
En la Ciudad de Matanzas
• Santos católicos que celebran su día el 4 de agosto:
- En el Almanaque Cubano de 1921:
Santos Domingo de Guzmán, confesor y fundador y Tertuliano, mártir
- En el Almanaque Campesino de 1946:
Santos Domingo de Guzmán, confesor y fundador y Tertuliano, mártir
• Natalicios cubanos:
Angulo Heredia, Antonio: -Nació en la Ciudad de Matanzas el 4 de agosto de 1837. Hijo del distinguido jurisconsulto y escritor matancero José Miguel. Discípulo aventajado y predilecto de Luz y Caballero, quien imposibilitado en 1859 de pronunciar el discurso con que solía clausurar el curso después de exámenes, cedió el honor a Angulo. En 1863 se recibió de abogado en Madrid, a donde había ido a completar estudios de derecho. Fundó y dirigió por muchos años la “Revista Hispano Americana” de Madrid, en la cual escribió con profundidad y conocimiento de los problemas de su patria, defendiendo en todo momento sus intereses sagrados. Viajó para aumentar el caudal ya extenso de su cultura y dio a la estampa el folleto “Estudios sobre los Estados Unidos”. En la cátedra del Ateneo de Madrid, la docta casa de los tiempos puros, dio un ciclo de conferencias sobre Goethe y Schiller, en las cuales reveló su bagaje intelectual lo enterado que estaba de la literatura alemana en una época en que escasos eran quienes sabían algo de ella. Colaboró en “Revista de la Habana”. Tradujo en verso libre algunos poemas extranjeros y publicó escritos originales en lenguaje castizo. Fue poeta, escritor, comentarista, jurista y hombre de ciencia completo. Murió en 1873.
Brindis de Salas, Claudio José Domingo: -Nació en La Habana el 4 de agosto de 1852. A los diez años hizo su presentación en el Liceo de la Habana tocando el violín. Enviado al Conservatorio de París, obtuvo un primer premio, siendo elogiado por los periódicos. Luego recorrió las grandes ciudades de Europa: Milán, Turín, Florencia, Berlín, Leningrado y Londres, conquistando por doquier aplausos, honores y títulos (era Barón de Salas) por su genio interpretativo. En 1875, después de ser aclamado por reyes y emperadores, recorrió las principales ciudades de América y en el 1877 estuvo de regreso a Cuba para seguir a México y de nuevo a Europa, de donde volvió a la patria por el año 1900 en que recorrió la isla en jira artística. El 2 de junio de 1911, después de una carrera excepcionalmente triunfal como virtuoso del violín en la que alcanzara honor, popularidad y fortuna, falleció en una humilde posada de Buenos Aires, siendo enterrado el "rey de las octavas" en la fosa común. En 1917 el diario bonaerense “La Razón” inició una campaña cerca de las entidades musicales para dar digna sepultura al “Paganini” de ébano. Desde mayo de 1930 sus restos descansan en el panteón de la Solidaridad Musical de La Habana, trasladados de la capital argentina.
García Iñíguez, Calixto: -Nació en Holguín el 4 de agosto de 1839 y falleció en Washington el 11 de diciembre de 1898.
El 4 de agosto en la Historia de Cuba
• 1896 -
- Henry Reeve, El Inglesito.
Emeterio S. Santovenia en “Un Día Como Hoy” de la Editorial Trópico, 1946, páginas 9-10 nos describe los acontecimientos del 4 de agosto de 1896 en la Historia de Cuba:
“En las guerras de Cuba por su independencia siempre hubo que destacar el concurso de combatientes nacidos lejos de esta Antilla. La emancipación de la Isla contaba con las simpatías de hombres de las más diversas procedencias geográficas, simpatías que se manifestaban en expresiones de solidaridad, escritas y orales, y en hechos en que iba envuelta la exposición de la vida. Entre los que de los Estados Unidos vinieron a Cuba con el propósito de empuñar las armas en las filas de los libertadores se halló Henry Reeve.
“"Se le conocía -escribió Gerardo Castellanos García- por El Inglesito. Alto, delgado, rubio, ojos azules, amable. Llegó a Cuba en la expedición del Perrit, que mandaba el general Jordan. No sabía castellano. Ingresó como soldado. El general Luis Figueredo al alistarlo lo declaró inepto. Fue pronto el más intrépido y hábil jefe de caballería de las huestes camagüeyanas. Llegó a brigadier. Ignacio Agramonte lo hizo su hombre de confianza. En el Ejército Libertador gozaba de sólido prestigio."
“Ramón Roa habló del prestigio de Henry Reeve en unos versos patrióticos. Roa fue digno compañero de El Inglesito: ambos alcanzaron la más alta reputación como guerreadores al lado de Ignacio Agramonte. Y Roa dijo que los valientes a quienes Reeve llevaba a la victoria, en viendo las cicatrices que el bravo tenía ya, lo miraban como una página de gloria de Cuba.
“En 1876 El Inglesito participó en la invasión de Las Villas por el Ejército Libertador. Atravesó la región central de la Isla con viril resolución. El proyecto de extender la insurrección hasta las puertas de La Habana constituyó una de sus nobles pasiones. En el distrito de Colón, acampado en La Sierra, se encontraba el 4 de agosto de 1876. Allí supo que sobre él-marchaban unos quinientos enemigos. Sin pérdida de momento levantó sus reales y salió en demanda de los contrarios. El y los suyos combatieron brava y eficazmente. Con su machete en alto Reeve se esforzó por ser superior a la dificultad en instantes en que las fuerzas españolas habían diezmado a las cubanas. Sus seguidores quedaron reducidos a sus ayudantes y unos quince hombres más. Su caballo cayó muerto. Cuando su edecán Rosendo García quiso montarlo en otro caballo, el Brigadier le ordenó que se retirase, pues consideraba extremo el peligro. En ese momento Reeve fue herido, y unos minutos después, en duelo fiero con numerosos enemigos, dejó la vida sobre el ensangrentado campo de las primeras avanzadas del Ejército Libertador en Occidente.
“Del fin heroico de Henry Reeve se escribió que era el del luminoso recorrido de un meteoro. Ciertamente, él se había movido con celeridad casi sobrehumana al servicio de la libertad de Cuba. Al ocurrir su muerte acababa de salir del primer cuarto de su vida. Y aquel a quien un jefe criollo había negado toda aptitud para el manejo de las armas era motivo de asombro y admiración para cuantos, amigos o enemigos, conocían la índole y el alcance de sus proezas.”


Carolina Rodríguez
En Patriotas Cubanas
Por la Dra. Vicentina Elsa Rodríguez de Cuesta
Carolina Rodríguez Suárez nació en la provincia de Santa Clara.
Y haciendo nuestras las palabras de Héctor de Saavedra, uno de sus mejores biógrafos, diremos aquí de ella lo siguiente:
“Carolina perdió en la guerra su apellido, porque en la emigración había sido bautizada por “La Patriota”. Para todos fue desde ese momento Carolina la Patriota, y no podía haber título más sugestivo ni más envidiable que darle a aquella nobilísima mujer, envejecida en los arenales de la Florida, respetada y querida de todos. Estaba en todas partes, llevando el primer socorro al expatriado en la adversidad; era la primera en dar su pan al necesitado para satisfacer el hambre que lo consumía y era también de las primeras en pedir para Cuba.
Sus súplicas eran correspondidas en todas las ocasiones. Todos estaban obligados con ella que nada suyo tenia.
Pedía para el expedicionario en ciernes y para los más pobres, que era como pedir para una misma persona.
Martí fue su amigo y ella se inclinaba, sin otra razón que su instinto, ante aquel hombre que fue considerado por muchos, durante gran tiempo, por un soñador y un iluso, y que tal vez no tenía más razón a su propósito que la ilusión de su mente y el sueño de su alma.
Carolina la Patriota, fue una mujer insigne, que puso al servicio de la Patria su inteligencia clarísima y su extraordinaria actividad.
Jamás dudó del triunfo de Cuba, que era la causa a la que tan ferviente devoción hubo de consagrarla.
Ya cargados de años, viendo su patria libre del tirano, llegó a La Habana el primero de Febrero de 1899. Marchó a su ciudad natal Santa Clara, y allí, en una humildísima habitación, olvidada de todos, sufriendo indecibles privaciones, dejó de existir el día 2 de Junio del mismo año, cuatro meses después de su arribo a la Patria redimida.
El Ayuntamiento de Santa Clara, el 10 de Junio de 1899, acordó dar el nombre de Carolina Rodríguez a la calle denominada Callejón del Carmen donde había nacido y volvió a residir la insigne cubana.
Mujeres de este temple no necesitan ser recordadas sólo por el nombre de una calle o avenida de su poblado natal, porque eternamente están grabadas en el Altar de la Patria y en el corazón de todos los cubanos; pero para las generaciones venideras, se ha hecho bien con lo acordado en el Consistorio Villareño, porque al preguntar por ella, seguro es que habrá quien responda por que fue tan grande “La Patriota”.

“El Comandante Luis Rodolfo Miranda y de la Rúa”
“Por Enrique Guiral Moreno”
“Un hombre bueno, un amigo, un patriota excelso, un funcionario de la República que la dignificó en todo momento nos ha dicho adiós definitivamente. Nos referimos al comandante del Ejercito Libertador Luis Rodolfo Miranda, fallecido el día 2 de los corrientes.
“La infausta noticia nos ha dejado sumidos en profunda y sincera pena, pues nos unían a el, desde hace muchos años, vínculos de muy estrecha y cordial amistad, además de admirar sus múltiples virtudes y su heroísmo, de todos bien conocido, cuando peleó en la manigua en edad temprana, cuando era casi un adolescente, ganando palmo a palmo por sus acciones, los ascensos en grados hasta el de comandante que con tanto orgullo ostentaba. Es memorable su épica actuación como mambí y su decisión, más que valerosa, temeraria en la toma del famoso fortín español, Gonfau, de llegar a el bajo el fuego cerrado de sus defensores, y, con inaudito desprecio de la vida, trepar hasta la cima y plantar allí la insignia gloriosa de nuestras libertades. Asimismo fue el que tremolaba la primera bandera cubana que paseó por las calles de Bayamo.
“Paladín esforzado de nuestra Guerra de Independencia de 1895, la patria amada fue su constante obsesión.
“Nos deja el comandante Miranda, como un acervo para nuestra historia revolucionaria, múltiples libros, folletos, publicaciones y discursos de positivo valor y, todos ellos, de índole patriótica. Son de recordarse entre otros: Reminiscencias Cubanas (De la Guerra y de la Paz) ; Temas Cubanos, La República de Cuba, Brúcelas, 1926; La Fiesta de la Raza (Discursos) ; Discurso del ministro de Cuba en Brúcelas en el V aniversario de la Cámara de Comercio belgolatinoamericano, Brúcelas 1929; Martí, La Habana, 1935; Por la Confraternidad Cubana, La Habana, 1935; Expedición del Dauntless, La Habana, 1931; Calixto García, La Habana, 1937; En aras de Cuba, .La Habana, 1939; Con Maceo y con Calixto García, los Lugartenientes, etc.
“Elegido presidente del Décimo Congreso Nacional de Historia que habrá de efectuarse durante el corriente año, el Congreso deplorará profundamente el no poder verse honrado ya con la presencia de tan insigne compatriota.
“En la paz, los servicios prestados a la nación por el comandante Luis Rodolfo Miranda fueron siempre distinguidos y muy señalados. Vinculado desde muy antiguo al sector diplomático, ostentaba al fallecer el cargo de Enviado Extraordinario y ministro Plenipotenciario de la República. Ocupó varias veces la subsecretaría de Estado, y anteriormente representó a la República como ministro plenipotenciario en Colombia, en Lisboa y en Brúcelas. Por su caballerosidad y hombría de bien supo captarse la sincera estimación de todos sus compañeros y subalternos en el Ministerio de Estado.
“Fue delegado del Gobierno en las Conferencias azucareras de Brúcelas y en otros Congresos y Conferencias internacionales.
“Siempre imbuido en su afán patriótico de dar a conocer y divulgar cuanto se refiriera al honor y merecimiento de los grandes patriotas cubanos, creó y presidió la Unión Calixto García, e igualmente la Agrupación Pro Enseñanza de Hechos Históricos, instituciones patrióticas y culturales a las cuales dedicó sus mayores esfuerzos, habiendo instituido esta última desde hace siete años, un premio especial consistente en una medalla de oro, un diploma y cien pesos en efectivo -que en algún caso abonó el comandante Miranda de su propio peculio- para ser adjudicado al mejor trabajo presentado en cada uno de los Congresos Nacionales de Historia celebrados anualmente desde 1943.
“Fue el comandante Miranda discípulo de Estrada Palma en su colegio del Central Valley, amigo íntimo del Apóstol Martí y colaborador del periódico Patria, órgano oficial del Partido Revolucionario Cubano, en New York, y, asimismo, de El Porvenir y Cuba y América, que se publicaban en aquella ciudad. También colaboró en numerosos periódicos de La Habana, entre ellos La Discusión, Diario de la Marina, El Mundo, El País, y otros.
“La muerte del comandante Miranda afecta hondamente a la sociedad cubana, donde se le estimaba de manera singular por su hombría de bien y su afabilidad cordialísima. Su preclara figura de patriota y revolucionario deja un vacío difícil de llenar en los círculos veteranistas, pues fue entre ellos una de las más distinguidas figuras y un esforzado defensor de sus intereses y prestigios.
“La muerte del comandante Miranda marca una fecha de luto para la patria, que pierde en él a uno de sus hijos más ilustres y uno de sus mejores ciudadanos.”
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