miércoles, 10 de noviembre de 2010

HOY EN EL CALENDARIO CUBANO, 11 DE NOVIEMBRE


Pescando en El Malecón de La Habana


• Santos católicos que celebran su día el 11 de noviembre:

- En el Almanaque Cubano de 1921:

Santos Martín, obispo y Bartolomé, confesores y Santas Ernestina, virgen y Cecilia, penitente

- En el Almanaque Campesino de 1946:

Santos Martín, obispo y Bartolomé, confesores y Santas Ernestina, virgen y Ocilia, penitente



• Natalicios cubanos:

Rodríguez, José Ignacio: - Nació en La Habana el 11 de noviembre de 1836 y falleció en Washington el 19 de febrero de 1907. Abogado, escritor, sociólogo y conferenciante.



El 11 de noviembre en la Historia de Cuba

• 1902 -

- Estrada Palma trazó su programa de gobierno en una carta dirigida el 7 de septiembre de 1901 al General Juan Rius Rivera y a otros compatriotas. Ese programa abarcaba tres cuestiones fundamentales: la necesidad de pagar al Ejército Libertador los haberes que el nuevo Estado le adeudaba; la conveniencia de establecer relaciones estables entre Cuba y los Estados Unidos, tanto en lo político como en lo comercial; y el empleo honesto y eficaz de los escasos fondos que la joven nación podría allegar para compensar en cierto modo el gran estrago producido por la guerra. Como Presidente de la República de Cuba (tomó posesión del cargo el 20 de Mayo de 1902) Estrada Palma cumplió esos tres aspectos de su programa.

• 1895 -

- La Invasión Libertadora en Camagüey: Avanza de Guamabo a Loreto Vía-ya, en total 7 leguas recorridas.

• 1868 -

- Jura de la Bandera en Sibanicú.

Emeterio S. Santovenia en “Un Día Como Hoy” de la Editorial Trópico, 1946, páginas 637-638 nos describe los acontecimientos del 11 de noviembre de 1868 en la Historia de Cuba:

“Los acontecimientos desarrollados en Oriente a partir del 10 de octubre de 1868 aceleraron los preparativos bélicos en Camagüey. Los hombres que en la ciudad de Puerto Príncipe premeditaban rebelarse contra la soberanía de España en Cuba no se atreguaron desde que advirtieron la conveniencia de secundar el movimiento iniciado por Céspedes.

“Los valientes cuanto distinguidos por su lustre y solvencia que se lanzaron al campo insurgente, desde Salvador Cisneros y Betancourt hasta Ignacio Agramonte, demostraron que se hallaban penetrados de la necesidad y del deber de combatir. Asaltos de posiciones enemigas, intercepción de trenes y providencias propias de hombres conscientes de la importancia del empeño en marcha constituyeron los ensayos de la Revolución en Camagüey.

“Entre los actos cívicos a que se entregaron los camagüeyanos descolló la jura de la bandera cubana en Sibanicú el 11 de noviembre de 1868. A Camagüey había llegado una enseña -formada de dos listas anchas paralelas, dividido el campo superior en blanco y rojo con una estrella blanca, ocupando el azul todo el campo inferior- igual a la enarbolada por Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre. Y este pabellón fue utilizado por los bisoños soldados libertadores conducidos por Jerónimo Boza hasta Sibanicú para prestar juramento de fidelidad a la causa de la independencia de Cuba.

“En las filas de combatientes al mando de Jerónimo Boza, en Sibanicú, el 11 de noviembre de 1868, estaba Ignacio Mora y Pera. Y fue él el encargado de decir a todos lo que significaba el acto cívico de Sibanicú.

“"No es -escribió Gonzalo de Quesada- tanto por sus servicios militares, ni por sus labores periodísticas, ni por sus méritos en los cargos de confianza que desempeñó, ni por el cruento padecer de su vida, ni por su muerte hermosa, por lo que Cuba conservará el nombre de Ignacio Mora entre los que la han amado y servido, como por su diplomacia hábil, por el peso de su consejo, por su obra de concordia, por el éxito con que consolidó los elementos disgregados de la patria naciente. ¡Bien merece una página en nuestra historia quien conjuró la tempestad de pasiones y de celos aldeanos que amenazaban la Revolución, quien con su alma serena y fogosa ayudó eficazmente a cementar la unión de todos los cubanos, que resplandeció en Guáimaro en la Carta de nuestras libertades, el 10 de abril de 1869!"

“Ignacio Mora y Pera habló en Sibanicú de los principios sustentados por la Revolución, madre amorosa de la abolición de la esclavitud, de las libertades públicas y de la independencia patria. E hizo comprender cómo el juramento de fidelidad prestado a la bandera de Cuba suponía el despertar de la conciencia del criollo y la base de la república democrática a cuya fundación era preciso llegar por medio del sacrificio y de la virtud.”




María Luisa Mendive
en Patriotas Cubanas
por la Dra. Vicentina Elsa Rodríguez de Cuesta


Esta ilustre patricia nació en La Llanada, bario del Municipio de San Luis, en la provincia pinareña, la región de Cuba donde sin más profusos los pinares y más rica la hoja del tabaco, en el año de 1879.

Hija del inolvidable don Rafael María Mendive, Director del Colegio “San Pablo” y célebre maestro de José Martí, el Apóstol de nuestras libertades patrias.

Procedente de familia distinguida, de abolengo patriótico y educada primorosamente por su progenitor inolvidable, vio pasar los días de su infancia en la placidez de la campiña vueltabajera, donde todavía se conoce con el nombre “Las Mendive”, la hacienda ubicada en La Llanada, donde María Luisa y sus hermanas vivieron durante mucho tiempo.

A la edad de 16 años, encontrándose residiendo en la Capital de la República, las sorprende la gesta heroica de 1895.

La bella pinareña, en las primicias de la juventud, trota sus ilusiones de amor, por su adoración a la Patria, cuya libertad plena ansía. “Hilda” es el nombre con el cual era conocida por los libertadores de la provincia habanera, seudónimo que usó para no comprometer a su familia.

Fue María Luisa agente del General Rafael García Osuna. Recogía ropa, zapatos, medicinas y balas y llevaba a campo insurrecto en todos días tenebrosos de la Reconcentración ordenada por el tristemente célebre Valeriano Weyler.

La hermosa tarde en que las tropas mambisas de Rafael de Cárdenas entraron en Guanabacoa, la heroica Villa de Pepe Antonio Gómez, María Luisa Mendive vistió su primer traje largo y peinó en alto su hermosa caballera, para festejar con extraordinaria alegría el triunfo de los cubanos.

La muerte, que la rozó muchas veces, respetó su vida joven y hermosa, y quien expusiera en el monte su existencia, tuvo la gloria de contemplar la Independencia de Cuba.

Restablecida la paz, sirvió a la República desde otros ángulos, constituyendo, durante el resto de su prolongada existencia, una ciudadana útil a la Patria por quien tanto lucho.




POR: GUIJE CUBA

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