lunes, 21 de febrero de 2011

Ay la vida, (cuento)




PUBLICADO PARA HOY 22 DE FEBRERO


Escrito por Adolfo Pablo Borrazá


(PD) - Las manos en el regazo le sudaban copiosamente, temblaban y se agitaban queriendo parar aquel encuentro.

Sus ojos desviaban aquella mirada seductora que buscaba con insistencia una cómplice que lo invitara a besarla.

Los labios carnosos, las mejillas rosadas y la piel suave como seda, conformaban aquel altar hecho cuerpo.

El cabello ondulaba cual jinete libre en llanura verde, la agitación parecía abaldonar el más sublime momento.

Solo un segundo y sintió dentro suyo toda la creación de Dios, el gemido casi ahogado salió espontaneo.

Una lágrima rodó mejilla abajo hasta llegar al borde del superior, un vórtice de pasión y miedo le embargaba.

Sintió un agarre en sus caderas que la hacía moverse horizontalmente, las manos eran fuertes y seguras.
En su interior algo cambiaba, la naturaleza le mostró la transformación de niña a mujer y con ello el nuevo camino.
No quiso estar por debajo y experimentó poses conjugadas con movimientos tímidos primero, incontrolables después.
Apreció lo exquisito que fue aquella experiencia, su primera y única porque la vida, ay la vida, le canjeó al hombre.
Ahora lo tiene en espíritu porque la carne se pudrió en aquel baúl siniestro y oscuro donde lo cobijaron.

Todavía siente sus manos, sus ojos, sus movimientos que le enseñaron la instauración de la superioridad del hombre.
Su tórax musculoso, sus hombros anchos, sus brazos fuertes, eran el refugio cuando la tristeza y la melancolía la atacaban.

Nada le queda, solo ella, apostó y perdió, en cambio ganó algo pequeño que le cuestionan y le critican.
Un ser semejante con hermosos ojos, unas caderas anchísimas y sabrosas, su rojizo cabello se mantiene quieto alrededor del cuello.

Sus besos son pasionales, sus manos son como las de ellas y entienden donde debe tocar para hacerla sentir como aquella vez.

Los clítoris se juntan para gemir al menor contacto, se enfrascan en un conflicto de hermosas Amazonas.
Solo ellas y nadie más, el mundo no existe, ni siquiera el ser masculino, son seres selladas por la vida.

Ay la vida, la que les envió sus esposos al lugar desconocido, al eterno, al trasfondo, in albis.
Desconocían lo otro, lo que las hizo acercarse y enamorarse mutuamente, las miradas eran iguales, penetrantes e inquisidoras.

No hay vuelta atrás, el pasado quedó detenido en el tiempo, allá, en aquella caja fúnebre donde guardaba un cuerpo, dos.

Dos mujeres al filo de la inocencia, un binomio encantador y excitante con diferentes estilos pero idénticas figuras.
Almas inquietas y agradecidas por haber aprendido el nuevo camino, amar y amar, solo eso, no importa el sexo ni el órgano.

Seres transparentes que no ocultan lo que son, tienen y no se vanaglorian de eso, expulsaron el querer porque era infértil.

Solo el amor es lo esencial, lo seguro, lo único. Por lo que lloraron y por lo que gimen de placer, el amor las juntó y por él permanecen juntas.
Hasta que la vida, ay la vida, lo determine.

adolfo_pablo@yahoo.com

Mujeres: Hildebrando Chaviano

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