lunes, 26 de abril de 2010

Penitencia revolucionaria


Una de las amenazas más frecuentes, dentro de un régimen generoso en amenazas, es la proferida por el presidente Chávez en el sentido de profundizar la revolución.

opinan los foristas

No puede ver el mandatario movimiento alguno de las fuerzas alternativas democráticas que contradigan su enorme acumulación de poder, porque enseguida echa mano de esa carta.

De lo cual podemos deducir que la revolución es una penitencia. De la misma boca del líder máximo ha salido. Sus intenciones y sus acciones están dirigidas a complicarle la existencia a un sector de la ciudadanía. Es grande la cantidad de venezolanos martirizada con muchas de sus decisiones. El lo sabe. Y no solamente no le importa; sino que disfruta con ello.

Aunque esta situación anormal y condenable lleve ya más de una década, no podemos ni debemos acostumbrarnos a que un gobierno atropelle y denigre a quienes no están de acuerdo con él. No podemos comprar la idea de que el país está dividido en dos bandos irreconciliables.

Se pregunta uno cuán viable es un sistema de gobierno basado en la amenaza y la pretendida imposición de terror sobre un enorme sector de los habitantes de un país. Y que se hace más grave en tanto y en cuanto este sector crece, como lo demuestran diversa encuestas. El grupo opositor es cada vez mayor, alimentado por chavistas desilusionados ante promesas incumplidas.

Desde que el actual presidente modificó a su antojo el juramento con el cual tomó posesión en 1999, quedó olvidado su deber de trabajar para todos los venezolanos, de respetarlos a todos y de ganar voluntades mediante un trabajo incluyente y plural.

Se ha llegado al extremo de amenazar con tanques de guerra a los líderes alternativos democráticos que conquisten mediante los votos cargos de elección popular, mientras se recortan recursos a gobernaciones y alcaldías donde el chavismo no fue favorecido por el electorado.

Y se llega al colmo de inventar cargos que no existen en nuestra Constitución y cuyos funcionarios son nombrados a dedo desde la misma presidencia, los cuales pasan por encima de cargo legítimos, con representantes favorecidos por el voto popular; pero con el pecado de no vestir de rojo.

Dice el presidente que se pretende sacarlo del poder, cuando los grupos alternativos democráticos han expresado un y otra vez su apego a la Constitución y las leyes venezolanas, las cuales ofrecen la posibilidad de sustituirlo en diciembre de 2012 de manera absolutamente legítima.

Pero vamos a pensar que, más que cambiar de presidente, no gustaría que el actual cambiara de actitud. Que conviviera con el sector de la población que no comparte sus ideas. Que aceptara que representantes de las más diversas fuerzas políticas ganaran cargos de elección popular y pudieran ejercer sus atribuciones. Que dejara de criminalizar la disidencia. Que ganar adeptos mediante acciones de gobierno eficaces.

Pero, en más de una década, hemos visto que esto no es posible. Que si el actual gobernante vistió alguna vez la piel de cordero, fue para ganar elecciones y llegar a la posición de poder que anhelaba.

Y ya que sabemos que no va a escuchar nuestras sugerencias pues no nos queda otra alternativa que no sea seguir presenciando cómo amenaza a los venezolanos con la penitencia profundizar la revolución. Y paga las consecuencias en la caída de su aceptación popular.

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