Escrito por Amarilis C. Rey
Managua, La Habana, 24 de enero de 2011,
(PD) Entre todos los problemas que deben enfrentar los cubanos está el tener, según datos extraoficiales, una de las poblaciones penales más grandes del mundo. La Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCHRN) asegura que en la isla existen unos cien mil presos.
Juan Manuel Ortega Puentes es uno de los números en esa lista. Desde el Combinado del Este, prisión de mayor rigor situada en la Ciudad de la Habana, Ortega afirma a través de una misiva que ha cumplido treinta y cuatro años de cárcel después de haber sido acusado en el año 1975 de un delito de encubrimiento de hurto en vivienda habitada, cuando aún era menor de edad.
Por su condición de menor de edad -cuenta- en 1978 fue trasladado sin medidas para la prisión de adultos. Aquí -explica- debía estar un año, y si tenía buena conducta, según el reglamento penitenciario, sería devuelto al seno familiar. “Cosa esta que nunca sucedió”, destaca en su carta.
Asegura que comenzó a tener problemas que le trajeron como consecuencia nuevas y más severas sanciones. Resignado y conciente de los delitos cometidos, afirma que decidió cumplir su pena sin quejarse.
En el año 1990 fue trasladado para un plan correccional laboral donde a los ocho meses la dirección del penal le otorgó la libertad condicional. Sin embargo, según su misiva, en aquel momento el jefe de orden interior nombrado Sinecio lo envió para otra prisión, esta vez la de Quivicán, situada al sur de la provincia, con una acusación de robo, que por ser incierta, nunca pudieron probarle ni tampoco abrirle una nueva causa.
Después de catorce meses, el Mando Directivo de la prisión le propuso darle nuevamente el plan correccional. Aceptó y cuando le dieron el primer permiso para visitar su familia, pudo enterarse que de la unidad de la policía del barrio al que pertenecía lo buscaban pues aparecía en libertad condicional desde hacía 14 meses y debía firmar en la unidad mensualmente como nueva medida disciplinaria.
Cuando vio tanto engaño, decidió no regresar del pase y hacer todo lo posible porque se le hiciera justicia, pero agrega que todo fue en vano.
Sus padres fallecieron mientras se encontraba en cautiverio, y en su casa vivían un mayor del Ministerio del Interior y una oficial de los Boina Rojas (policía militar).
“Traté de quejarme y hacer trámites para que me devolvieran mi casa y no logré nada”, refiere en su carta.
De nuevo en prisión y con nuevas sanciones, hoy lleva 34 años de recluso. Referente a su casa, asegura, le comunicaron que debe esperar ubicación. Y mientras tanto sus hijos, afirma, no tienen donde vivir.
Agrega que le han negado el régimen de mínima severidad 16 veces y se pregunta si será posible encontrar a alguien que le haga justicia por todo lo que ha tenido que sufrir.
Elisardo Sánchez Santacruz, presidente de la CCHRC sostiene que en Cuba antes de 1959 existían 14 cárceles y hoy hay más de 200, lo que demuestra un aumento de más de veinte veces en la cantidad de prisiones, mientras que la población general del país solo creció el doble.
amarilisrey@yahoo.com
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