a la nacionalidad. Interrogó el pasado-presente, reclamó un lugar prominente para los “hombres sin historia”. Con su magistral obra “El Ingenio”, desentrañó una etapa decisiva en la historia de Cuba.
Además de iluminar el lado oscuro y reaccionario del patriciado criollo, se rebeló intelectualmente contra el nacionalismo estrecho. Fue un historiador nacionalista que nunca satanizó a los Estados Unidos ni a la República. Se opuso siempre a las interpretaciones oficiales de la historia de Cuba. Vacunado de las modas y el oportunismo maléfico, despejó problemas historiográficos, llenó los vacíos, contribuyó a romper silencios, a devolver personas, grupos sociales, voces y eventos intencionalmente silenciados.
Fraginals nunca estuvo rodeado por las consideraciones oficiales como otros historiadores que dirigían instituciones. Fue un intelectual incómodo para la ortodoxia marxista y sus comisarios y por ello su obra no tuvo el trato que ameritaba. Pero supo nadar en las aguas turbulentas sin hacer concesiones al poder
En 1970 el dogmatismo marxista le cerró las puertas de la Universidad de la Habana. Fraginals criticó la zafra de los 10 millones. Se opuso a la parametración, al terrorismo intelectual del entonces Consejo Nacional de Cultura. Evadió trampas en el camino y caminó sobre el filo de las navajas. Sufrió con dolor el ostracismo a que fue condenado su fiel amigo José Lezama Lima. Aún hoy continúa siendo calumniado dentro del gremio por historiadores oficiales como Rolando Rodríguez y Eduardo Torres Cuevas.
Después de un largo silencio sobre su vida y obra, Ediciones Unión, en el marco de la Feria Internacional del Libro de la Habana, presentó Orbita de Moreno Fraginals, con una cuidada selección de textos a cargo del historiador Oscar Zanetti Lecuona.
Hoy la historiografía cubana se torna reacia a tener en cuenta las diversidades políticas, étnicas, genéricas, etc. No se visualiza en ella una política de la diferencia. Hay un deterioro notable en la calidad de la enseñanza, que afecta la historia. Los medios de comunicación de mayor divulgación tampoco cumplen bien sus funciones. Una parte significativa de la población cubana posee un conocimiento escaso y deficiente de la historia. Además de las diversidades, aún no existe el rigor de tomar en cuenta no sólo los conflictos políticos, también los sociales.
Aún la historiografía cubana está contaminada por una visión clasista y racista de la historia. Abunda en la comunidad de historiadores el fetiche y narcisismo por personajes como José Antonio Saco, Francisco Arango y Parreño y el obispo Espada.
La historiografía cubana necesita asomarse a una Cuba más real y más profunda en su diversidad. Más completa y más útil. Que instaure puentes de conexión como los promovidos por Manuel Moreno Fraginals. Serán siempre bienvenidos Lidia Cabrera, Fernando Ortiz, José Luciano Franco y otros historiadores enterrados por el oscurantismo oficial.
cubainterracial.gl@gmail.com
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