
En Santa María del Mar, La Habana
• Santos católicos que celebran su día el 27 de julio:
- En el Almanaque Cubano de 1921:
Santos Pantaleón, Constantino, mártires y Santa Juliana, virgen y mártir
• Natalicios cubanos:
Mitjans Alvarez, Aurelio: -Nació en La Habana el 27 de julio de 1863 y murió en la misma el 12 de octubre de 1889. Estudió en el colegio de Belén y cursó Derecho en España, dedicándose especialmente a las bellas letras: a la poesía con algunas pocas composiciones y a la historia y crítica, dejando su monumental “Estudio sobre el movimiento científico y literario de Cuba” que se publicó después de su muerte y prologó Rafael Montoro, “Estudios Literarios e Historia de la Literatura Cubana”.
El 27 de julio en la Historia de Cuba
• 1896 -
- Desembarcó el “Wanderer” en el Morrillo, Pinar del Río, al mando del coronel Federico Pérez Carbó.
• 1870 -
- Desembarcó el “George B. Upton” en la costa norte de Oriente, entonces jurisdicción de Holguín, conducida desde Jamaica por Francisco Javier Cisneros al mando del coronel Mariano Loño, que fue descubierta por los españoles, siendo casi todos hechos prisioneros y ocupado el parque. El coronel Loño, perdido en el monte, fue sorprendido entre Cuaba y Holguín y murió defendiéndose.
• 1859 -
- Reforma del Régimen Municipal.
Emeterio S. Santovenia en “Un Día Como Hoy” de la Editorial Trópico, 1946, páginas 423-424 nos describe los acontecimientos del 27 de Julio de 1859 en la Historia de Cuba:
“Doscientos ochenta y cinco años, con sólo algunas interrupciones circunstanciales, estuvieron rigiendo en Cuba las ordenanzas municipales del oidor Alonso de Cáceres. Este cuerpo legal satisfizo grandes exigencias públicas a lo largo de cerca de tres siglos. Aunque las leyes dictadas para Indias se hallaban inspiradas en principios tendientes a satisfacer necesidades y conjurar conflictos de toda índole, con frecuencia se veía perturbada la normalidad de los gobiernos locales por causas que se juzgaron debidas al sistema de normas creado para dirigirlos.
“La dominación de los británicos en La Habana, el régimen constitucional nacido de las Cortes de Cádiz en 1812 y las ligeras innovaciones introducidas en la organización institucional de los gobiernos locales en el curso del segundo cuarto del siglo XIX fueron otras tantas alteraciones experimentadas por las ordenanzas municipales de La Habana y de los demás pueblos de Cuba compuestas por Alonso de Cáceres. Pero la masa de sus preceptos, lo fundamental del sistema, quedó siempre en pie. La acción del tiempo y la evolución social eran incapaces para destruir el monumento legislativo formado por el famoso oidor de la audiencia de La Española o Santo Domingo.
“A poco de entrar en la segunda mitad del siglo XIX Cuba fue objeto de la atención de la Metrópoli por lo que tocaba a lo esencial de sus instituciones municipales. En 27 de julio de 1859 fue dictado un real decreto para la organización y régimen de los ayuntamientos de la Isla. Hasta entonces no dejaron de regir totalmente las ordenanzas municipales redactadas en 1574. Con razón se habló de la inmovilidad institucional en que %se mantuvo Cuba desde el siglo XVI hasta el XIX.
“La legislación ideada por Alonso de Cáceres tenía que adolecer al cabo de tanto tiempo de deficiencias sustanciales. No en vano habían corrido casi trescientos años. Pero el remedio aplicado a los males así existentes tuvo mucho de contraproducente. El inspirador de la nueva organización municipal, el capitán general José Gutiérrez de la Concha, pertenecía, observado desde el punto de vista cubano o de su manera de ser en Cuba, al partido de los intransigentes, de los reaccionarios, y en sus cálculos y ajustes no cabía otra idea que la del criollo subyugado. Necesariamente su intervención en la reforma de las instituciones locales de la Isla resultó restrictiva de las transformaciones liberales y progresistas que debieron haberse operado.”

Ana Merchán
En Patriotas Cubanas
Por la Dra. Vicentina Elsa Rodríguez de Cuesta
Ana Merchán Barranco, nació en la Habana en 1879, corriendo por sus venas sangre camagüeyana y manzanillera.
Sobrina de nuestro ilustre hombre de letras Rafael María Merchán, era de alcurnia distinguida, contándose entre sus ascendientes muchos y connotados patriotas de la gesta heroica del 68.
Transcurrió su primera infancia en la capital de la República, pasando a residir por cuestiones políticas su familia a New York donde fuera objeto Ana de la más refinada educación.
Los azares del destino hicieron cambiar de vivienda a esta noble familia, radicando indistintamente en New Jersey, Cayo Hueso y Tampa, lugar donde se encontraban al estallar la guerra de 1895.
Movida por el deseo de conquistar la independencia de Cuba y teniendo como guía principal la solitaria estrella de nuestra tricolor bandera, reunió un grupo de distinguidas señoritas de la colonia cubana y fundó el día 24 de Noviembre de 1895 un Club patriótico que denominó “Discípulas de Martí” que tenía por objeto recaudar fondos para la revolución.
Pudo aunar en la mencionada agrupación unas ochenta jóvenes que afanosas prepararon representaciones, rifas, verbenas con bazares y atracciones, con su utilidad económica hacían llegar por distintos canales a manos de los esforzados patriotas cubanos.
Día a día, recorrían los comercios tampeños y exaltaban el espíritu de los vecinos americanos, en favor de la causa de la independencia, siendo uno de los Clubs que más recaudara a tales efectos, bajo la presidencia de la incansable Anita, a quien secundaba la matancera María Echemendía como tesorera.
Finalizaba la contienda y Ana Merchán sacando fuerzas de su débil humanidad, casi extenuada, dirigió la confección de una hermosa bandera cubana, que hicieron llegar por conducto del bayamés Tomás Estrada Palma, a manos del Generalísimo Máximo Gómez, cuando este entraba triunfante en la Habana el día 24 de Febrero de 1899.
En Abril de 1906 dejó de existir Ana Merchán Barranco, la habanera ejemplar que ayudara a libertar la isla esclava y oprimida.
Su memoria, por su actuación eficaz y decidida, como coadyuvante a la obra emancipadora, ha quedado grabada en los archivos de nuestra historia, como patricia abnegada y como admiradora ferviente de Martí, del cual fue una de sus mejores discípulas, como ella misma se titulaba.

En Próceres
Por: Néstor Carbonel
Miguel Jerónimo Gutierrez
“Nació el 15 de junio de 1822.”
“Murió el 20 de abril de 1871.”
“En Cuba, como en Grecia, los poetas han sabido también ser caudillos. En la guerra de los diez años fueron muchos los que cambiaron la lira por la espada: la abyecta ciudad por la montaña rebelde! Uno de los que más renombre alcanzó en la cruzada estupenda iniciada por Céspedes, fue Miguel Jerónimo Gutiérrez, trovador de amores en la paz infame de la colonia, y tribuno y legislador y soldado en la guerra sin cuartel por la independencia. El ruido de los hierros al chocar intimida sólo a los poetas femeniles, pero no a los que, siendo poetas, no han dejado de ser hombres. Al trabajo, al estudio, a predicar entre los suyos el bien y la justicia., estaba dedicado Gutiérrez, cuando la patria llamó a sus hijos a pelear. Y entonces, hijo ferviente de la patria, salió a pelear, y a caer sin ventura en un trágico idilio de la traición y la venganza...
“Cuba tiene todavía en olvido a muchos de sus más grandes hijos: en cambio tiene a otros, enanos de cuerpo y alma, elevados a alturas considerables... Verdad que hay quien sube como sube la piedra que tiene encima una montaña sube con la montaña! Otros son montañas, y no suben porque son lo alto...
“Nació en Santa Clara. Fueron sus antecesores gente buena y honrada. En el Colegio de los Padres de San Francisco de Asís, establecido en aquella ciudad, recibe instrucción primaria. De este colegio fue uno de los alumnos predilectos, tanto por su amor al estudio como por sus bellas prendas morales. Apasionado por la literatura, casi niño, comienza a colaborar en el periódico titulado El Eco de Villaclara; y a los veintidós años, ensortijado el cabello, soñadores los ojos, el alma como un pájaro, es considerado un poeta. Su casa fue en ese tiempo lugar de reunión de cuantos rendían culto a la divina poesía, ya en prosa, ya en verso. Hay poetas en prosa, y hay quienes escribiendo versos no son poetas. Partidario ferviente de la enseñanza, y conocedor de la necesidad de extenderla entre sus paisanos, vivía predicando las ventajas de la escuela y el deber en que estaba cada uno de cultivar su inteligencia.
“En la obligación de ganar el pan, dedicóse al ejercicio de la profesión de procurador público, profesión en la cual, por sus simpatías personales, y por su competencia reconocida, tuvo siempre mucho trabajo. Casado en 1849, supo fundar un verdadero hogar. En 1866, con motivo de haber llegado a Villaclara Eduardo Asquerino, director de un importante periódico que se publicaba en Madrid, y que abogaba por las reformas ultramarinas, hubo fiestas y banquetes. En uno de los efectuados con ese motivo habló Miguel Jerónimo Gutiérrez. Su discurso fue un himno a la palabra hablada, y un himno también a las reformas y a todas las ideas trascendentales que pregonaran progreso y bienestar.
“Gracias a Gutiérrez y a Eduardo Machado, triunfó en 1866 la candidatura de Manuel Fernández Bramosio, como comisionado por Villaclara a la Junta de Información. Esta Junta de Información en nada contribuyó a mejorar la situación política de los cubanos que en ella pusieron grandes esperanzas. Desilusionados él y otros muchos hijos prominentes de Villaclara, fundan un Comité Revolucionario, del cual es nombrado Presidente.
“Es un hecho que aquellos hombres, sin noticias de si en Oriente y el Camagüey se conspiraba en favor de la independencia, conspiraban y preparaban la guerra para la conquista de la libertad. Sin conocimiento, Gutiérrez y sus compañeros, del movimiento revolucionario que habrían de capitanear Céspedes y Aguilera, el Comité de Villaclara quedó pendiente de las órdenes de José Morales Lemus, presidente de la Junta de la Habana, quien le ofreció armas y municiones, las que irían en una expedición que desembarcaría en aquella provincia.
“Apenas se conoció en Las Villas el levantamiento de Céspedes en la Demajagua, el alma del pueblo iba y venía como una marejada. Mucho hubo que contener para que los villareños no se fueran al campo sin esperar la hora propicia que sus jefes venían aguardando. Llega enero del año 1869: la revolución sigue su curso en Oriente y Camagüey. Al principio se pensó en poder sublevar, en favor de la revolución, la guarnición española de Santa Clara. Pero esto fracasa, razón por la cual Gutiérrez sale para la Habana, donde conferencia con los hombres de la Junta Revolucionaria, quienes le aconsejan que espere órdenes. Con ese criterio vuelve a Santa Clara. Pero ya en su pueblo natal, comprueba, por los distintos choques personales que habían tenido lugar entre cubanos y españoles, que era imposible esperar más, y resuelto se echa al campo, seguido de familiares y amigos, proclamando la independencia de Cuba.
“El pronunciamiento de las Villas tuvo efecto el día 7 de febrero de 1869, en la finca Cafetal, propiedad de José González. En esta finca, enclavada entre Santa Clara y Manicaragua, se congregaron algunos miles de insurgentes. Allí se reunieron las fuerzas de Remedios, mandadas por el polaco Roloff; las de Trinidad, mandadas por los hermanos Cavada; las de Cienfuegos, mandadas por los hermanos Díaz de Villegas; las de Sancti Spíritus, mandadas por Honorato del Castillo, y las de Esperanza, Ranchuelo y otros pueblos de la provincia. La bandera que los villareños enarbolaron fue la misma que López tremoló en Cárdenas y más tarde en Las Pozas, y fue hecha por manos femeninas, las de la señorita Inés Morillo Sánchez, ungidas por el más puro patriotismo.
“En el mismo lugar se designó general en jefe de las fuerzas sublevadas en las Villas a Florentino Jiménez Favelo, quien renuncia el cargo, recayendo entonces en Joaquín Morales Enríquez. Miguel Jerónimo Gutiérrez redacta una proclama dando a conocer los móviles de la revolución. Aunque un numeroso contingente siguió a los directores de la guerra en esa provincia, las tropas carecían de disciplina y de armas con que emprender las operaciones. Solamente había armados unos doscientos hombres y para eso con escopetas los más. Esta situación, esta falta de armas y municiones, hizo que las gentes se sintieran desmoralizadas y comenzaran las presentaciones, nuncio de la muerte de la rebelión en aquel pedazo del territorio cubano. Reunidos para tratar de la difícil situación distintos jefes de fuerzas, Miguel Jerónimo Gutiérrez fue partidario de que se pusieran todos en camino de Oriente, no con el fin de quedarse allí, sino con el de pedir recursos a Carlos Manuel de Céspedes. La idea, aunque tuvo de opositores a Roloff y a Eduardo Machado y a otros, se puso en práctica, y marcharon a los pocos días camino del Camagüey, en viaje a Oriente.
“En el trayecto tuvieron noticias de la desavenencia existente entre los revolucionarios de Oriente y Camagüey. Unos y otros trataron de ganarse a los de las Villas. Llegados a Guáimaro los de las Villas, tuvieron una reunión preliminar con los distintos representantes de la Asamblea de Camagüey y de Oriente, entrevistas que dieron por resultado concertar una Constituyente, la cual sería la encargada de redactar la Constitución, base del establecimiento del Gobierno. Indudablemente la presencia de los villareños en el territorio camagüeyano, primero, y luego en el oriental, fue sin duda la primera piedra puesta para la unión de todos los cubanos en una sola aspiración y un sólo afán: la independencia y la república. Y todo esto fue obra, más que de otro, de Miguel Jerónimo Gutiérrez, quien con su inteligencia y su gran corazón sabía guiar y enfrenar pasiones.
“En la Asamblea de Guáimaro, Gutiérrez tomó parte importante. Nombrado vicepresidente, de la misma, por ausencia frecuente de Salvador Cisneros Betancourt, tocóle presidir continuamente. El era quien ocupaba la presidencia de la Cámara cuando, reunida el 17 de diciembre de 1869, acordó deponer a Manuel de Quesada del cargo de general en jefe del Ejército. Partidario de la anexión de Cuba a los Estados Unidos, tomó parte en el acuerdo de la Cámara solicitando del Gobierno de la gran nación la incorporación a ella; y más tarde, con motivo de la conmemoración del 4 de julio, aniversario de la declaración de independencia de los Estados Unidos, pronunció un discurso en el cual augura que Cuba pasaría a ser americana, a ser una estrella más en su constelación de estrellas. Indudablemente el alma de Cuba, el pensamiento de sus más grandes hijos, andaba extraviado en aquellos tiempos. Sólo así se explica que habiendo ido al monte a morir por la independencia, solicitaran la anexión!
“Durante uno de los recesos de la Cámara, en 1871, Miguel Jerónimo Gutiérrez, ansioso de hallarse cerca de los suyos, en su patio, pasa la trocha de Júcaro a Morón y se incorpora a las fuerzas del general Villamil. En la región villareña se encontraba, acompañado de un grupo de hombres, cuando, delatado por un tal Juan Castellón, es sorprendido en el monte nombrado El Purgatorio, por guerrilleros desalmados, los cuales lo encuentran tendido en su hamaca, y le disparan a quemarropa, hiriéndolo gravemente, y luego -¡martirio horrible!- desangrado, lo atraviesan en un caballo, y así lo llevan una larga jornada, mientras el pobre dejaba entre las breñas del sendero, jirones de su propia carne, los últimos alientos de su vida, de aquella vida meritísima y gloriosa.
“Su cadáver, espantados los cobardes asesinos, no quisieron llevarlo al cementerio de Sancti Spíritus, y lo enterraron no se sabe dónde, o lo dejaron tal vez insepulto para que de él se hartaran los perros jíbaros y las auras...”
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