domingo, 20 de febrero de 2011

Just another cowboy song




Escrito por Luis Cino Álvarez


Arroyo Naranjo, La Habana, 21 de febrero de 2011


(PD) Recuerdo perfectamente el momento en que me enteré del 11-S. Cuando supe la noticia del ataque terrorista al World Trade Center, ayudaba a un albañil, que me pagaba 20 pesos diarios, a remendar el techo de una vieja casa en Santos Suárez.

Hasta una semana antes, trabajaba en una UBPC cerca de mi casa. Me pagaban 350 pesos mensuales por hacer de celador de la vaquería en noches alternas y de vaquero todos los días, a partir de que amanecía y hasta después del mediodía, que me relevaban. El trabajo tenía sus compensaciones. Al menor de mis hijos, que tenía entonces seis años, no le faltaba la leche de vaca acabada de ordeñar ni en nuestra mesa el ají, el quimbombó y las frutabombas que ¿resolvía, robaba? en la granja.

Además, siempre me ha gustado la vida al aire libre, tan saludable. Recuerdo que aquel trabajo me abría el apetito. Me encantaba nadar en la presa, mientras las vacas pastaban en la orilla. Luego me tendía a leer mientras me secaba al sol. Malagradecido que es mi cuerpo, no estaba tan flaco como ahora, sino musculoso y con la piel tan tostada como un indio.

Me botaron de aquel trabajo porque un día cuando recogí las reses, yo que soy cegato y tan entretenido, y que por tan poco dormir, no sabía cuando soñaba o estaba despierto, no descubrí que una vaca preñada se escondió y se quedó regada en el campo hasta la mañana siguiente. La encontré parida, con su ternerito, oculta entre los matorrales. Por suerte ningún matarife dio con ella esa madrugada, porque todavía estaría preso. Habría sido una jugada perfecta para el Departamento de Seguridad del Estado, porque como ya era periodista independiente desde hacía más de tres años, me hubieran podido enviar a prisión no por motivos políticos sino por “complicidad en un caso de hurto y sacrificio de ganado mayor”. De hecho, el jefe de la granja amenazó con acusarme e impulsivo y mal hablado que soy a veces, me cagué en su madre y le pedí la baja.

Después de reparar el techo donde me sorprendió el 11-S, me fui a cortar marabú y a chapear las orillas de la carretera de Managua. Desde que me echaron de la universidad para los revolucionarios, casi ningún trabajo me asusta. Digo casi porque no me atrevería a probar como policía.

Trabajé en la vaquería desde marzo hasta inicios de septiembre de 2001. Menos de seis meses. No obstante, que haya trabajado como vaquero llama la atención de muchas personas últimamente. Incluso algunos amigos, en Cuba y en el exilio, que me conocen bastante bien, tuvieron poco más que decir de mí que no fuera que trabajé como celador de una vaquería. También pudieron decir que alguna vez fui profesor de inglés y que puedo leer, casi tan bien como a García Márquez y a Vargas Llosa en español, a Faulkner, Hemingway o Tom Wolfe en su lengua original.

Pero supongo sea más romántica la imagen del escritor-cowboy. A propósito de los detalles románticos, lamento contradecir a mi amigo Iván García, pero en mis noches en la vaquería, no escribía cuentos y crónicas junto a una vela, como escribió en su blog, sino a la luz mortecina y más prosaica de un bombillo ahorrador de 60 watts.

Hace años que sospecho que los periodistas independientes, de tan pasionales, poco fotogénicos y políticamente incorrectos que somos, resultamos incómodos e incongruentes en la era de Internet. En muchos casos, la culpa es nuestra por lo torpes que somos en el mundo de las NTI. A decir verdad, más allá de la dichosa foto –en la que no soy muy favorecido porque indudablemente mi tiempo mejor ya pasó-, no acabo de entender la utilidad de que un periodista esté en Facebook. Lo digo porque quien desee escribirme, puede hacerlo a la dirección electrónica con que firmo mis trabajos en Primavera Digital. ¿Para qué preocupar más a los tipos de la policía política que me vigilan a toda hora, también en la red, si aparte del poco tiempo de Internet de que dispongo, apenas sé cómo carajo trajinar en Facebook?

Confieso que, como muchos colegas del periodismo independiente, sentí celos porque el oficial Tato Fontes, tan ocupado en perseguir a blogueros peligrosos y letales redes inalámbricas que se le cae el pelo por mechones, nos ninguneara olímpicamente en la video-conferencia para jefazos segurosos que anda por ahí, diz que filtrada. Pero recapacité y llegué a la conclusión de que mientras menos caso nos hagan, mejor: supongo que de tan poco que les importamos, la represión contra los periodistas independientes será mucho menor. Si acaso, algún que otro ciber-insulto del ciber-Tato (¿Yoandry?) o de Tina Modotti (la usurpadora). Digo, luego de enfrentar a Yoani Sánchez y los blogueros, en el tiempo que les quede libre, si les interesa o les es posible…

Aunque con “esta gente”, que dicen exactamente lo contrario de lo que piensan, uno nunca sabe a qué atenerse…Tal vez se traen algo entre manos. Ellos, que como Chávez, “no se parecen a nadie”. Hay quien dice que el video no se filtró, sino que lo filtraron, vaya usted a saber con qué objetivo. Porque imagen más retrógrada, asustadiza y ridícula, no pudieron dar ni aunque se lo hubieran propuesto de todo corazón. Si fue esa la intención, me paso. Luego de Wikileaks, ya no sé qué pensar con tanta bobería como se filtra –o dejan que se filtre. Aburre. Da ganas de soltar un bostezo de la magnitud del que la teniente coronel del dichoso video no logró ocultar.

luicino2004@yahoo.com

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