
En Bejucal
• Santos católicos que celebran su día el 10 de agosto:
- En el Almanaque Cubano de 1921:
Santos Lorenzo, mártir y Diosdado, confesor y Santas Asteria y Paula, virgen y mártir
- En el Almanaque Campesino de 1946:
Santos Lorenzo, mártir y Diosdado, confesor y Santas Asteria y Paula, virgen y mártir
• Natalicios cubanos:
Arango Núñez del Castillo, José: -Nació en Bejucal el 10 de agosto de 1765 y falleció en La Habana el 19 de febrero de 1851. Escribió a profusión artículos sobre agricultura, economía política, enseñanza, estadística de Cuba y sobre el azúcar. Fue uno de los promotores de la Sociedad Económica de Amigos del País y su primer bibliotecario, publicando, entonces, la “Guía de Forasteros”; tesorero general de la Real Hacienda de La Habana e Intendente más tarde. Estuvo luengas temporadas en España y sufrió cárceles y persecuciones, bien por cuestiones personales o relacionadas con las cosas y hombres de la política española. Sirvió al gobierno de España en sus puestos en Cuba con dignidad, honestidad y juicio. Dejó algunos folletos: “Exhortación de un español americano a sus compatriotas europeos, Exhortación patriótica a los habitantes de Cuba para su alistamiento general” y otros de cuestiones políticas internos de la metrópoli.
El 10 de agosto en la Historia de Cuba
• 1898 -
- Preliminares de un Protocolo de Paz.
Emeterio S. Santovenia en “Un Día Como Hoy” de la Editorial Trópico, 1946, páginas 451-452 nos describe los acontecimientos del 10 de Agosto de 1898 en la Historia de Cuba:
“El 10 de agosto de 1898 Jules Cambon, embajador de Francia en Washington, comunicó al duque de Almodóvar del Río, ministro de Estado de España, el resultado de su conferencia con el presidente de la República y el secretario de Estado de la nación norteamericana alrededor del protocolo de paz entre las potencias todavía en guerra. La entrevista se había celebrado en la Casa Blanca. Las nuevas trasmitidas por el diplomático francés eran desagradables. El presidente McKinley acababa de mostrarse en extremo contrariado por los términos en que estaba concebido el telegrama en que Almodóvar del Río hablaba de la aceptación por España de las condiciones impuestas por los Estados Unidos.
“El documento español que había disgustado al Presidente contenía nuevas aseveraciones contrarias a la independencia de Cuba. España se manifestaba otra vez deseosa de que la Isla continuase, aunque con diferente amo, bajo la esclavitud política. El ministro español se refería a la incapacidad de esta sociedad para constituir un estado político independiente y emitía la opinión de que no había llegado a la plenitud de condiciones para figurar en el número de los estados absolutamente soberanos, como si los defectos de que Cuba adolecía no hubiesen sido, como realmente eran, una reproducción casi fiel de los que España tenía evidenciados a través de los tiempos. Pero lo que al Presidente molestó no fue eso, sino la forma en que España respondía a su categórica exigencia de inmediata evacuación de Cuba y Puerto Rico.
“"Yo había pedido a España -dijo McKinley a Cambon- la cesión y, por consiguiente, la evacuación inmediata de la islas de Cuba y Puerto Rico; en vez de la aceptación categórica que esperaba, el gobierno español me dirige una nota en que invoca la necesidad de obtener la aprobación de las Cortes; no puedo prestarme a entrar en estas consideraciones de orden interior."
“La actitud del Presidente no podía ser más enérgica. Pareció por un momento insoluble la situación que así se creaba. Mas el Embajador, en un nuevo esfuerzo en obsequio de España, logró de McKinley que apuntase una orientación satisfactoria. Cambon esperaba llegar así al proyecto de protocolo de paz. Y se apresuró a anunciarlo al ministro de Estado de España. Sin embargo, no se limitó a esto sólo. Estuvo sincero y franco para con la nación que utilizaba sus buenos oficios para llegar a una inteligencia con los Estados Unidos. Jules Cambon hizo saber al duque de Almodóvar del Río su creencia de que el gobierno norteamericano no admitiría en el proyecto de protocolo que iba a entregarle el Presidente ninguna modificación y que España, si no aceptaba ese documento, no tendría ya nada que esperar de un vencedor resuelto a sacar todo el partido posible de las ventajas que había obtenido.”

Emilia Teurbe Tolón
en Patriotas Cubanas
por la Dra. Vicentina Elsa Rodríguez de Cuesta
Emilia Teurbe Tolón nació en la provincia matancera en el año de 1828, de opulenta y distinguida familia de la región yumurina.
Era prima hermana y esposa al mismo tiempo del dulce e inspirado poeta Miguel Teurbe Tolón.
Corría el año de 1849, Narciso López, el heroico venezolano que diera su vida por la libertad de Cuba, no se conformaba al fracaso de su primera conspiración conocida por “La Mina de la Rosa Cubana”, abortada en Junio de 1848, y en tierras norteamericanas prosigue su labor emancipadora.
El poeta Teurbe Tolón es de los suyos; junto con Cirilo Villaverde, Aniceto Iznaga, Pedro Agüero, Manuel Hernández, Betancourt Cisneros y otros muchos, persigue el ideal hermoso de la redención.
A su lado alentándolo con sus palabras y ayudando activamente en las labores de la conspiración, Emilia Teurbe Tolón, “la entusiasta y hermosa filibustera”, como le llamó Cirilo Villaverde, trabajaba sin descanso por la libertad de su tierra natal. Habitaba el matrimonio por la época que queda reseñada en la calle de Manzano esquina a Jovellanos, en la ciudad de Matanzas, en compañía de la señora Josefa Casado, emparentada a ellos por estar casada con Francisco Teurbe Tolón, sobrino del poeta.
Una noche de 1849 cuando se presentó Miguel muy apurado y lleno de agitación. De primera intención no pudieron reconocerlo por haberse cortado los cabellos, los bigotes y la perilla, tan en boga por aquel entonces.
-“¿Qué sucede, Miguel?” -le preguntó sobresaltada Emilia.
¡Silencio! No se asusten -respondió el conspirador-. Debo salir esta misma noche de Cuba. El Gobierno nos persigue y con unos amigos cogeremos un barco de vela que va para la Florida. Luego iré a Nueva York. Nadie debe saberlo.
-Junto a ti y por la independencia de Cuba, correré todos los riesgos -contestó la intrépida y valerosa Emilia-. Presta estoy desde este momento para marchar...
Y la esposa patriota siguió a Teurbe al extranjero.
Alquilaron un modesto apartamento cerca del Río Norte, entre Church Street y Colleen Place. Y aquella casa se convirtió en el centro de reunión de todos los exilados cubanos.
Tolón había asumido el cargo de Redactor Jefe del periódico revolucionario “La Verdad”, antorcha de las conspiraciones de aquellos años, el cual se editaba en Nueva York, para circularlo gratis por cuenta de los emigrados cubanos, que desde 1828 luchaban por la independencia de Cuba, aunque por razones circunstanciales y políticas aparecieran, a veces, partidarios de la anexión a la nación norteamericana.
Emilia Teurbe Tolón se multiplicaba, atendía las labores de su casa, ayudaba a algunos exilados dándoles el alimento que sus hábiles manos preparaban, hacía rifas y colectas, ayudada por otras señoras también emigradas, en beneficio de la causa. Por las noches trabajaba en la imprenta, ayudaba a distribuir el periódico y todavía le sobraba tiempo para atender a los exilados que acudían a su casa, verdadero templo de la revolución, para acordar planes y tomar determinaciones en favor del más absoluto separatismo.
Sabido es que en el hogar de los esposos Teurbe Tolón, siguiendo las inspiraciones de Narciso López, dibujó y coloreó el poeta matancero la que es hoy nuestra enseña nacional.
Una vez dibujada la insignia, el General López rogó a Emilia la confección de nuestra bandera, que ella cosió con sus blancas y delicadas manos, para después entregársela con infinita emoción.
La familia Villaverde conservó hasta hace algunos años esta bandera como la más preciada reliquia de la Revolución, hasta que pasado algún tiempo fue donada al Presidente de la República, encontrándose actualmente, celosamente guardada en uno de los más importantes salones del Palacio Presidencial.
La bandera que en el mástil del “Creole” acompañó a Narciso López en la toma de Cárdenas, el 19 de Mayo de 1850, fue confeccionada por un grupo de señoras y señoritas cubanas y americanas de Nueva Orleáns, admiradoras suyas, que copiaron la que Emilia Teurbe había realizado con infinita ternura.
Terminadas las dos expediciones del caudillo venezolano y agarrotado este vilmente en la Habana el primero de Septiembre de 1851, con la convicción de que “su muerte no cambiaría los destinos de Cuba”, Emilia Teurbe Tolón y su amante compañero, siguieron fuera de su patria luchando por la independencia. Ellos fueron los que organizaron en el 1852, al cumplirse el primer aniversario de Narciso López y sus valientes compañeros, solemnes honras fúnebres en la Catedral de San Patricio, en Nueva York. En esta ocasión los cubanos en número de 200, vistiendo riguroso luto, con banda de crespón negro al brazo izquierdo, de dos en dos, se trasladaron al salón de Broadway N° 600. En el tope del edificio flameaba a media asta una inmensa bandera cubana.
Miguel Teurbe Tolón, según nos dice en su periódico “La Verdad” el insigne Cirilo Villaverde, pronunció un magnífico discurso, varios de cuyos párrafos transcribimos a continuación:
“Acabamos de salir del templo de Dios y estamos todavía bajo las profundas y poderosas impresiones que en cada corazón ha dejado el acto a que hemos concurrido; acto solemne, augusto, doloroso que han presidido la Patria y la Religión, la una llena de lágrimas y luto; pero la otra rica siempre de luz y de consuelo.
No ha sido un espectáculo de regia pompa ni ruidosa ostentación; ha sido la humilde pero imponente escena de una comunidad de desterrados, reunidos en la casa del Señor, en tierra extranjera, para elevar preces al cielo por el alma de sus hermanos sacrificados a la libertad en su tierra natal. En vez del suntuoso catafalco, la tristeza pintada en nuestras frentes sombrías, en vez de alardes de fúnebres blasones, las lágrimas de nuestros ojos; en vez de letras de oro y de trofeos, la voz profunda y sincera de nuestros corazones heridos en que tiene grabado su epitafio y esculpido su blasón cada glorioso mártir de la redención cubana. Hemos puesto nuestras almas a los pies de Dios, no nuestro orgullo ante los ojos del mundo, hemos implorado la misericordia divina, no buscado la admiración de los hombres; porque en lugar de sarcófagos rodeados de antorchas, la Patria y sus nobles víctimas nos piden, naves cargadas de soldados con fusiles que escupan la muerte a sus tiranos.
El más digno mausoleo, el apoteosis de los mártires cuya conmemoración celebramos hoy será esa Bandera de Cuba libre clavada en triunfos por nuestros propios brazos sobre el sitio mismo en que por ella murieron, y el grito de Libertad de Cuba tronado de San Antonio a Maisí, será el réquiem más armonioso, más solemne y más aceptable para ellos...”
Hace muchos años que han dejado de existir Emilia y Miguel Teurbe Tolón; pero sus nombres inmortales vivirán eternamente en el corazón de todos los cubanos.

José Antonio Saco
En Próceres
Por Néstor Carbonel
“Nació el 7 de mayo de 1797.”
“Murió el 26 de septiembre de 1879.”
“No son los servidores de la patria en el combate cruento los únicos que merecen respeto y consideración. La gloria del soldado es hermosa, pero no es toda la gloria. El heroísmo es admirable: también lo es el talento y lo es el saber. La palabra gana batallas lo mismo que la espada. Matando y muriendo es como se conquistan casi siempre los derechos; mas sin la previa preparación de los sentimientos, no se hacen los hombres capaces de conquistar aquéllos, y mucho menos de merecerlos. Pelear es imprescindible a veces, pero se ha de saber por lo que se pelea. Porque ir a la guerra, ir a arrebatar vidas y a exponer la propia sin saber el fin que se persigue, es labor de aventureros desalmados, de hombres sin conciencia. Porque la bandera de la libertad no debe ser lo mismo que la de la tiranía; porque combatir por la justicia no debe ser lo mismo que combatir en contra de la justicia... Maceo es grande, y es merecedor de la gratitud y admiración de todos los cubanos; pero también es grande José Antonio Saco, y también merecedor del recuerdo de los cubanos todos. El representó, durante un largo período de nuestra vida colonial, anhelos elevados y puros, aspiraciones nobles y generosas, deseos de mejoramiento, es decir, de libertad y de progreso...
“En Bayamo -Bayamo es tierra de grandes - y en casa rica vino a la vida Saco. Allí bebe las primeras aguas de la instrucción. Y cuando mueren sus padres, dueño de una pequeña fortuna, viene a la Habana, donde estudia enseñanza superior. Tras lucidos exámenes, recibe de sus profesores los grados de bachiller en filosofía y derecho. Del recinto de las aulas pasa, sin otra ayuda que su talento y su saber, a más amplios círculos. Adulto apenas, a los veintiún años, es nombrado catedrático de filosofía del Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio, en sustitución de su maestro Don Félix Varela. Más de dos lustros ocupó Saco esa cátedra, de la que hizo tribuna, y desde la cual irradió claridades y disolvió sombras. A los veintiún años también, publica sus primeros trabajos de carácter político y una pequeña obra sobre física y química que le conquistan aplausos. Alentado por esos triunfos, y deseoso de más vasto campo, marcha a los Estados Unidos, donde nutre su clara mente con los conocimientos de sus leyes y de sus instituciones. El Mensajero Semanal, periódico que fundó en esa época en New York, fue portavoz elocuente de sus ideas y sentimientos. En Cuba logro muy favorable acogida este periódico, el cual fue más tarde, a los dos años, denunciado como sospechoso, cosa que dio lugar a que se le cerrasen las puertas de la isla infeliz.
“En New York, Saco tradujo del latín al castellano obras de derecho romano, y escribió una Memoria sobre caminos de hierro en la isla de Cuba, que fue premiada en el concurso literario industrial celebrado por la Sociedad Patriótica de la Habana, y otra sobre la vagancia en la isla de Cuba, y los medios de remediarla. Regreso luego a la Habana, y se hizo eje del movimiento intelectual y como el foco de donde partía la luz. Hecho cargo de la dirección de la Revista Bimestre Cubana, órgano de la Sociedad Económica, publico en ella artículos sensacionales. Trato en unos de la necesidad imperiosa de acabar con el tráfico clandestino de esclavos africanos y la conveniencia de traer a Cuba colonos europeos, lo que le valió el ser tildado de desafecto a España, de amigo de los negros y de propagador de la independencia. En otros, recomendó con calor de padre la difusión de la enseñanza como base de la verdadera libertad. Esto, y el haber impreso y hecho circular profusamente en Cuba un folleto en defensa de la Academia Cubana de literatura, determinaron su extrañamiento. José Antonio Saco se hallaba en examen público de la clase de física, en el colegio San Carlos, cuando le trajeron el pliego con su pasaporte y la orden de prepararse para abandonar el país en el espacio improrrogable de quince días. Cuentan que nadie más que el se enteró del contenido del pliego durante el examen. Primero era su deber; luego habría tiempo para sufrir.
“En vano, y a ruego de sus amigos, pidió que se le formase causa y se le juzgara conforme a las leyes. Entonces no había más ley que las pasiones de un hombre: el capitán general Miguel Tacón, y esas fallaron. Al destierro le siguieron las simpatías de todos los cubanos. En el destierro, allá en Madrid, escribió Saco numerosos trabajos de protesta y reclamaciones en favor de Cuba. Y cuando comprendió que la razón-si era cubana-no tenía oficio en España, se alejó de ella y recorrió media Europa. Por fin, se establece en París, donde vuelve a esgrimir la pluma, para pintar, con palabras lujosas, el cuadro de Cuba, y pedir la cesación absoluta del infame comercio del hombre negro. Fue en aquel período que concibió su monumental obra, Historia de la esclavitud. Hallándose por allá, lo calumniaron e injuriaron: contrabandistas y hacendados, todos en defensa de sus infames intereses, lo hicieron blanco de sus fieras injurias y calumnias. Pero el águila no se intimida porque desde el espacio en que vuela divise abajo lobos y gusanos.
“Y cuando, definitivamente en París, se entera de que muchos cubanos solicitan la anexión de Cuba a los Estados Unidos, escribe a un amigo anexionista: "De rodillas te pido que te apartes de la, idea de anexión, porque ella sólo puede producir males a la patria y a sus hijos." Públicamente combatió también esa idea, en escritos llenos de convicción y de lógica, de sentimiento y de verdad. Saco fue, por todo esto, un insigne patriota y un insigne pensador. Como cubano fue un sembrador de ideales, y un forjador de hombres capaces de amar esos ideales. Como patriota fue un gran patriota. Su vida entera fue modelo de virtudes públicas y privadas. Vivió en la estrechez pudiendo haber vivido en la abundancia y el boato con sólo haber cedido a las seducciones que le tentaron. Murió pobre, lejos de su tierra, cuando pudo morir en ella rodeado de comodidades y honores. ¡Pero no los honores que el hubiera querido!...
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