
La última esperanza
Sociedad/ Lo de nunca acabar
Cubamatinal/ Hace casi quince años que Manuel está en una micro brigada de la construcción. Obtener un apartamento fue su sueño más codiciado. Pero ahora se convierte en su última esperanza.
Por Amarilis C Rey
La Habana, 22 de abril /PD/ Camina con dificultad por la artrosis que padece en sus huesos y por las secuelas que le dejó un tiro en un pie cuando peleaba contra los sudafricanos en la guerra de Angola. También perdió un ojo debido a un accidente laboral.
“Yo siempre fui pobre. De pequeño éramos muchos en casa y desde temprana edad nos dispersamos para probar suerte”, comenta. “Luego vino la Revolución y me incorporé. He trabajado mucho y pasado mucho trabajo. Pero creo que ahora por fin voy a tener un sitio decente donde terminar mi vida.”
Sus manos están ásperas y su tez negra se torna ceniza cuando el cemento con que trabaja llena el ambiente.
“Aquí he tenido que trabajar duro, como todos los que estamos, y algunos han muerto por enfermedad y otros por accidente y no han podido llegar a la meta de lograr su apartamento. Porque cuando alguien muere, debe venir un familiar que lo sustituya, en la obra, si no pierden todo el esfuerzo y se quedan sin casa.”
Manuel reside en un barrio marginal en las afueras de la urbe capitalina. Allí, su vida, según cuenta, es muy difícil. “Yo nunca quisiera que llegara la tarde y tener que ir para ese sitio donde tengo mi choza. Allí cuando llueve el agua entra por un lado y sale por otro. No tenemos condiciones para la electricidad y el voltaje sube y baja cuanto le da la gana y los pocos equipos eléctricos que tenemos muchos están quemados por esa razón. Tampoco tenemos agua para el consumo de la casa y debemos cargarla con cubos. Entonces llego cansado del trabajo y debo comenzar con esa faena.”
Su mirada es triste cuando habla del futuro: “Yo te digo que mi última esperanza es ahora. Si no logro que me den el apartamento en esta próxima entrega, me retiro de la construcción aunque pierda todos estos años de esfuerzo.”
Después de haber construido varias obras sociales y el apartamento donde se espera que vaya a vivir, Manuel debe pagar durante algunos años el costo de su inmueble pero eso es algo que dice no preocuparlo.
“Mira yo estoy dispuesto a pagarlo los años que sean. Y si me muero y no termino de pagar, bueno, espero que a la familia que deje le permitan hacerlo por mi”.
Las llamadas micro brigadas de la construcción surgieron en la década del setenta con la pretensión gubernamental de aliviar el hacinamiento poblacional creado por el déficit de viviendas en la isla, que de acuerdo con datos extraoficiales, supera el millón.
Sin embargo después de cuatro décadas de creado este proyecto, aun continúan, solo en la Ciudad de La Habana, 12 500 personas viviendo en hogares de tránsito o albergues, según informaciones oficiales divulgadas por los medios.
También existen actualmente, innumerables casos de familias en que varias generaciones comparten la vieja casa en que todos nacieron.
Al igual que el viejo Manuel, muchos en Cuba han dejado gran parte de su vida en los muros de de edificios que han tardado hasta veinte años para terminar su construcción.
Y esa última esperanza de Manuel también podría ser la de muchos; que sin fuerzas ni ánimos para seguir, hoy apuestan todo a la suerte de ser los elegidos para la entrega de los próximos apartamentos que construyen.
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