
Por: Eduardo E. Rodríguez Candelario
Sobre tu altar ofrendamos un ramillete de gladiolas blancas,
éstas en señal de que ansiamos la paz y prosperidad,
acompañenos por las calles y veredas de la verdad,
protéjanos de las borrascas de aversión y impiedad.
Resuelto estamos por lograr la libertad, obsequio,
que por derecho divino, nos parece que no disfrutamos por una eternidad,
abrenos el camino, padrecito del alma,
dadnos esa bendición aunque sea con un pétalo de esperanza.
Cada día se acrecenta ese mar blanco,
que con un parapeto de lodo bermejo,
no parece rescindir de la indignación,
que constantemente sufre un pueblo clemente y candoroso.
Huyendo va ese espíritu achantado,
temiendo está un final muy cercano,
que constantemente van arrollando un mar de gladiolas blancas,
lograrán, pronto, restablecer una existencia de paz y bienaventuranzas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario