lunes, 12 de julio de 2010

HOY EN EL CALENDARIO CUBANO, 13 DE JULIO


Antigua Lonja de Comercio en La Habana


• Santos católicos que celebran su día el 13 de julio:

- En el Almanaque Cubano de 1921:

Santos Anacleto, papa y mártir, Turiano, confesor y Santa Sara, virgen

- En el Almanaque Campesino de 1946:

Santos Francisco Solano, confesor Eugenio y Anacleto, papa y mártir y Santa Sara, virgen


El 13 de julio en la Historia de Cuba

• 1895 -

- Batalla de Peralejo. Las fuerzas cubanas pelearon bajo el mando de Antonio Maceo. Al morir el general Santocildes, jefe de la columna española, el Capitán General de la Isla, Martínez Campos, toma el mando de los soldados españoles. Los cubanos se quedan sin balas y se preparan a hacer frente con las bayonetas, cuando descubren que los cadáveres de los españoles tienen municiones en abundancia. Martínez Campos y lo que quedó de los 1500 españoles que salieron de Manzanillo llegaron a Bayamo ya entrada la noche. Los cubanos tuvieron 118 bajas entre muertos y heridos; muriendo el coronel Goulet, el coronel Sánchez y el comandante Moncada. Como de costumbre, los españoles dieron un parte oficial con cifras ridículas: 26 muertos y 97 heridos, y entonces ¿por qué huyeron? Maceo le envió una carta a Martínez Campos para que fueran a recoger los heridos que dejaron abandonados en el campo de batalla, lo cual no hicieron. Martínez Campos permaneció ocho días en Bayamo, no saliendo de esta ciudad hasta que llegaron refuerzos de Holguín, Manzanillo, Santiago de Cuba y Júcaro, en total más de cinco mil soldados españoles. Irónicamente Maceo ya se había marchado el día 15 para caer sobre Baire.

• 1812 -

- La Constitución de las Españas.

Emeterio S. Santovenia en “Un Día Como Hoy” de la Editorial Trópico, 1946, páginas 395-396 nos describe los acontecimientos del 13 de Julio de 1812 en la Historia de Cuba:

“El pueblo español fue colocado en el trance de defender su independencia contra la invasión francesa y la ambición napoleónica. Pero no se contentó con emprender y llevar a cabo esta obra patriótica. Sus hombres representativos quisieron también elaborar un código político lo bastante eficaz para elevar la condición de los súbditos de una monarquía progresista. De tales pensamientos y planes salió la reunión de las Cortes en Cádiz.

“Cuba fue tenida en cuenta cuando tomó forma y cuerpo la idea de dotar de régimen constitucional a las Españas. Diputados de esta Antilla acudieron a las Cortes de Cádiz: Andrés de Jáuregui y Juan Bernardo O'Gavan, como propietarios, y el marques de San Felipe y Santiago y Joaquín de Santa Cruz, como suplentes. Uno de éstos, Jáuregui, se vio exaltado a la presidencia de las Cortes. En tanto Jáuregui laboraba intensamente allá su mejor corresponsal en La Habana, el presbítero José Agustín Caballero, seguía en la Colonia los pasos del diputado amicísimo, comentaba en el Diario de la Habana las comunicaciones que aquel dirigía a sus comitentes, se mostraba entusiasta afiliado al pensamiento de introducir en la Isla reformas liberales y descentralizadoras y aparecía como autor de un atinado proyecto de gobierno autonómico para Cuba.

“La constitución de las Españas fue adoptada en 1812. En 13 de julio de ese año ancló en el puerto de La Habana el bajel de guerra Cantabria, conductor oficial de los primeros ejemplares del código político concluido en Cádiz. Con aquellos ejemplares llegaron las órdenes relativas a la publicación y al régimen en este país de la carta fundamental. La novedad era trascendental. Espíritus liberales se sintieron exaltados ante la existencia de una ley reguladora de las funciones primordiales del Estado y de los derechos y deberes esenciales de los españoles, entre los que se hallaron incluidos los ultramarinos de raza blanca.

“La ley de leyes conocida en La Habana el 13 de julio de 1812 fue publicada el 21 y jurada por las autoridades civiles el 25 y por las tropas el 27, todo en medio de la mayor pompa. Al amparo de esta constitución nacieron diputaciones, ayuntamientos y libertades.

“Muchas innovaciones jurídicas se hubiesen introducido en Cuba si se hubieran aplicado los preceptos de la constitución de Cádiz en debida forma. Pero se estuvo muy lejos de ello. La primera autoridad de la Isla, Juan Ruiz de Apodaca, se avenía malamente con el espíritu y las tendencias del nuevo código político. Creó obstáculos de todo género a su vigencia efectiva. Prefirió el, según la frase de un panegirista suyo, para librar de perturbaciones a los pueblos, dejar las cosas en su ser antiguo, limitándose a mudar sus nombres.”





Joaquín de Agüero

En Próceres
Por: Néstor Carbonel

“Nació el 15 de noviembre de 1816.”
“Murió el 12 de agosto de 1851.”


“No comenzó la gloria y el martirio de la patria cubana, no comenzaron los cubanos a sangrar y a morir por la libertad, el 10 de octubre de 1868. Diez y siete años antes del levantamiento de Yara, había resonado en los montes del Camagüey, Trinidad y Pinar del Río, el mágico grito de ¡guerra al tirano! y habíanse estremecido sus llanuras bajo la correría fantástica de la montonera rebelde... ¿Quiénes sacaron a pelea, entonces, a los hijos de Cuba? En Camagüey, un caballero rico y culto y del más puro linaje: Joaquín de Agüero, de los primeros en la legión de nuestros mártires! Ahogaron en flor aquella revolución. Pero la huella sangrienta quedó en el camino recorrido. En la Sabana de Arroyo Méndez, abonada por la sangre del precursor resuelto, quedaron esparcidas las semillas que más tarde habían de fructificar. La senda del honor está odornada de cruces; pero siempre habrá quienes emulen a los que en ella perecieron! La muerte en el campo de batalla, en el cadalso o en el presidio, no intimida, si el que allí muere sabe hacer de su muerte bandera y pedestal. Un héroe que cae estimula más que acobarda a los que se sienten capaces de ser héroes. No pensaba Céspedes en ponerse al frente de un movimiento revolucionario; no había nacido Martí, y ya Joaquín de Agüero ofrendaba su existencia por la misma causa que la ofrendaron más tarde, el primero en San Lorenzo, el segundo en Dos Ríos...

“Fruto de un matrimonio honrado, vino a la vida en Camagüey. En la propia casa tuvo su primer maestro. Luego recibió esmerada educación en las mejores escuelas de la ciudad. Más tarde vino a la Habana, donde se graduó de bachiller en leyes. Y si no se hizo abogado, como era su deseo, fue debido a que, enfermo su padre, lo llamaron precipitadamente para confiarle la dirección de sus intereses. A poco de encontrarse de nuevo en su ciudad natal, el amor, siempre vigilante, lo encadenó con sus dulces cadenas. Meses después de formar su hogar, le dijeron adiós para siempre, uno tras otro, su madre y su padre. A la muerte de seres tan queridos, tomó posesión de una considerable fortuna. Dueño de ésta, no pensó, como la juventud alocada, en hacerse un palacio y vivir en la holganza, sino en trabajar y ser útil a los suyos y a su país. Y fue su primer acto público, entonces, fundar una escuela gratuita en Guáimaro. En pago de acción tan generosa, el Gobierno local le dio las gracias y la Sociedad Económica le confirió el título de socio de mérito.

“Llevado de su alma liberal, de su corazón bondadoso, concibió el propósito de dar libertad a los esclavos que había heredado. Y lo realizó. Arranque inaudito para los que traficaban con carne humana, fue interpretado infamemente por el Gobierno, que lo sometió a procedimientos lesivos. ¡Ni derecho a hacer de lo propio lo que le viniera en ganas, tenían en aquellos tiempos los pobres cubanos! En más de una ocasión trataron de complicarlo en supuestas conspiraciones. Deseoso de alejar de su persona estas sospechas, se fue a los Estados Unidos, lugar donde sólo permaneció unos tres meses. A su regreso, vióse nuevamente sometido a interrogatorios, terminados los cuales pasó al campo, a cuyas faenas se dedicó durante algunos años. Después de un viaje a Canarias, adonde fuera ansioso de promover la inmigración blanca, se estableció de nuevo en Camagüey.

“Señalado, en 1851, como autor de los folletos y proclamas que circulaban, hostiles a España, prefirió a la ciudad abyecta el monte puro. Y al monte fuése seguido de nueve compañeros. Declarado rebelde, determina fomentar una revolución en contra del poder opresor, llevando como ideal la libertad e independencia de Cuba. Moviéndose de un lado a otro, esquivando encuentros, logra reunir unos sesenta hombres dispuestos como él a combatir. A todos previene y les hace conocer el objeto de la revolución. Pero la desdicha lo persigue, y su campamento es asaltado. Dispersa su gente, huye por los maniguales. Reorganizados de nuevo, concibe el plan de atacar a las Tunas. Y otra vez la fatalidad lo vapulea: preparadas sus fuerzas para el asalto, establecidas las consignas, al romper el fuego, se desconocen, y se arremeten con furia unos a otros. En tanto, la tropa enemiga, que comprende el error sufrido, les carga rápidamente. Perseguidos de cerca, como venados por jauría hambrienta, logran algunos ganar el bosque Agüero entre éstos. Sano y salvo, aunque maltrecho, espera, todavía confiado, noticias de otros levantamientos. ¡Mas todo en vano!

“Con Agüero escaparon tres más: Miguel Benavides, Ubaldo Arteaga y Adolfo Pierra. Los cuatro, después de dos días de vagar a la ventura, de sufrir hambre y sed, llegaron a la hacienda El Júcaro. Allí se reúnen con otros compañeros. Durante su permanencia en esta finca, tuvieron en más de una ocasión que salir huyendo de la persecución de la tropa española o de las partidas de campesinos mandadas por capitanes de partido. Conocida una proclama del general Lemery, en la cual éste ofrecía indulto a los que se acogieran de nuevo a la ley, Agüero deja en libertad de acción a los que le habían seguido. Cinco juraron acompañarlo hasta lo último, resueltos a morir con él. Y estos cinco comenzaron una odisea triste, espantosa. Ansiosos de ver si se podían embarcar para los Estados Unidos, caen en manos de un traidor, que los delata. Norberto Primelles es el nombre de éste: ¡sirva su nombre, como la, sombra, para hacer resaltar más el esplendor de sus víctimas!

“En espera del bote salvador, del bote que los había de conducir al barco amigo, fueron acorralados y cogidos prisioneros, y luego abofeteados y vejados inicuamente. Atados los brazos por detrás y con la misma cuerda anudada en los tobillos, echaron a andar. El víacrucis fue largo. Donde quiera que hacían alto, eran puestos en cepos y sometidos a otros tormentos. Y cuando al fin llegaron al Camagüey, paseados fueron por la ciudad y encerrados luego en un calabozo. Largos y mortales días pasaron allí, hasta la celebración del Consejo de Guerra. De los compañeros de Agüero, de aquellos cinco bravos, dos fueron condenados a cadena perpetua. Los otros tres, Agüero entre ellos, a ser muertos en garrote vil. Cuando Agüero se enteró de la sentencia, sacó un espejito del bolsillo y pasándolo a sus compañeros, les dijo: "Hijos míos, miraos esas caras patibularias." ¡Qué entereza la de aquel hombre, que aun en la antesala de la Eternidad, supo, con un chiste, arrancar risas a sus compañeros!

“A las seis de la mañana del día 11 de agosto de 1851 entró Agüero en capilla, y con él sus compañeros Betancourt, Zayas Y Benavides. Y al amanecer del día siguiente, fueron conducidos, entre toques de corneta y redobles de tambores, a la Sabana de Arroyo Méndez, lugar distante una media legua de la ciudad del Camagüey, y allí, en la imposibilidad de ejecutarlos en garrote, -ya que los camagüeyanos buenos, creyendo poder evitar el alevoso asesinato, habían envenenado al verdugo-, fueron fusilados por la espalda. Allí, en aquella Sabana, escenario triste de un drama horrendo, abandonaron la vida, enamorados de un sublime ideal, cuatro cubanos ilustres, y entre esos cuatro, el que por su grandeza y su martirio, bien merece el tributo de un recuerdo constante, un mármol o un bronce que perpetúe su figura y que diga a las generaciones vivas quién fue uno de los primeros en la senda del deber y en la del martirio...”



Gabriela de Varona
en Patriotas Cubanas
por la Dra. Vicentina Elsa Rodríguez de Cuesta


Gabriela de Varona conocida en la Revolución con el nombre de “La Golondrina”, nació en la. provincia camagüeyana.

Llena de fe, con un corazón bondadoso y con un carácter de suprema energía, abrazó la causa de 1868 y desde entonces, puede asegurarse que no descansó trabajando siempre a favor de Cuba.

Esta benemérita patriota fue de las mujeres cubanas que más servicios prestaron en la causa de la Libertad, una de las que más penalidades sufrió y seguramente de las que más ingratitudes recogió por su labor magnífica y desinteresada.

Perseguida, desterrada y con todos sus bienes embargados, luchó sin descanso sobreponiéndose a tantas desdichas.

Haciendo un recuento a grandes rasgos de la vida de esta cubana ejemplar diremos lo siguiente:

En la revolución de Yara perdió a su esposo, a su padre y a sus tres hermanos. Al terminar la guerra no quedaba un solo hombre vivo en su familia.

En el 1895, su casa fue centro de conspiración y acordados todos los planes a seguir, salió personalmente a la manigua acompañando a los soldados de la Revolución.

Con las pocas joyas de oro que le quedaban mandó a fundirlas para regalarle las estrellas al insigne Generalísimo Máximo Gómez. Estrellas que le envió envueltas en una estampa de la santa patrona de Cuba, Nuestra Señora de la Caridad del Cobre.

Pasó prisiones horrendas en la “Casa de las Recogidas”. Puesta en libertad siguió trabajando por la independencia de Cuba.

En la paz, jubilosa por el hecho de ver libre su patria, sin pedir nada, necesitándolo todo y arrastrando una vida de grandes miserias, terminó sus días en la Ciudad de Camagüey, cuna de las gloria de los Agramontes, los Agüero y de tantos muchos, que aunque suman legiones, no eclipsaron la gloria de Gabriela de Varona.

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