
José Luis Méndez La Fuente
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El Parlamentario, es un sistema de gobierno muy particular. De hecho, lo inventaron los ingleses y por eso hay quienes piensan que solo funciona bien en Inglaterra. Los italianos lo adoptaron después de la Segunda Guerra mundial y han sufrido de constantes dolores de cabeza. Pero en términos generales se puede decir que ha funcionado bien en países como Alemania y España. En este último, es indiscutible el papel que han desempeñado los dos principales partidos políticos españoles para su estabilidad y permanencia, desde la entrada en vigencia de la Constitución de 1978. Ciertamente el rol del bipartidismo en el sistema parlamentario de gobierno es esencial para su existencia; algo así como el agua para las plantas. Lo saben bien los británicos que acaban de votar y que con el tímido crecimiento del partido liberal demócrata en los últimos 40 años, aunque acaban de bajar cinco escaños, empiezan a sentir los coletazos de un desequilibrio entre mayorías insuficientes, no calificadas, que los colocan en una situación de “hung parliament”, es decir, de parlamento colgado.
opinan los foristas
Ni el conservador David Cameron quien ganó las elecciones, aunque sin alcanzar una mayoría parlamentaría para gobernar sin alianzas, ni el actual partido laborista con Gordon Brown a la cabeza del gobierno, han podido hasta el momento en que escribo ésto, pactar con los liberales para alcanzar un respaldo que les permita conformar un gobierno estable. Pensamos que los Tories, los únicos que aumentaron sus escaños a costa de los laboristas y de algún que otro partidos nacionalista regional, son los que lo tienen más fácil numéricamente pues solo le faltan veinte votos y con los cincuenta y siete puestos que lograron los liberales, tendrían una mayoría más que suficiente para aprobar cualquier gabinete que se presente al parlamento. Sin embargo, existen puntos en el programa de los liberales, sobre todo en materia de reforma electoral, que están impidiendo un acuerdo en tal sentido. En un intento desesperado por no perder el poder, el propio Brown ha dicho que se haría a un lado, respondiendo así al requerimiento del líder del partido liberal Nick Clegg, y prometiendo renunciar en septiembre a su actual liderazgo al frente del partido laborista.
En España aun no hay un tercer partido político en discordia que pueda llevar, al menos en las próximas elecciones, a una situación como la británica de “hung parliament”; sin embargo existe actualmente una condición de “gobierno colgante” que tiene a los votantes de ese país indecisos en las encuestas. El PSOE acaba de subir en la última realizada, colocándose a un punto y medio del PP, después de una diferencia de hasta cinco puntos por parte de este ultimo. Otro gobernante en las circunstancias de Zapatero, que no supo parar los efectos de una crisis financiera mundial, que se agravó aun mas en España por condiciones propias, con una ola de críticas desde los organismos financieros internacionales que acaban de ser confirmadas por la UE al imponerle al país ibérico una lista de tareas, entre ellas un recorte de 15 mil millones de euros del gasto público en ano y medio, tratando de evitar se repita en España lo que pasó en Grecia, y que tan solo hace unos días culpaba a los especuladores de la caída en picada de la económica española, de modo similar a lo que hace Chávez en Venezuela, ya hubiera convocado a unas elecciones parlamentarias hace tiempo. Pero el sistema de gobierno parlamentario permite estas cosas, como también le permitiría a Brown en Inglaterra seguir gobernando en minoría, si Mr. Cameron y Mr. Clegg lo dejan, al no ponerse de acuerdo.
Zapatero gobierna en España con una mayoría parlamentaria relativa que no ha sido puesta aun a prueba. Que recientemente uno de sus aliados regionales como lo es CIU haya discursado en términos de una moción de censura contra el actual gabinete español es ya un aviso. Que la torpeza e indecisión de Rajoy no la materialicen es otra cosa. La crisis política y económica de España va más allá de la incapacidad de sus agobiados dirigentes políticos. Es una crisis profunda de valores, de preguntas sin respuestas, y lo que es peor, sin un liderazgo visible a corto plazo.
Gordon Brown sigue en Downing Street a pesar de quedar segundo en las elecciones. El conservador Cameron David ganó pero su victoria es insuficiente para presentarse a la Reina con el respaldo de la mayoría de los Comunes. Los liberal demócratas quedaron terceros y la gloria de su líder, , duró lo que duraron los tres debates televisivos.
Los mecanismos constitucionales, en un país sin constitución escrita, han quedado encallados. Brown dio todo el tiempo que precisen a conservadores y liberal demócratas para que zurzan una mayoría. David Cameron ha ofrecido a Nick Clegg negociar la formación de un gobierno y los liberales están dispuestos a hablar pero no se sabe cómo.
En 1974, Ted Heath siguió en Downing Street durante cinco días hasta que los laboristas de Harold Wilson obtuvieron la garantía de una mayoría parlamentaria. Alguien ha comparado lo que ha ocurrido hoy en Londres con aquellos patéticos recuentos de votos en las elecciones del estado de Florida que dieron finalmente la victoria a Bush en el año 2000 después de un pronunciamiento del Tribunal Supremo.
Gordon Brown puede seguir presidiendo el gobierno e incluso pronunciar el discurso de investidura que estaba previsto para el 25 de mayo. Pero sería posiblemente derrotado y tendría que dimitir. Los británicos no están acostumbrados a un, un parlamento colgado, en el que no hay mayoría clara.
La tradición indica que la Reina es la única persona que puede invitar a un político a formar gobierno y ser primer ministro. Por una convención antigua el monarca invita a formar gobierno a quien pueda tener una mayoría en la Cámara. Es tiempo por lo tanto de que los tres líderes intenten negociar una posible mayoría. Liberales y laboristas no la han obtenido. Se trata de saber si el pacto entre Cameron y Clegg es posible. Sinn Fein
Sería una alianza difícil. Porque los liberales exigirían el cambio del sistema electoral, una opción que todos los partidos siempre hablan en las campañas, pero que nunca llegan ni siquiera a plantear. La representación directa tiene muchas ventajas. La de que cada distrito sepa exactamente quién es su diputado es una de ellas. Pero la representación de los escaños no refleja lo que han decidido los electores.
Cameron ha obtenido 306 escaños con el 39 por ciento de los votos. Brown ha alcanzado 258 diputados con el 29 por ciento y Clegg se ha quedado con 57 escaños con el 23 por ciento de votos. Esta relación entre electores y diputados es del todo injusta. Pero ha funcionado porque se basaba en la idea del bipartidismo.
Un pacto entre conservadores y liberales tropieza con enormes dificultades de orden ideológico. Cameron es euro escéptico y Clegg es europeísta. Clegg exigiría el cambio de la ley electoral y los conservadores no querrán abandonar un sistema que les ha permitido gobernar largos periodos en los dos últimos siglos.
Las opciones quedan abiertas y es muy probable que Gordon Brown se apuntale en Downing Street mientras liberales y conservadores lleguen a un pacto que no será inmediato. No hay que descartar la convocatoria de nuevas elecciones si nadie consigue una mayoría para ser investido en la Cámara.
Los británicos son un pueblo práctico que no gasta excesivas energías en ideologías o en disputas estériles. El país está inmerso en una crisis económica y social de gran calado. La libra ha bajado y el gobernador del Banco de Inglaterra ha advertido que quien gobierne a partir de ahora se encontrará muchos años en la oposición.
El mensaje es que las medidas que habrá que tomar serán duras y desagradables, como está experimentando el primer ministro de Grecia. Pero habrá que hacerlas. En 1929 y 1974 los británicos eligieron un parlamento colgado. Eran años de crisis económica que se llevó por delante a muchos de los políticos de la época. El país no ha votado un cambio claro sino que se ha instalado en la confusión que vivimos todos los europeos. Los electores hablaron pero no se sabe lo que dijeron. John Major perdió las elecciones en 1997 y se fue a jugar al golf al día siguiente. Esta vez hay mucha tela que cortar en la batalla para presidir el gobierno británico.
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