
En la Ciénaga de Zapata
• Santos católicos que celebran su día el 9 de noviembre:
- En el Almanaque Cubano de 1921:
La Dedicación de la Basílica del Salvador de Roma, Santos Orestes y Teodoro, mártires
- En el Almanaque Campesino de 1946:
La Dedicación de la Basílica del Salvador de Roma, Santos Orestes y Teodoro, mártires
El 9 de noviembre en la Historia de Cuba
• 1895 -
- La Invasión Libertadora en Camagüey: Avanza de Caridad a Guamabo, en total 4 leguas recorridas.
• 1879 -
- La Guerra Chiquita o revolución de Calixto García, secundada por Francisco Carrillo en San Juan de los Remedios.
Emeterio S. Santovenia en “Un Día Como Hoy” de la Editorial Trópico, 1946, páginas 633-634 nos describe los acontecimientos del 9 de noviembre de 1879 en la Historia de Cuba:
“El pacto de El Zanjón, principio del fin de la contienda bélica sostenida por los cubanos durante diez años en pos de la independencia patria, no fue para muchos de los que lo aceptaron sino mera tregua. El intento del general Antonio Maceo, tan animoso como en los mejores tiempos después de su entrevista con el general Arsenio Martínez de Campos en Baraguá, resulto baldío. Pero había transcurrido poco más de un año cuando, en agosto de 1879, resonó de nuevo el clarín guerrero en Oriente, "la tierra de las grandes energías y de las grandes desobediencias". Oriente no participaba de la conformidad que reinaba en otras partes de la Isla y que con tesón insuperable predicaba el Partido Liberal, el partido autonomista, apegado sobre todo y a todo trance al principio de que era necesario sostener inalterable la paz pública.
“En Oriente tomaron por su cuenta la nueva demanda José Maceo, Guillermo Moncada, Belisario Peralta, Limbano Sánchez, Francisco Varona, Jesús Rabí, Gregorio Benítez y Emiliano Crombet, entre otros, secundados por unos seis mil hombres, dispuestos a luchar por la causa de la emancipación. Pero no fue Oriente la única región que estuvo alerta y respondió al nuevo llamamiento cívico. También la provincia de Santa Clara dio señales inequívocas de que en su seno persistía, a modo de fuego sagrado, la aspiración de librarse de la tutela colonial. Hombres hubo allí -Serafín Sánchez, Francisco Carrillo y Emilio Núñez, verbigracia- que contribuyeron con su decisión a reencender la guerra.
“El 9 de noviembre de 1879 Francisco Carrillo, veterano de la guerra de los Diez Años, se sublevó en la ciudad de San Juan de los Remedios, de concierto con instrucciones recibidas de Calixto García Iñiguez. Carrillo libró en poco tiempo acciones de importancia, ora combatiendo en Potrero Cabrera, Sabanas Nuevas, Tienda de Cintra, Ingenio Viejo, Jiquibú, Ajenjibral, Pesquera, Canibas, Dionisio Lazo y Seborucales, ora tomando las posiciones del enemigo. Dirigió magníficas cargas al machete. Y paso por el duro trance de ver caer a su hermano Sixto, atravesado el pecho por la fusilería de los servidores del régimen colonial.
“Tantos y tan señalados afanes resultaron ineficaces por el momento. El general Francisco Carrillo, casi por completo aislado en el teatro de sus operaciones, se vio compelido a aceptar del gobierno español puerto libre para abandonar la Isla. Ante éxito tan desastroso para los patriotas, ¿pudo acaso decirse que todo había sido inútil? Aquella rebelión -la Guerra Chiquita o revolución de Calixto García- constituyo algo así como la prueba y el aviso de que el pacto de El Zanjón, lejos de ser la tumba de los ideales emancipadores, abrió únicamente un breve paréntesis en las luchas del cubano por la creación de la República.”

María Machado
en Patriotas Cubanas
por la Dra. Vicentina Elsa Rodríguez de Cuesta
María Machado nació en Holguín, provincia de Oriente, las circunstancias de su nacimiento no podían hacer presumir su participación tan directa en la Revolución Cubana.
Mucho se ha escrito sobre el ataque y rendición de la plaza de Victoria de las Tunas a las fuerzas cubanas mandadas por el General Calixto García; pero no todos saben que a una mujer cubana, a María Machado, hija del General Español Emilio March, se debió este triunfo avasallador que dio lugar a tantos comentarios en las Cortes Españolas.
María Machado disfrutaba por aquellos días, de un permiso especial otorgado por su padre a la sazón al mando de la Tercera División del Ejército Español, con cuartel en la Ciudad de Holguín, y a la vez poseía un pase firmado por el General Calixto García.
Con ambos documentos podía entrar y salir fácilmente en las poblaciones y circular por el campo mambí. Merced a estas facilidades pudo ella detallar para los cubanos que se proponían tomarla, la situación real de la plaza, describir el emplazamiento de los fortines, apuntar el número de los soldados que la guarnecían, cañones de que disponían los españoles y otros datos positivamente valiosos, todo lo cual puesto a disposición del General Menocal fue utilizado en el plan de ataque que con éxito sin igual y gloría para los cubanos se realiza el 30 de Agosto de 1897.
María Machado, procedente de una familia de ardientes patriotas que tomaron parte en la revolución de 1868, aunque hija del General Emilio March no llevó nunca su apellido, debido sin dudas a cuestiones de índole familiar que no se ajustan a la índole de este libro, destinado a exaltar los valores patrióticos de la mujer cubana.
La linda y joven oriental pudo sentirse orgullosa de haber sido la heroína romántica, la doncella valiente y audaz, la patriota esclarecida, que expusiera su vida por obtener la libertad de Cuba.
Por eso su nombre figura en las páginas de está obra, para que su hazaña portentosa ilumine las presentes y futuras generaciones.
POR: GUIJE CUBA
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