
Santa Ana en Jesús de Miramar, Marianao
• Santos católicos que celebran su día el 26 de julio:
- En el Almanaque Cubano de 1921:
Santa Ana, Madre de Nuestra Señora, Santos Pastor y Valente, confesor y Santa Laduosia, mártir
- En el Almanaque Campesino de 1946:
Santa Ana, Madre de Nuestra Señora, Santos Pastor y Valente, confesores y Santa Laduosia, mártir
El 26 de julio en la Historia de Cuba
• 1762 -
- Muerte de Pepe Antonio - Guanabacoa.
Emeterio S. Santovenia en “Un Día Como Hoy” de la Editorial Trópico, 1946, páginas 421-422 nos describe los acontecimientos del 26 de Julio de 1762 en la Historia de Cuba:
“La vida de José Antonio Gómez y Bullones, nacido en Guanabacoa a mediados de 1707 y conocido en la tradición y en la historia de su país con el nombre de Pepe Antonio, no hubiese pasado de ser una de tantas, sin relieve singular, de no haberle deparado la suerte la oportunidad de poner de manifiesto hasta dónde era capaz de llegar por su denuedo y su entereza. La invasión de La Habana por los ejércitos británicos en 1762 ofreció coyuntura favorable al desarrollo de la acción y las aptitudes del alcalde provincial de Guanabacoa.
“"Cojímar -escribió Francisco Calcagno- fue el teatro principal de sus heroicidades: allí, con su segundo, el teniente Ruiz, de Villaclara, y con su cuadrilla de valientes campesinos, los más a su costa armados de machetes, afrontó los cañones británicos, y diversas veces destrozó y puso en desordenada fuga las aguerridas huestes de Albión. El 18 de junio remitió a Prado once prisioneros; el 23 hizo cuatro y doce negros de Jamaica; el 5 de julio les quitó la mayor parte del ganado, haciéndoles varios muertos; el 16 los obligó a evacuar la villa; pero fue su hazaña principal la del 12, en que arremetió a las avanzadas inglesas, les mató 26 hombres, tornando el día 13 a la plaza con 83 prisioneros..."
“Todos, propios y extraños, amigos y enemigos, admiraron las proezas realizadas por Pepe Antonio en poco más de un mes. Personificó la conducta de esforzada lealtad observada por los cubanos para con España frente a la agresión británica. Pepe Antonio fue uno de los criollos, y entre éstos descolló, que creyeron, sin vacilaciones ni decaimientos, que su deber ineludible consistía en coadyuvar a la defensa de los intereses atacados por la Gran Bretaña en Cuba.
“La envidia apareció para herir de muerte al héroe de Guanabacoa. Lo que la metralla británica no había logrado lo consiguieron ciertos servidores de la causa española. El coronel Carlos Caro, a cuyas órdenes se hallaba Pepe Antonio, quiso hacer apurar las mayores amarguras al lugarteniente que eclipsaba su nombre. Lo llamó a Jesús del Monte. Lo increpó. Lo trató con aspereza indigna de su conducta. Y esto causó tal efecto en el animoso guerrillero que, para repetir las palabras de, un historiador, murió de pesadumbre, el 26 de julio de 1762, poco después de habérsele quitado el mando de una fuerza creada, armada y organizada sin auxilio alguno extraño y sólo por su diligencia e intrepidez-”

María Luisa Mendive
en Patriotas Cubanas
por la Dra. Vicentina Elsa Rodríguez de Cuesta
Esta ilustre patricia nació en La Llanada, bario del Municipio de San Luis, en la provincia pinareña, la región de Cuba donde sin más profusos los pinares y más rica la hoja del tabaco, en el año de 1879.
Hija del inolvidable don Rafael María Mendive, Director del Colegio “San Pablo” y célebre maestro de José Martí, el Apóstol de nuestras libertades patrias.
Procedente de familia distinguida, de abolengo patriótico y educada primorosamente por su progenitor inolvidable, vio pasar los días de su infancia en la placidez de la campiña vueltabajera, donde todavía se conoce con el nombre “Las Mendive”, la hacienda ubicada en La Llanada, donde María Luisa y sus hermanas vivieron durante mucho tiempo.
A la edad de 16 años, encontrándose residiendo en la Capital de la República, las sorprende la gesta heroica de 1895.
La bella pinareña, en las primicias de la juventud, trota sus ilusiones de amor, por su adoración a la Patria, cuya libertad plena ansía. “Hilda” es el nombre con el cual era conocida por los libertadores de la provincia habanera, seudónimo que usó para no comprometer a su familia.
Fue María Luisa agente del General Rafael García Osuna. Recogía ropa, zapatos, medicinas y balas y llevaba a campo insurrecto en todos días tenebrosos de la Reconcentración ordenada por el tristemente célebre Valeriano Weyler.
La hermosa tarde en que las tropas mambisas de Rafael de Cárdenas entraron en Guanabacoa, la heroica Villa de Pepe Antonio Gómez, María Luisa Mendive vistió su primer traje largo y peinó en alto su hermosa caballera, para festejar con extraordinaria alegría el triunfo de los cubanos.
La muerte, que la rozó muchas veces, respetó su vida joven y hermosa, y quien expusiera en el monte su existencia, tuvo la gloria de contemplar la Independencia de Cuba.
Restablecida la paz, sirvió a la República desde otros ángulos, constituyendo, durante el resto de su prolongada existencia, una ciudadana útil a la Patria por quien tanto lucho.

Máximo Gómez Báez
El Generalísimo
Patriotas Cubanos
Biografías Cubanas
Generalísimo Máximo Gómez
Nació Máximo Gómez Báez en Baní, República Dominicana, el 18 de noviembre de 1836 y falleció en la Ciudad de La Habana el 17 de junio de 1905. En julio de 1865 vino de su patria como comandante de la Reserva Dominicano destacada en Santiago de Cuba. Había cumplido los veintinueve años de edad. Al estallar la guerra del 68 se incorporó a la revolución distinguiéndose de tal manera, que de sargento llegó prontamente a la categoría de Jefe de Oriente, substituyendo a Ignacio Agramonte (al caer sobre el campo de batalla) en la jefatura de las fuerzas camagüeyanas en donde comenzó esa serie de operaciones -entre ellas el paso de la trocha del Júcaro (1875)- que lo llevaron o la Jefatura en Jefe de todo el ejército de la Revolución. Desgraciadamente era ya tarde. Las disensiones habían minado aquel formidable organismo de redención y fuerza les fue a los cubanos aceptar la paz del Zanjón en espera de mejor oportunidad. Y pasó a la emigración (el presidente Soto de Honduras le aceptó en su ejército).
José Martí tuvo la visión del guerrero y olvidando diferencias del pasado le ofreció la Jefatura militar de la Revolución que estaba preparando. Y con Martí embarcado vuelve a Cuba para librar la guerra decisiva. De acuerdo con su Lugarteniente Maceo planean y llevan a cabo la invasión de Occidente burlando las famosas trochas, inflingiendo sendas derrotas a los ejércitos hispanos y venciendo y humillando a cuarenta y dos generales españoles, entre ellos el feroz Weyler, última esperanza de la caciquería gubernamental de la metrópoli.
Máximo Gómez es el máximo militar cuyo nombre está unido a la historia de la epopeya libertadora cubana desde que Carlos Manuel de Céspedes se levantó en La Demajagua hasta que la bandera española como signo de soberanía fue arriada en 1898. En la paz y bajo la República vivió como ciudadano y aun capacitado legalmente para ocupar la presidencia de la República ni siquiera intentó, pese a su enorme prestigio, postular su candidatura. Soportó las injusticias y mortificaciones que le depararon las pasiones políticas con cívica y noble conducta. Murió pobre. Las generaciones que se han sucedido conservan intacta la admiración y devoción que ha merecido el Generalísimo por haber conducido al país hasta las riberas de la independencia creando en lo militar una táctica no aprendida en las academias, sino sobre el campo de batalla fruto de su genialidad.
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