jueves, 16 de septiembre de 2010

Castro, mira detrás del espejo


Publicado para hoy 17 de septiembre

Por: Andrés Candelario
Periódico el Nuevo Día


Se citaron para el Acuario Nacional. Allí, al otro día, continuarían la conversación que habían comenzado antes, mientras Fidel Castro almorzaba tranquilamente en la intimidad de su residencia. Sobre la mesa: pescado, ensalada y vino…

Castro quería que Joffrey Goldberd, el periodista norteamericano de la revista The Atlantic que él, personalmente, había invitado a la Habana para esta entrevista, asistiera al “show” de los delfines en dicho acuario.

Nada mejor que ese escenario un tanto irreal -grandes espacios azules y el inmenso estanque de cristal donde los delfines danzaban como increíbles acróbatas marinos-, para continuar conversando con este anciano de 84 años que a cada paso reconocía, como si se tratara de inocentes travesuras de juventud, los horrores que protagonizó a lo largo de más de medio siglo de dictadura.

Ya, antes de la conversación con el periodista norteamericano, en una entrevista con el diario mexicano La Jornada, había asumido total responsabilidad por la persecución a los homosexuales durante la primera década de su gobierno. Sin embargo, olvidó disculparse con los cientos de jóvenes seminaristas, sacerdotes católicos, ministros protestantes y Testigos de Jehová, que junto a los jóvenes homosexuales fueron enviados a los campos de trabajo forzado llamados, eufemísticamente, “Unidades Militares de Apoyo a la Producción”, los fatídicos UMAP, ubicados en la provincia de Camagüey. Bajo condiciones degradantes, miles de presos de la UMAP -entre ellos el hoy Cardenal Jaime Ortega Alamino, entonces un joven sacerdote y párroco- tuvieron que sufrir esta nueva forma de represión, hasta que los campos fueron cerrados en 1967. Me pregunto si después de estas declaraciones , Castro llamaría al Cardenal para disculparse.

Pero aún faltaba la admisión más sorprendente. Y allí, en medio de la atmósfera alucinante del Acuario Nacional, a una pregunta de Goldberd sobre la vigencia del modelo cubano y su validez en otros países, Castro, como si se tratara de un mal entendido familiar, contestó que “el modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros”. Y así lo publicó Goldberd en The Atlantic, y así lo recogió, estupefacta, la prensa internacional.

¿Desde cuándo sabía Castro que ese sistema no funcionaba? ¿En qué medida sus ansias de poder absoluto y su ambición por convertirse en una figura política internacional, aprovechando las aguas propicias de la Guerra Fría, impusieron un modelo de sociedad condenado al fracaso? Esa pregunta, ¿la contestará algún día?

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