
Y JAIMITO HABLÓ
El señor Jaime Ortega quería que los cubanos recordaran que tenían cardenal. No era para menos. Había dejado pasar la huelga y la muerte de Orlando Zapata, el inicio de la huelga de Fariñas, los siete años que llevan en la cárcel los presos de la primavera negra. Algo tenía que decir para que no pensaran que le habían trasladado el arzobispado a Wellington, Nueva Zelanda. Tenía que marcar su territorio que, por supuesto, es el reino de los cielos. Y fue entonces que perdió la oportunidad de su vida de quedarse callado... continuar en le blog de ENRISCO.
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