domingo, 18 de julio de 2010

HOY EN EL CALENDARIO CUBANO, 19 DE JULIO


En el Carnaval de Santiago de Cuba


• Santos católicos que celebran su día el 19 de julio:

- En el Almanaque Cubano de 1921:

San Vicente de Paul, confesor y fundador y Santas Justa y Rufina

- En el Almanaque Campesino de 1946:

San Vicente de Paúl, confesor y patrono de las Casas de Caridad Santas Justa y Rufina, vírgenes



El 19 de julio en la Historia de Cuba

• 1898 -

- Los ejércitos aliados (cubano y americano) tomaron el fuerte llamado El Viso, en el Caney. El general español Vara del Rey no tomó parte en la acción decisiva, siendo muerto cuando lo conducían en camilla hacia Cuabitas... Fue abandonado en pleno campo.

• 1797 -

- Británicos en Casilda, Trinidad.

Emeterio S. Santovenia en “Un Día Como Hoy” de la Editorial Trópico, 1946, páginas 407-408 nos describe los acontecimientos del 19 de Julio de 1797 en la Historia de Cuba:

“Entre alternativas de acontecimientos felices y sucesos infaustos se desarrollaba la vida de Trinidad en las postrimerías del siglo XVIII. La antigua ciudad lo mismo recibió por entonces impulsos decisivos para su progreso que experimentó quebrantos duros. En 15 de marzo de 1793, verbigracia, un incendio violentísimo convirtió en cenizas ciento ochenta y tres de sus casas. Sin embargo, pronto logró reponerse de tan grave desgracia, como si estuviera, efectivamente, predestinada a conocer casi a un tiempo la bienandanza y la adversidad.

“En el número de los adelantos alcanzados en aquellos días por Trinidad se encontró su elevación a tenencia de gobierno. Se apreciaba su importancia incuestionable, pues era grande el movimiento comercial allí desarrollado. Las autoridades coloniales tuvieron para la ciudad y su jurisdicción iniciativas saludables, como sin duda lo fue la mencionada. También se proveyó la nueva tenencia de gobierno de elementos defensivos. Además, tuvo la buena suerte de ser manejada por hombres prudentes, animosos y justos. El teniente coronel Luis Bassecourt, el primero en ocupar la tenencia de gobierno recién creada, fue uno de esos varones de mérito.

“"Dedicábase allí este jefe con afán -escribió Jacobo de la Pezuela- a adiestrar las milicias cuando, a las diez de la mañana del 19 de julio, los vigías de Puerto Casilda le avisaron la aparición de una fragata de guerra y dos bergantines enemigos. Tocóse inmediatamente generala, acudiendo sin retardo la poca milicia de la ciudad y sus contornos, unos cuatrocientos hombres muy desigual e incompletamente armados. A su vista dieron al día siguiente caza y apresaron los ingleses, aunque no sin porfiada resistencia, a un corsario español del mismo puerto y a una embarcación francesa. Con ambas presas, a pesar del vivo fuego de la batería de Casilda y de las milicias allí apostadas por Bassecourt, y aunque por algunas horas se le varase la fragata junto a los arrecifes del llamado Cayo Blanco, también se empeñaron los ingleses en apoderarse de varios buques mercantes refugiados en el fondeadero y desamparados por sus tripulaciones desarmadas."

“Los británicos fueron contenidos por las medidas oportunas de Bassecourt, que, arreciando el fuego desde la plaza y aprovechando la resolución de sus milicianos, amenazó con avanzar al abordaje en las lanchas allí reunidas. Los servidores de la Gran Bretaña se apresuraron a salir del puerto. Experimentaron algunas pérdidas. Los de Trinidad no sufrieron ninguna. Pedro José Armenteros, el alcalde José Mariano Borrel, el regidor Juan Padrón y Jaime Max secundaron bizarramente a Bassecourt. La intrepidez con que todos acudieron a oponerse al enemigo en 19 de julio de 1797 suplió las deficiencias del puerto de Casilda, tan en peligro en aquella ocasión.”





Angela González Tort
En Patriotas Cubanas
Por: la Dra. Vicentina Elsa Rodríguez de Cuesta


Angela González Tort nació en el barrio de Fray Benito, municipio de Gibara, en la provincia de Oriente.

Tenía 16 años cuando en el 1895 se lanzó heroicamente a la manigua insurrecta a combatir por la independencia de Cuba.

El Coronel Remigio Marrero la nombró abanderada y ya desde ese momento puede considerarse que la tricolor enseña de la estrella solitaria fue su túnica durante el resto de su vida y su digno sudario cuando la muerte cerró para siempre sus inmensos ojos.

Fue combatiente activa, abanderada y enfermera, desempeñando todas estas misiones con brío sereno y con valor innegable.

Contrajo matrimonio en la manigua, siendo al poco tiempo hecho prisionero su esposo por los enemigos.

Angela González se impuso desde ese momento la misión de salvarlo de la muerte segura ante el piquete del fusilamiento.

La esposa del General March, Jefe Militar entonces del Distrito de Holguín, mucho la ayudó en su humana petición. Tras muchas penalidades consigue que el General Blanco indulte al prisionero sin compromiso alguno en que el honor de ambos pudiera quedar entredicho y los dos marchan de nuevo a combatir por la independencia de la Patria en el mismo lugar de donde salieron el día aciago donde el compañero de su vida fuera capturado.

Inmediatamente Angela reanudo sus deberes abandonados un tiempo, y puede asegurarse que no falló ni flaqueó nunca ante el combate.

Su hoja de servicios a la República mambisa es de una ejecutoria brillante y de una conducta sin reproches de ninguna clase.

Fue madre varias veces en los campos de la redención, sin que sus deberes maternales, le hicieran desistir de sus propósitos heroicos. Soportó enfermedades, miserias, hambres. Paso noches enteras a la intemperie, sin tener en ocasiones ni con que cubrir sus carnes laceradas por los rigores de la contienda bélica.

Vio morir de fiebres malignas a algunos de sus hijos, criados en los mismos campos de batalla; en sus brazos exhaló el último suspiro el compañero de su vida herido por el plomo de los opresores en reñidísimo combate. Pero nada de esto aminoró en Angelita su deseo vehemente de ayudar con su esfuerzo a la libertad de Cuba.

La heroína de tantos episodios de honor y de dolor, alcanzó al fin la libertad tan caramente conquistada, y vivió tranquila en su Gibara natal, sin honores ni riquezas hasta hace relativamente pocos años en que dejo de existir, un 24 de Febrero del año 1946, cuando se cumplían exactamente cincuenta y un años del inicio de la última de nuestras guerras, donde ella amo, sufrió y luchó.




En Próceres
Por: Néstor Carbonel


Gonzalo de Quesada

“Nació el 15 de diciembre de 1868.”
“Murió el 9 de enero de 1915.”


“Su muerte fue como la caída de un árbol en plena floración, como el eclipse de un sol en pleno mediodía. Limpia la frente ancha, negros todavía los cabellos largos, la Intrusa lo arrebató a la vida... La patria, con el perdió un gran hijo, un ejemplar servidor, un hombre de esos que cuando en su seno el valor moral se ponía en fuga, atraía las miradas florecidas de esperanzas. De Martí fue amigo, hermano, hijo. A su lado, al lado de aquel gran corazón y gran cerebro, se abrieron las rosas de su alma y de su inteligencia. De ahí, acaso, la dulzura de su trato, y aquella piedad por los humildes, y aquel constante pensar en su tierra, y en el libertador sublime, sin odio y sin ambiciones. Sin haber llevado machete al cinto, ni montado a caballo, sirvió a la patria de manera que, si se aquilatasen los servicios, los suyos rebasarían a los de muchos que por haberse hallado una vez en el combate, ya se creen ungidos por la gloria eterna y capacitados para ponerse de pie sobre los demás. Gonzalo de Quesada tuvo ternuras de poeta y firmezas de estadista. Para parecerse más a su Maestro, la maledicencia le hizo blanco, en ocasiones, de sus pellizcos infames. Hoy, pocos lo recuerdan. Pero mañana la gratitud nacional lo glorificará, y su nombre será como faro señalador y guía en los caminos de la Historia...

“En el año primero de nuestra lucha por la libertad, en aquel en que Céspedes, iluminado por la gloria, hizo tremolar en Yara la bandera de la redención, nació en la ciudad de la Habana. Un lustro tenía apenas cuando su familia -y él con ella- pasó a residir en New York, refugio entonces de innumerables cubanos, y asiento de la Junta revolucionaria. En New York cursó enseñanza elemental, graduándose a los veinte años de bachiller en ciencias, y a los veintidós, (le abogado en la Universidad de Columbia. Doctor en leyes de los Estados Unidos, el porvenir le sonreía, abriendo ante sus ojos mirajes seductores. Pero como el no había dejado de ser cubano ni quería dejar de serlo, no alentaba más sueño que el de la patria libre. Y a pensar en Cuba se consagró, y a loar sus héroes, y a rememorar sus páginas brillantes. Fue entonces que conoció al que había de ser como su padre espiritual, al dulce y evangélico Martí. Invitado por este, toma parte en la velada que en conmemoración del 10 de octubre de 1868 tuvo efecto en 1889. Esa noche pronunció Gonzalo su primer discurso, lleno de vehemente entusiasmo y honda ternura por aquellos hombres, los padres de la iniciativa estupenda.

“A los veintiún años fue nombrado Secretario de la Delegación Argentina en el Congreso Panamericano celebrado en Washington. A la terminación de este Congreso, fuese a la tierra del Libertador San Martín, acompañando, en calidad de secretario particular, al distinguido hombre público de aquella república señor Roque Sáenz Peña. Al lado de tan notable personalidad diplomática y política, aquilata sus conocimientos y ensancha sus relaciones sociales. A su regreso de la Argentina, meses después, vino investido con el nombramiento de Cónsul de la flamante República del Sur en Filadelfia, cargo éste que renunció a poco, de acuerdo con Martí, para poder libremente dedicarse a la propaganda revolucionaria, a avivar en los cubanos emigrados la llama del ideal de independencia.

“Constituido por Martí, después de su viaje por Tampa y Cayo Hueso, el Partido Revolucionario Cubano, Gonzalo (le Quesada es nombrado Secretario del mismo. En este puesto dio pruebas inequívocas de inteligencia y actividad, y lealtad grande al que llamó Maestro, y los cubanos todos ven hoy transfigurado en Cristo, en un Cristo predicador (le la guerra, que es la muerte, para sanear la vida, que es la paz. Gonzalo de Quesada, durante el desempeño de la Secretaría del Partido Revolucionario Cubano, prestó servicios eficacísimos a la causa por la que perennemente soñaba en dar la vida. Sí, porque el buen Gonzalo, como Martí, anhelaba la hora de pelear, y morir, si era necesario, por el bien de todos. No pudo el joven batallador cumplir, como lo cumplió el Maestro, sus generosos deseos. Otras tareas más difíciles se le encomendaron, y en su cumplimiento abandonó el propósito de ser de los combatientes de fila, de ser un soldado más en la legión gloriosa de bravos.

“Cuando más se creció su personalidad fue en 1894. Detenidos, apresados en Fernandina los barcos que habían de llevar a Cuba varias expediciones, Martí, enloquecido, sintiendo como que el pecho se le rompe, cargando la cruz de la impotencia, lo manda a que recorra las poblaciones de la Florida, nidales de patriotas, y a que reanime la fe de los caídos, y pida que redoblen el esfuerzo, y que al trastorno y horror del fracaso, surgiera más potente otra combinación. Quesada, después de cambiar impresiones con Martí, se pone en camino, y llega primero a Tampa, donde visita todos los talleres, y pide en nombre del Apóstol la "limosna del buen día de trabajo". Su viaje por Tampa, como por Cayo Hueso, fue fructífero, fue un triunfo. Parecía iluminado por los resplandores del cielo, en aquellas batallas del pensamiento y del corazón!

“A su regreso a New York, ya no encontró al Maestro. No tuvo, pues, a quien contar sus miedos y sus arrebatos durante la excursión. Martí había salido, después de dar la orden de levantamiento, para Santo Domingo, a fin de, uniéndose al general Máximo Gómez, caer, no importaba como, sobre la patria, ya en pie y ceñido el gorro frigio de la libertad. Alejado Martí de la Delegación, quedo de hecho en funciones de Delegado, Gonzalo de Quesada. Después de la tragedia de Dos Ríos, y de haberse celebrado elecciones, fue nombrado sustituto de Martí Tomás Estrada Palma, quien lo confirmo en el puesto de Secretario del Partido. En Washington fue el, durante la guerra de independencia, el cubano que más hizo en favor de los suyos. Numerosos senadores y representantes americanos lo distinguían con su amistad y afecto personal. Y todo eso lo supo aprovechar en favor y bien de su pobre tierra, heroica y desdichada. En la Joint Resolution del 19 de abril de 1898, la que trajo la ayuda de los americanos, él puso las manos.

“Vencida España por la superioridad de los Estados Unidos, terminada la contienda, firmada la paz, fue elegido Delegado a la Asamblea de Santa Cruz del Sur, primero, y más tarde a la Convención Constituyente. Fue entonces que supo lo que era ser de los redentores. Fue entonces que se vio acusado por compatriotas suyos de no amar su tierra como se debía; de que andaba escarbando en los cimientos todavía bamboleantes de la patria.

“Inaugurada la República, fue proclamado representante por la provincia de Pinar del Río, honor a que renunció por haber sido nombrado Ministro Plenipotenciario en Washington, sitio en que se juzgaron más necesarios sus servicios. Porque lo creyó así el entonces Presidente Tomás Estrada Palma, y porque así lo estimara él también, salió sin casi haber tenido tiempo para calentarse el corazón bajo el sol radiante de su Cuba. En Washington prestó muy significados servicios. A el se debe el tratado de Reciprocidad. Y es notable de veras su alegato defendiendo ante la Corte Suprema americana la posesión de la Isla de Pinos para Cuba. Al tomar las riendas del Poder el general José Miguel Gómez, Gonzalo de Quesada dejó de representar a Cuba en los Estados Unidos, pasando, meses después, con la misma categoría que había sustentado en la nación vecina, a representarla en Alemania.

“En 1904 asistió como Representante de Cuba a la Exposición de San Luis, y en 1906, en calidad de Delegado, al Congreso Panamericano de Río Janeiro. En 1907 llevó, junto con otras ilustres personalidades, la representación de Cuba en la segunda Conferencia Internacional de la paz, celebrada en La Haya. Luego, en 1910, asistió al Congreso Panamericano de Buenos Aires. En Alemania, como ministro, estuvo desde 1910 hasta la hora de su muerte. Allí conquistó honores para Cuba. Su libro titulado La Patria Alemana le valió la estimación de Guillermo II, expresada en carta autógrafa que de seguro conservará su viuda.

“No fue La Patria Alemana el único libro que publicó Quesada. Anteriormente, en sus mocedades, había recopilado, bajo el título de Mi Primera Ofrenda, discursos, artículos y cuentos de sabor patriótico casi todos. Luego, con el título de Patriotismo, dio a la luz un libro de cuentos traducidos del francés, y más tarde, Ignacio Mora, relato histórico de los martirios que sufriera la familia camagüeyana de este insigne patricio. Después, acaso no publicó otros de su cosecha por atender a las obras de Martí, las que, con esfuerzo merecedor de eterna gratitud, venía publicando.

“Lejos de su tierra y de sus paisanos, pero pensando siempre en ella y en ellos, rindió la última jornada. Hoy descansa en su suelo, y su alma, si es verdad que existe el alma, debe estar en esta hora al le do de la de aquel que, de haber vivido, se hubiera tenido que preguntar a ratos, recordando a Bolívar: "He arado en el mar?”

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