
Por Lucas GarvePublicado Ayer
Mantilla, La Habana, 22 de abril de 2010, (PD-FLE*) De inmediato se tiene una respuesta al título de este trabajo, ¡el español! Más la rapidez al hallar la respuesta puede soslayar ciertos aspectos. Como inicio, permítame recordarles que el 22 de abril celebramos el Día de la Lengua. Fecha de recordación del fallecimiento y en homenaje al gigante de las letras españolas Don Miguel de Cervantes y Saavedra.
Cervantes (1547-1616) nació en Alcalá de Henares. Fue novelista, poeta y dramaturgo. A pesar de toda su obra vivió en apuros económicos, sufrió prisión, participó en batallas, escribió la más ejemplar de las novelas, el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, aún hoy considerada como una de las cumbres de la Literatura Universal, además de popular, aunque no tantos la hayan leído completa, a pesar de que cualquiera conozca el nombre de su protagonista. El Quijote ha llegado a identificar una actitud ante la vida misma, el quijotismo, porque ese personaje encarna al Hombre imbuido de sus sueños de mejoramiento humano. Cervantes escribió toda su obra en castellano o español, su lengua materna. De esta manera, el enorme escritor que fue, contribuyó al enriquecimiento del español.
El español ocupa hoy el tercer lugar entre las lenguas del mundo occidental y se encamina a escalar el segundo. En los Estados Unidos el español es actualmente la segunda lengua por su número de hablantes. También es la lengua más estudiada en Europa y América del Norte.
Una cuestión que preocupa a muchos hoy en día es el asunto del español americano. Ciertamente, entre las normas cultas empleadas en los países latinoamericanos y la norma del español hablado en la Península existen algunas diferencias, pero ellas no obstaculizan la comunicación.
La unidad del español está bien guardada por la vigilancia de las veintiuna Academias de la Lengua y la Real Academia de la Lengua Española, unidas en la Asociación de Academias de la Lengua Española, quienes revisan periódicamente las variantes léxicas. Asimismo, la ortografía y la norma lingüística escrita garantizan la unidad de nuestra lengua al establecerla de forma perenne.
En años recientes, producto del trabajo coordinado de las Academias, se publicó el Diccionario del Español Pan-Hispánico de Dudas, en el que recogen y reconocen vocablos empleados en las tierras americanas.
Particularmente en nuestro país, Cuba, la norma hablada no es la misma que la de otros países latinoamericanos y ni siquiera la de España.
Ocurre que desde hace cincuenta años los cambios sociales y la perspectiva de gobierno del régimen aún en el poder causó una profunda conmoción. Al cabo de medio siglo, encontramos áreas de silencio (religiosas, jurídicas, administrativas, domésticas), voces que no se emplean ya más, así como introducción de vocablos nuevos para identificar procesos y fenómenos que aquí interactúan, además del empleo de una serie de vocablos en oposición binaria para matizar políticamente a personas, grupos, organizaciones y a eventos que se apartan de la línea ideológica y política del gobierno.
El efecto de las instituciones al servicio de la política gubernamental en la escolarización de los habitantes causa una homogenización de la expresión de cualquier manera forzada por la emergencia de la política y la imposibilidad del hablante de seleccionar y producir un discurso sin esa huella.
Tan es así que de cierta manera hasta el discurso opositor, si existe como tal, está permeado en buena parte del discurso hegemónico, unitario y castrante de la propaganda oficial. Algo que le resta eficacia y alcance entre la población a la que pretende llegar.
El futuro del español de Cuba lo decidiremos nosotros mismos, como deberemos decidir nuestro porvenir o el común desastre como Nación.
garvecu@yahoo.com
*Fundación por la Libertad de Expresión
Foto:Ana Torricella
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