
Por: Eduardo E. Rodríguez Candelario
Poema dedicado al gran mártir José Martí.
Con el Adalá, desde un liceo, germina un deseo,
un emancipador y preceptor a la altura de Carlos y Maceo,
la patria jubiloso está con tan excelso centelleo,
disparando conceptos que avezarán el espigón del gran paseo.
Su interior movido por una rebellión de gran tamaño,
asume el dolado desde temprana vida, en era de antaño,
desbordando en El Cojuelo y La Patria Libre, todo dote de maña,
la antorcha mayor de Cuba, leve, considerado todo un héroe aledaño.
Imputado por su libre urdir, indultado por su aspecto febril,
erradicado al Andalúz, redacta La Adúltera y conquista las letras,
conferido la cédula en obrar humano, en Zaragoza, donde todo fue logrado,
máximo su aporte, de alcance universal, en ésta tierra no habrá otro igual.
Su afecto por España colosal, pero nunca perdonó su política colonial,
reclamaba a la metrópoli que hiciera un acto de contrición racional,
que reconociesen errores de injusticia a nivel monumental,
logrando en la paz de Zanjón, un tanto despues, una gran decepción.
En un nuevo hecho continúa en su empeño por la liberación nacional,
siempre de frente a su contingente de valientes, en esa lucha sangriental,
empuña el estandarte de su amada tierra, en su galopante percherón,
abatido en cuatro tanteos y dos abriles, a la orilla de un manantial.
Pero su testimonio sigue impartiendo esperanzas, asaz, importante,
a un pueblo perseguido y abatido por un cruel rigidor constante,
el cual señala, con un dedo pulgar, nada menos como escorias mutantes,
que manchan todo lo blanco, con manos rojizos y actitud denigrante.
=====================================================================================
No hay comentarios:
Publicar un comentario