
Por: Eduardo E. Rodríguez Candelario
Jefe de Prensa de la Delegación de la Unidad Liberal de la República de Cuba y Comunicador del O.C.P.I. en Puerto Rico.
En el pasado y la actualidad me he confrontado con las quejas de mis compatriotas, quienes rechazan, por ofensas frívolas, la nacionalidad del individuo debido ha algún improperio aludido.
De ambas partes, cubanos y puertorriqueños, nos jactamos constantemente al recalcar, de las famosas frases de Lola Rodríguez de Tió; de que "Cuba y Puerto Rico son de un pájaro las dos alas", sin embargo en la práctica todo lo dicho se hace un bache de expresiones vacías. Esa verdadera unidad prácticamente es casi inexistente. De ambas partes lo que sale son comentarios de insultos y rechazo de uno para el otro, cercenando de un machetazo las álas del pájaro.
Si queremos unirnos como uno, según los soñaron las grandes iluminarias del pasado, tenemos que aprender a perdonar los defectos del carácter de la que todos padecemos de un grado más que otros. Dispensar ofensas es un deber de todo creyente practicante de la bondad y, aquél que dice tener un sentido de humanidad. Mejorar las relaciones exije nada menos que trabajar por la unidad tan necesaria entre cubanos y puertorriqueños. Pero para lograr éste fín necesitamos trabajar en desarrollar la piedad y descartar la animosidad.
Cuba, ahora más que nunca, necesita de nuestro respaldo incondicional para lograr su tan anhelada transición hacia la democracia y el restablecimiento de los derechos humanos. Para lograr tal objetivo necesitamos fijarnos en como aliviar el dolor de éstos hermanos quienes se encuentran en tan trájico entorno. ¡Pero! vuelvo y recalco, se necesita compasión, amor y la capacidad de perdonar. Ejemplo de ésto lo cultivaron en su más sublime sentido de manifestación Jesús, Ghandi, Martín Luther King y Nelson Mandela.
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