
Por Pr Manuel Morejón Soler
San Miguel del Padrón, La Habana, 6 de mayo de 2010, (PD) La luz es incompatible con las tinieblas, y los que viven en ellas no la pueden resistir. La luz espiritual emana del mensaje evangélico puro; es la misma voz del Señor que habla por sus testigos en la tierra. Pretender acallar a Dios es terrible blasfemia por la que él exige severa responsabilidad.
Los cristianos sabemos obedecer. Pero, “es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”, advirtió Lutero al emperador Carlos V: “La Palabra de Dios está por encima de todas las cosas y es preciso que sea libre para todos... en las cosas eternas, Dios no permite que un hombre sea sometido a otro hombre”.
En las Sagradas Escrituras dijo el Apóstol Pablo a Timoteo: “Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, descendiente de David, conforme a mi evangelio, por el cual sufro penalidades, hasta el encarcelamiento como un malhechor. Pero la palabra de Dios no está presa. Por tanto, todo lo soporto por amor a los escogidos, para que también ellos obtengan la salvación que está en Cristo Jesús, y con ella gloria eterna.” ( 2ª de Timoteo, 2: 8- 10)
“Para un gobierno injusto, el mártir es más nocivo que el rebelde.”
Massimo Taparelli d'Azeglio (1798-1866); político, literato y pintor italiano.
“El gobierno despótico es un orden de cosas donde el superior es vil y el inferior está envilecido.”
Nicolas-Sébastien Roch Chamfort (1741-1794); escritor francés.
“Un pueblo gobernado despóticamente y en el que se mantiene el orden por medio de castigos, puede evitar la infracción de la ley, pero perderá su sentido moral.”
Confucio (551-479 a. C.); filósofo chino.
La dictadura es el sistema de gobierno en el que lo que no está prohibido, es obligatorio.
Enrique Jardiel Poncela (1901-1952); escritor español.
Donde los dogmas son impuestos por la fuerza y el autoritarismo de quienes detentan el poder se convierte en fundamental ordenamiento estatal, no puede desarrollarse la conciencia de la libertad, fruto de la fe salvadora cristiana. Pero si el pueblo adquiriera verdaderamente conocimiento de que la fuerza de los que gobiernan no es sino realmente nada más que la fuerza de los que se dejan gobernar, los gobernantes tendrían que gobernar de acuerdo con el bien general y no por la voluntad de un General.
Nunca un gobierno será verdaderamente legítimo sin una formidable oposición pues caerán en el error de querer gobernar demasiado, lo que no es más que el síndrome de la corrupción.
Dijo José Martí: “La tiranía es la misma en sus varias formas, aun cuando se vista en algunas de ellas de nombres hermosos y de hechos grandes.”
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