jueves, 8 de abril de 2010

Crimen de Lesa Humanidad


Por Francisco Chaviano González ⋅ Abril 8, 2010

Algunos asombrados por la muerte de Orlando Zapata, llegan a otorgarle a los Castro el beneficio de la duda al asegurar: “A alguien se le fue este asunto de las manos”.

Cientos de presos políticos han hecho largas huelgas de hambre, y salvo excepciones, entre las que se destaca Pedro Luis Boitel, no se llegó nunca a la muerte. Las autoridades se las arreglaban para salir del asunto cediendo poco o nada. Tan recurrente resultó este tipo de protesta que el tirano se convirtió en un experto manipulador de tales tragedias.

Quien haya conocido sobre estos asuntos sabe que no existe posibilidad para las casualidades, y cuando ocurre una huelga de este tipo, todos los días hay que dar información exhaustiva a Castro y él es quien toma las decisiones. Suspender el agua es un recurso habitual de nuestro gobernante, y de que tal medida se extendiera durante 18 días es prueba de que se le asesinó con premeditación.

Cometieron el crimen sabiendo que armaría un escándalo, lo promovieron con toda intención. ¿Para qué? Para lo mismo que montó el show de los pescadores en 1970, o derribó las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996: desalentar la solución de los diferendos de Cuba con Estados Unidos y, por extensión, con la Unión Europea.

Es un error analizar las actitudes de los Castro dentro del marco de lo razonable y lógico, que utilizan sólo como cebo para engañar; su proyección real está en sentido contrario al pensamiento humano. Es válido insistir en las palabras de Fidel en 1970, descubiertas en aquel documento secreto extraviado en una biblioteca de la prisión Combinado del Este, y del cual hay varios testigos: “El gobierno norteamericano ha establecido discretos contactos con nosotros, quieren limar asperezas para restablecer las relaciones con Cuba; pero imagínense, tenerles de nuevo metiendo sus narices por todas parte; los vamos a desalentar y se van a tener que retirar”.

El homicidio de Zapata fue consumado con este empeño. El mismo objetivo tiene la detención del subcontratista norteamericano Alan Gross, decenas de norteamericanos como él habían desfilado por el país con conocimiento de las autoridades que les seguían a todas partes. ¿Cuál es la razón para detenerlo ahora?

No es casual que estos aparentes dislates tengan lugar cuando el presidente Barack Obama le ha propuesto a Cuba un diálogo para resolver el diferendo entre ambos países. Raúl Castro ha respondido que sí, con palabras, pero ha dicho no con los hechos, ya que no hubo reciprocidad en tal sentido. Otro tanto ha ocurrido con la gestión de España y todos sus pasos en la Unión Europea.

Con respecto al caso del psicólogo Guillermo (Coco) Fariñas, no son pocos los que piensan que el gobierno no le dejará morir, con lo que se repite el beneficio de la duda. Este es un craso error, porque con ello se está disculpando de antemano la posibilidad del crimen, cosa que alienta a su ejecución, y quedarían justificados con el argumento de que el gobierno trató de evitarlo, tomó todas las medidas posibles; pero ocurrió un imprevisto biológico.

No existen imprevistos, sabemos que cada día que pasa nos acercamos más a la muerte de Fariñas. Permitirlo es condenar a muerte a un hombre cuyo único reclamo es detener la comisión de un crimen de lesa humanidad. El plan de los Castro es una respuesta homicida para Coco, para Cuba y para América. ¡Decirles no es un deber de la humanidad!

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