
En el Cotorro
• Santos católicos que celebran su día el 12 de agosto:
- En el Almanaque Cubano de 1921:
Santa Clara de Asís, virgen y fundadora, Santos Crescenciano, Aniceto y Graciliano, mártires
- En el Almanaque Campesino de 1946:
Santa Clara de Asís, virgen y fundadora, Santos Crescenciano, Aniceto y Graciliano, mártires
El 12 de agosto en la Historia de Cuba
• 1933 -
- Cayó el Gobierno y el Presidente Gerardo Machado abandonó el país.
• 1898 -
- Protocolo de Paz.
Emeterio S. Santovenia en “Un Día Como Hoy” de la Editorial Trópico, 1946, páginas 455-456 nos describe los acontecimientos del 12 de Agosto de 1898 en la Historia de Cuba:
“Las grandes emociones que en Madrid y Washington se producían con motivo de la negociación dirigida a devolver la paz a Cuba tocaron muy directamente a Jules Cambon. El Embajador estuvo percatado de la trascendencia de su mediación entre las dos potencias en guerra. Gozaba en Washington de la consideración debida a su alto oficio y en Madrid de la confianza de un gobierno que lo había escogido para tramitar un negocio que consternaba a un pueblo que ya conocí su infortunio. Había otro motivo de inquietud, y no era el menor, para Cambon: cada hora que pasase sin llegar a la firma del protocolo de paz entre España y los Estados Unidos era una hora más en que las armas chocaban y la sangre corría en la Isla.
“El 12 de agosto de 1898 estaba presente, y Jules Cambon no había recibido de Madrid el mandato necesario para suscribir el protocolo de paz con el gobierno de los Estados Unidos. El protocolo debía firmarse aquel día. Por una parte, no cabía la posibilidad de lograr de McKinley modificación alguna. Por otro lado, era eminentemente humano evitar que en Cuba siguiesen muriendo hombres en una lucha feral cuyas consecuencias resultaban ya inalterables. El Embajador, con el más alto sentido de su responsabilidad, decidió acudir a la Casa Blanca sin haberle llegado la autorización de Madrid para el acto definitivo del protocolo de paz. El estaba seguro de que el gabinete de la Reina Regente no podía obrar en desacuerdo con lo ineluctable.
“A las dieciséis horas y treinta minutos del 12 de agosto de 1898, a presencia del presidente William McKinley, en la Casa Blanca, en Washington, el secretario de Estado de la Unión, William R. Day, y el embajador de Francia en los Estados Unidos de América, Jules Cambon, firmaron el protocolo de paz. Su articulado comprendió los siguientes puntos:
“1. España renunciaría a toda pretensión a su soberanía y a todos sus derechos sobre Cuba.
“2. España cedería a los Estados Unidos la isla de Puerto Rico, las demás islas que estaban bajo su dominación en las Indias Occidentales y una isla de las Ladrones escogida por la Unión.
“3. Los Estados Unidos ocuparían y conservarían la ciudad, la bahía y el puerto de Manila en espera de la conclusión del tratado de paz llamado a determinar la suerte de Filipinas.
“4. España evacuaría inmediatamente los territorios de Cuba, Puerto Rico y las demás islas que se encontraban bajo su soberanía en las Indias Occidentales.
“5. Los Estados Unidos y España designarían plenipotenciarios, en número no mayor de cinco por cada nación, para tratar de la paz, los que se hallarían en París a más tardar el 1° de octubre de 1898.
“6. A la firma del protocolo sucedería la suspensión de las hostilidades por ambas partes.
“La destrucción de la escuadra de Cervera y la rendición de la plaza de Santiago de Cuba habían determinado el fin inevitable de la dominación de España en América. El protocolo de paz firmado en 12 de agosto de 1898 de, jaba iniciados los trámites diplomáticos llamados a culminar en el desalojo de Cuba por España.”


Catalina Valdés
En Patriotas Cubanas
Por la Dra. Vicentina Elsa Rodríguez de Cuesta
Al estallar en Baire la última de nuestras gestas libertadoras en Febrero de 1895, eran generalmente apreciados en la región Vueltabajera y muy especialmente en Consolación del Sur, lugar de su residencia, el matrimonio formado por Francisco Páez y Catalina Valdés, heroica y valerosa mujer que ennoblece la historia de nuestra provincia por su notable y magnífica labor en la guerra de Independencia.
Nacida en la villa consolareña el 22 de Marzo de 1837, encontrábase en la madurez de la vida al iniciar el invicto General Antonio Maceo su apoteósico recorrido de la invasión. De baja estatura, más bien delgada y de tez trigueña, no hubiera podido nadie imaginarse que espíritu rebelde animaba aquella débil humanidad femenina.
De mirada avizora, con simpatía contagiosa y espontánea, dedicada desde muy joven a las labores del campo que compartía con su esposo, esta noble mujer había ya presentido su destino antes de adentrarse en la manigua insurrecta, dando a la Patria, cuya libertad deseara, doce hijos, de ellos dos fueron hembras: Juana y Santiaga y diez robustos varones, los valientes hermanos Páez, que orgullosa mostrara como sus mejores tesoros emulando con ello a la madre de los Gracos.
Estos heroicos consolareños, nombrados: Eduviges, Andrés, Pablo, Tomás, Candelario, Sotero, Carmelo, Gumersindo, Ciriaco y Pedro, que por su valor temerario lograron alcanzar casi todos altos grados en el Ejército Libertador, acompañaron a sus padres, en la lucha comenzada en Oriente, haciendo ver que en la provincia occidental también ardía la llama de la redención.
Al frente de aquella numerosa familia iluminada por la santa idea de la libertad, marchaba una mujer de valor a todo prueba, nuestra esforzada biografiada, Catalina Valdés, a quien el General Maceo nombrara merecidamente Capitana del Campamento de Arroyo de Agua, único que no lograron nunca incendiar los militares españoles, gracias a la tenaz resistencia de la valiente consolareña. Si Catalina Valdés no alcanzó una alta talla, superó con su valor al igual que Napoleón, lo que le saltara en estatura; empuñó las armas con los bríos de un hombre valeroso y trocó sus implementos guerreros por las medicinas y vendajes para cuidar solícita los heridos que llenaban su campamento, convertido en Hospital de Sangre.
Su cuerpo, cubierto de cicatrices honrosas, nunca pudo ser aniquilado, teniendo la suerte de no ver morir en el combate a ninguno de sus retoños.
Terminada la guerra, pudo la ejemplar vueltabajera asistir al espectáculo augusto de la instauración de la República y contempló emocionada, acompañada de todos los suyos, la toma de posesión del austero bayamés don Tomás Estrada Palma, quien al igual que todos los demás presidentes que le sucedieron, siempre tuvo para la heroica mambisa las mejores distinciones.
El día 23 de Agosto de 1915, a las siete de la mañana, en el barrio de Lajas, dejó de existir la valiente cubana, a los 78 años de edad, rodeada de todos sus hijos en quienes inculcó el más grande fervor a la patria que con su actuación ayudara a liberar.
Su cadáver reposa en el Cementerio de Consolación del Sur, la tierra pinareña que tantas veces presenciara su abnegación e intrepidez.

Juan B. Spotorno
En Próceres
Por Néstor Carbonel
“Nació el 13 de septiembre de 1832.”
“Murió el 29 de octubre de 1917.”
“Soldado, legislador y Presidente un día de la República en armas, ocupa, por derecho propio, sitio de honor en la legión sagrada. No importa que durante la última guerra por la independencia se mantuviera alejado del escenario sangriento, al parecer indiferente. Su vida gloriosa durante aquellos diez años de la primera guerra, su carácter redondo, su honradez y su civismo le ganaron un puesto en nuestra historia, puesto del cual las vacilaciones y perplejidades de un momento no lo pueden echar. No creyó Spotorno en la bondad de la última guerra, y por eso francamente la combatió. Pero en la primera, luchó, sin miedo y sin tacha, y cosechó tristezas y dolores. Y la primera fue escuela de sacrificios. El fue de los sembradores.
“En Trinidad, la antigua ciudad de los palacios señoriales, nació Juan B. Spotorno. Sus padres, oriundos de italianos, disfrutaban, al venir él a la vida, de una desahogada posición. Casi niño fue enviado a Europa. Después de algunos años de estancia en el viejo continente y en los Estados Unidos, volvió a su ciudad natal, rico de conocimientos, despierta la imaginación, gozoso el espíritu. En los Estados Unidos comenzó a estudiar medicina, carrera que no llego a terminar por haberse dedicado activamente al comercio. Inflamado de ardiente patriotismo desde los más tiernos años, tomo parte en la conspiración de que fue caudillo y mártir Isidoro de Armenteros. Huyendo en esa época de la persecución española, refugiose en los Estados Unidos, de donde regreso a poco. De nuevo en Trinidad, lloro en silencio a los caídos por el derecho, y remacho en su mente la idea reivindicadora de conquistar para su pueblo la independencia absoluta.
“Ansioso, para mejor poder servir a su patria, de darse a conocer de cuantos habría de utilizar en la lucha por la redención, acepto el puesto de comandante del primer escuadrón de caballería de las milicias disciplinadas de la localidad. En el desempeño de este cargo aprendió Spotorno el arte militar: a mandar y a ser obedecido. ¡Y a saber obedecer! Saber obedecer es tan necesario como saber mandar. No es buen jefe quien no supo ser un buen soldado. Estos conocimientos de la milicia lo hicieron, sin darse cuenta, jefe de la conspiración local. Y más tarde, cuando en febrero de 1869 se decidieron los patriotas de las Villas a secundar la revolución iniciada en Oriente y apoyada por el Camagüey, al lanzarse Spotorno, en unión de O'Bourke y Federico Cavada, hijo también de Trinidad y teniente coronel del Ejército Federal de los Estados Unidos en la guerra de secesión, pudo arrastrar a un numeroso grupo de hombres armados y disciplinados, es decir, hechos ya a combatir a la, voz de mando y a recibir la muerte de frente y sin miedo.
“Los primeros servicios prestados por Spotorno a la revolución fueron eminentes. Al frente de su tropa y mientras otros, con mando también, se movían sin concierto, a guisa de remolino, el combatió sin descanso y con buena estrella al enemigo. Spotorno fue de los pocos que, mientras algunos de sus compañeros, desesperados por la constante persecución y la falta de armas, acogíanse a indultos o abandonaban el campo de la rebeldía, esperanzados de poder volver armados, o se marchaban para el territorio camagüeyano a la cabeza de sus huestes, resistió a viva fuerza más de un año en las Villas. El fue quien recogió y alimentó, quien salvo de una probable muerte a los expedicionarios del Salvador, desembarcados en las inmediaciones de Casilda, ante la indiferencia del cielo. Solo cuando ya se vio aislado y sin recursos emprendió la marcha al Camagüey, bajo la jefatura militar, entonces, del mayor general Ignacio Agramonte y Loinaz, el fiero y magnánimo caudillo a quien la maldad humana convirtió un día en cenizas y humo, "como para que el mundo olvidara su memoria".
“Agramonte recibió a Spotorno cordialmente. A su Estado Mayor lo llevo, y a su lado lo vio pelear en acciones tan reñidas como la de Sebastapol y la Horqueta. Luego fue nombrado jefe de la brigada del Sur, brigada compuesta, casi en su totalidad, de gente de a pie y mal armada. Defendiéndose prudente y enérgicamente, organizo al cabo la deshecha fuerza, llegando a tomar la ofensiva en algunos casos.
“Practicadas las elecciones para diputados, el voto de sus comprovincianos lo llevo a la Cámara de Representantes. En la Cámara se distinguió siempre por el radicalismo franco de sus ideas. Para el no había más que un camino el recto. Carácter irreducible, no soportaba la tiranía ni aun en nombre de la libertad. La libertad suele crear también tiranos, más de temer aún que los que engendra el despotismo. Nombrado más tarde Presidente de la Cámara, se vio, por tristes circunstancias, exaltado interinamente a la Presidencia de la República. Con motivo de los sucesos ocurridos en las Lagunas de Varona, Salvador Cisneros renuncio la primera magistratura. Nombrado Spotorno, recomendó inmediatamente a la Cámara la adopción de medidas enérgicas. Fue Spotorno quien promulgo el famoso decreto bolivariano a virtud del cual sería condenado a muerte y pasado por las armas todo emisario, español o cubano, que se presentara en el campo de la insurrección haciendo proposiciones de paz, no basadas en los principios sustentados por los cubanos rebeldes. Spotorno desempeñó la presidencia de la República a entera satisfacción de sus compañeros.
“Electo Presidente en propiedad Tomás Estrada Palma, volvió Spotorno a ocupar su puesto de Diputado en la Cámara. Cuando el convenio del Zanjón, fue uno de los que trató la paz. Mucho debió sufrir el que había puesto en vigor aquel decreto enérgico en defensa de la integridad de los ideales de independencia, al tener que aceptar como irremediablemente, una paz ¡ay! que estaba muy lejos de reconocer la independencia a los cubanos.
“Firmada la paz, vivió algún tiempo alejado por completo de la política. Luego ingresó en el Partido Autonomista, partido del que fue un leal y convencido adepto. La revolución del 95, obra de Martí, lo tuvo entre sus adversarios. Pensando acaso en hacer un bien a su patria, se entrevistó con Bartolomé Masó, a raíz del pronunciamiento de éste en Bayate, tratando de convencerlo y atraerlo a la legalidad bajo el régimen de España, cosa que fue inútil.
“Pero ni esto, ni el haberse mantenido durante toda la revolución última, al lado de España, es bastante a arrebatarle sus laureles de patriota, adquiridos en buena lid. Constituida la República independiente, el sufragio popular lo llevó a ocupar un escaño en la Cámara de Representantes, representación que llevó con la misma pulcra alteza que en los años juveniles la había llevado a caballo y en disposición de morir a cada hora, a cada minuto.
“Cargado de años, cerca ya de los noventa, murió tranquilo, como un justo, en la ciudad que lo vio nacer y lo vio en más de una ocasión con la frente tenazmente levantada ante la desvergüenza buscona, sin miedo a encararse con la virtud silenciosa y el mérito augusto y libre...”
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