
Por Ramón Díaz-Marzo
Habana Vieja, La Habana, 6 de mayo de 2010, (PD) El diseño político que ha prevalecido en nuestro país durante medio siglo ha destruido la parte material de nuestra nación, pero no su espíritu. Por eso las apariencias engañan. Un país materialmente asesinado continúa vivo en el espíritu. Nuestro pueblo sólo necesita una oportunidad. Cuando todos los dinosaurios desaparezcan y ya no nos atormenten la vida con sus ideas utópicas o cínicas, calculo que la nación cubana se reconstruirá en lo más elemental de lo material en el corto plazo de cinco años. Hasta los muertos saldrán de sus tumbas para realizarse, para hacer lo que no le permitieron hacer en vida.
Uno camina por la ciudad y reconoce en primer lugar que se encuentra en la misma posición que el más desgraciado de los cubanos; no tenemos ojos para ver el potencial que tienen las demás personas y uno cree que carecen de planes a corto y largo plazo. Pero ningún ser humano, excepto que sea una bestia, puede vivir sin esperanza.
En algunas de mis crónicas he hablado de la destrucción de mis compatriotas, pero ahora mismo no recuerdo si he sentenciado que los cubanos han sido destruidos totalmente. Si he escrito semejante barbaridad, retiro lo dicho. Incluso, he fotografiado en la calle a personas de la tercera edad durmiendo en la vía pública y ahora escribo que esas personas si se les diera la oportunidad de reconstruir sus vidas saldrían del hueco y se quitarían de encima más de veinte años. En una palabra: volverían a nacer. Lo que sucede es que sobre nosotros se recuesta, aplastándonos sin piedad, un estado policiaco que si nos permite respirar es porque no han podido racionar por la Libreta de Abastecimiento el aire libre que corre bajo las nubes.
La carne y las rocas no pueden vivir por sí mismas. Cuando digo carne me refiero a lo mínimo que podemos ver en los demás: un cuerpo humano que desaparecerá con la muerte. Y cuando digo roca me refiero a las construcciones civiles que llamamos edificios y son conocidas como ciudades.
El pueblo cubano ha demostrado poseer una capacidad de resistencia poco común en otros pueblos que soportaron hambre y opresión. Durante 50 años nos han quitado a la fuerza la iniciativa personal. Estoy seguro que otros pueblos hubieran sucumbido al cabo de un año. Pero con una fuerza que sólo puede otorgar el espíritu de un pueblo poderoso, interiormente hemos soportado medio siglo de torpezas, mentiras, cinismo, traiciones y desgobierno.
No creo que al pueblo de Cuba, desde ahora hasta la eternidad, vuelva a sucederle semejante maltrato, exceptuando el “Apocalipsis”.
Medio siglo de miserias impuestas es para que la Isla ya no existiera porque habríamos comenzado a matarnos entre nosotros mismos. Sin embargo, cada mañana el pueblo cubano saca nuevas fuerzas, nuevas motivaciones, para continuar viviendo a la espera del ansiado día en que Cuba finalmente pueda ser declarada Territorio Libre de Dictaduras, Caudillismo, y manipulaciones foráneas.
Pienso que este medio siglo en nuestra historia nacional nos servirá y le servirá a las futuras generaciones de cubanos para comprendernos y comprender la esencia de la naturaleza cubana. Aparentemente los hermanos Castro y sus garrafales desaciertos nos han destruido, pero cada día adquirimos más poder que la dictadura.
Cuba no sólo merecerá el Premio Nobel de la Paz después que salgamos de los Castro, sino el reconocimiento divino de que pudimos sobrellevarnos en las horas más oscuras. Dios, si nos hizo una prueba con estos hermanos de marras, estará muy contento de nuestra valía, de nuestra resistencia, de nuestra esperanza en un futuro mejor, y, por sobre todas las cosas, de que jamás abandonamos la Fe en momentos en que muchos cubanos negaban la existencia de Dios.
¡Bienaventurado sean todos los cubanos de a pie, porque de ellos será el Reino de los Cielos y la patria restablecida después de alcanzar por primera vez nuestra merecida libertad!
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