martes, 27 de abril de 2010

Guillermo Fariñas y Bebo Valdés


Enviado por ei en Abril 27, 2010 – 19:30 pm.Frank Rodríguez

Hay dos grandes cubanos que se me parecen: Bebo Valdés, que se pudo hacer el sueco pero se mantiene firme en pro de la libertad de Cuba, y Guillermo Fariñas, quien cada día da la nota perfecta cada vez que toca magistralmente las cuerdas del alma cubana desde la cama 8 del Hospital Provincial de Santa Clara donde ofrece su diario concierto patriótico.

Fariñas –envejecido por la huelga de hambre y sed– se asemeja cada vez más a Valdés, ya pasado los 90, ambos lúcidos y en lo mejor de su arte, siendo tanto un arte desafiar uno solo a una tiranía todopoderosa como dominar las teclas como lo logra Bebo.

Bebo toca las teclas blancas como las negras con igual virtuosidad en su álbum Blanco y Negro con el gitano Cigala. Fariñas toca las cuerdas de la política cubana en su “contrabajo”, ese enorme sacrificio que está llevando a cabo con disciplina inusitada.
Pero las notas más agudas las toca Fariñas cuando habla de su propia muerte, siendo él el compositor de su propia marcha fúnebre. Las marchas de luto son las únicas apropiadas ahora que las marchas en blanco han sido prohibidas y ni en Buenos Aires puede una dama y doctora de bata blanca presentar su libro sin el acoso de la jauría del régimen.

Armoniza Fariñas a la perfección las ansias de los cubanos con la realidad política de que hay que desenmascarar a los farsantes del déspota, los que exigen que en Cuba no se dé una nota discordante.

Fariñas ha seguido el tono establecido por Zapata. Fariñas, arco en mano, está encausando el debate bajo las luces del escenario internacional donde se ha entronado. Coloca las negritas y las blancas en sucesión perfecta. Lleva el ritmo de dos por todos. Dos muertes, la de Zapata y la suya propia por todos nosotros.

Con su abatido cuerpo ya agujereado por múltiples sueros y catetes prosigue su marcha, siempre hacia delante, sin un paso al lado, ni mucho menos atrás. Al compás de Fariñas todos los cubanos nos conmovemos por el marcial arte con que asume su responsabilidad patria.

Deja atrás Fariñas la mezquindad de los que lo odian y que ni por nada soltarán a los presos enfermos. Un talento como el de Fariñas debería vivir tanto tiempo como el de Valdés. Pero no hay “líder” en nuestro hemisferio capaz de hacer algo real por salvarlo. Y no hay una cigala en la Península que lo acompañe. Triste melodía la cubana, cuando antes siempre había sido la contentura del mundo.

Cuando el concierto de Fariñas llegue a su final debe darse un gran concierto con nuestros mejores: Olga, Gloria, Albita, Bebo, Paquito, Pancho, Amaury (el bueno), el concierto de las teclas de ébano y marfil de nuestro exilio que le rindan el merecido homenaje al gran compositor de nuestra libertad. Aunque lo mejor sería que toquen las campanas de la libertad y que cese la marcha de Fariñas y que el 1º de mayo la marcha sea a la rumana para que la Plaza Cínica vuelva a ser la Plaza Cívica.

Pero no, el homenaje musical se debe organizar antes de que muera, para que sepa cuánto lo apreciamos y cuán necesario nos es, en vida. Honor a Fariñas por todo lo que ha sufrido y por todo lo que ha logrado. Un concierto para convencerlo de que sus mejores notas deben sonar en un futuro libre de Cuba y no en un nuevo y doloroso entierro.

1 comentario:

  1. La mayor verdad es que necesitamos a Fariñas vivo Fariñas no debe ni puede morir, no se que podemos hacer los cubanos solidarios con él pero hay que impedir que Fariñas muera. ¡Vida para Fariñas!

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