
Regis Iglesias tiene en la cárcel el amparo de la poesía. Ella, que puede ser intensa y piadosa, no lo ha dejado pasar en soledad los siete años de prisión. El testimonio auténtico de ese abrigo y de esa fidelidad es Memorias de otoño, un libro de versos que comenzó a circular en marzo en España.
Son 100 páginas escritas en las celdas. Y uno puede percibir, con la lectura de los poemas, la intención del poeta de levantar una fortaleza particular hecha de materia pura y trascendente para salvarse de los acosos de las penurias, de las derrotas programadas. Y para abrir un espacio fijo a la memoria y a los sueños, los sitios más libres del mundo.
El escritor quiere que Memorias de otoño se lea mientras se escucha a los Rolling Stones porque esa casa necesita música. Y necesita la música que él ama. Iglesias dice que dejó que sus recuerdos hicieran lo suyo y tomó prestada los de algunos amigos porque estos versos han de "recordar la felicidad de otro hado pasado''.
"En estos tiempos de destierro de mi familia'', dice el poeta, "de mis amigos, de mi calle; en tiempos de cautiverio, de amor a mi patria y a la libertad, voy siempre con la alegría del sacrificio a gusto''.
El libro de Regis Iglesias propone una resistencia acorazada por la palabra. Una resistencia que puede darle entrada a la nostalgia, pero no al desencanto. Una manera de encarar el infortunio con el poder de la canción, la ironía, y otras hojas afiladas bautizadas y bendecidas con nombres propios.
Los críticos dirán en su momento qué poesía escribe este hombre que entró en la cárcel en la primavera de 2003 cuando era casi un niño. Creo que por las circunstancias en que ha escrito sus dos libros (el primero, en 2004: Historias gentiles antes de la Resurrección) sus versos se parecen a sus versos, y tienen una parentela sospechosa con toda la música que Iglesias escuchó y ahora tiene que evocar con los ojos cerrados.
A mí me gustan estos poemas donde se encuentran muchos lenguajes dentro de una estructura conversacional. Me gustan sus misterios y pasadizos. Hay una voluntad de comunicación sin hacer concesiones a la obviedad y al facilismo. Se pueden ver dibujos, peripecias y juegos de palabras.
Iglesias fue condenado a 18 años de cárcel. Ahora está en el Combinado del Este de La Habana, junto a los que él mismo llama "ocasionales cofrades poetas cautivos'' Ricardo González Alfonso, Julio César Gálvez y Arturo Suárez.
En esa nómina de hombres en peligro que escriben poemas en los calabozos están también Normando Hernández, Luis Milán Fernández y Omar Rodríguez Saludes.
Quiero compartir con los lectores unas líneas de Memorias de otoño, de Regis Iglesias. El poema se llama Cartas a mis hijas: ``Permanezcan insomnes --no hay tampoco/que imitarme por noctámbulo--/ Queden con la lámpara encendida,/ la vista en el horizonte,/ porque aquí, las tinieblas,/ allá amanece. Estos versos no deshacen la noche''.
Raúl Rivero
El Nuevo Herald
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