
Por Jorge Luís González Suárez
El Cerro, La Habana, 6 de mayo de 2010, (PD) La pelota ha sido siempre nuestro deporte nacional. Esta afirmación es inobjetable para todos los cubanos, tanto para aquellos que viven en la Isla como los que radican en la diáspora.
Desde 1868 se practica este juego en Cuba, afirma Roberto González Echevarría, oriundo de Sagua la Grande, en su bien documentado libro “La Gloria de Cuba “(Editorial Colibrí Madrid, España. 2004.) El contenido general de la obra es un recuento no exento de análisis de la historia del beisbol profesional en nuestra patria hasta su final impuesto por la Revolución, a inicios de la década de los 60 en el siglo anterior.
Los tradicionales cuatro equipos, Habana, Almendares, Cienfuegos y Marianao, con sus colores rojo, azul, verde y anaranjado, hacían las delicias de multitudes de fanáticos que seguían de cerca la acción de sus favoritos.
Recuerdo que de niño me llevaban al Stadium del Cerro, hoy Latinoamericano, a presenciar los desafíos principalmente entre los eternos rivales Habana y Almendares. Quien este trabajo escribe simpatizaba con los azules almendaristas.
No tengo memoria de ningún incidente excepto las habituales discusiones entre los entusiastas fanáticos que defendían a su grupo. Menos aún había problemas provocados por ofensas personales al contrario debido a su condición social o su lugar de nacimiento.
¿Que pasa hoy en día? A partir de la actual división político-administrativa de Cuba en 14 provincias y un municipio especial, se ha generado la creación de un equipo de pelota por cada región con la finalidad de extender el deporte por todos los territorios.
La masificación ha dado lugar a una división entre la población según su zona de origen por haberse trasmutado el problema geográfico y político al lugar de su nacimiento, producto de generarse un concepto de superioridad para cada zona.
Se añade además que la inmigración interna, sobre todo aquella de la parte oriental hacia la occidental, de carácter masivo, da lugar a frecuentes pugnas entre los autóctonos de un territorio y los que no lo son.
Estas peleas alcanzan el grado máximo cuando se produce el enfrentamiento entre las nóminas de Santiago de Cuba por Oriente e Industriales por la capital. Las ofensas suben de tono según el estado en que se hallen los planteles y la serie en general. Se oyen comentarios agresivos como: “Que se creen los palestinos estos “dirigidos hacia los orientales o viceversa “Que equivocados andan los habaneros”.
He llegado a escuchar de riñas entre personas convivientes, vecinos, amigos o conocidos. Cada temporada aumentan las tensiones sin que estas tengan que ver de forma estricta con su carácter deportivo.
¿Cuáles pueden ser las causas de estas desavenencias? Una de ellas son las diferencias existentes entre el nivel de vida de La Habana y las restantes poblaciones del país, lo que obliga a los del interior a emigrar en busca de mejoras económicas en contraposición a los nativos del lugar que se sienten afectados. Otra razón puede estar señalada en los diferentes hábitos y costumbres de cada zona. Esto trae molestias en la convivencia cuando estos hábitos no son asimilados por alguna de las partes..
Detrás de todo esto se esconde una razón más poderosa y es el descontento que hay en la población y que hace catarsis ante las carencias que viven los ciudadanos en los momentos actuales.
¿A quién puede beneficiar esta falta de unidad? La respuesta es obvia: al gobierno. Aunque proclama en su política la unanimidad, no ve esta con buenos ojos si carece de su control. Por tanto le es conveniente que haya estas desavenencias entre el pueblo.
Triste es mirar que algo que siempre ha servido como distracción, se encuentre convertido en el clásico boomerang. ¿Por qué derivar de algo tan sano como el deporte un motivo de disputa entre similares?
El béisbol profesional, a pesar de todos los defectos que hoy se imputan a su condición de negocio, no trajo las situaciones existentes en la actualidad.
¿Se pudiera pensar en crear una nueva estructura que permita dejar de lado el revanchismo generado entre los aficionados y que el pasatiempo favorito del pueblo vuelva a convertirse en símbolo de sano esparcimiento?
Hay una coincidencia asombrosa. Dentro de los males padecidos durante la Guerra de los Diez Años estuvo el regionalismo. Cerca de un siglo y medio después, esta situación todavía nos golpea.
Tenemos que lograr que el sectarismo que nos afecta a todos no siga su curso. Somos cubanos todos, aunque pertenezcamos a diferentes equipos y comarcas.
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