jueves, 3 de marzo de 2011

Aniversario de la Ciudadanía Americana

PUBLICADO PARA HOY 4 DE MARZO

POR: OFICINA DEL GOBERNADOR



Gobernador de Puerto Rico

Hon. Luis G. Fortuño

Aniversario de la Ciudadanía Americana

San Juan, Puerto Rico 2 de marzo de 2011

Un día como hoy, hace 94 años, la historia de nuestro pueblo cambió para siempre. Ese día, los puertorriqueños adquirimos la ciudadanía de los Estados Unidos de América.

El liderato en Puerto Rico la había solicitado al unísono, al efectuarse el cambio de soberanía en el 1898. A veces lo bueno se hace esperar. Tomó casi 20 años en llegar. Finalmente, en el 1917, con la aprobación del Congreso y la firma del presidente Woodrow Wilson, el sueño se convirtió en realidad.
Tal como la declaramos en nuestra Constitución local, la ciudadanía americana es un factor determinante en nuestra vida, tanto individual como colectiva. Nuestra Constitución estatal recoge ese consenso claro, contundente y duradero de nuestro pueblo.

Mucho ojo con los que a veces hablan de la ciudadanía, pero no hacen nada para defenderla. Sus palabras son huecas. Su agenda es otra.

A todos nos toca defender nuestra ciudadanía, al lado de nuestros veteranos. Por eso hoy todos aquí rendimos un merecido agradecimiento a nuestros veteranos. Son decenas de miles de veteranos puertorriqueños que han cumplido con el sagrado compromiso de defender nuestra ciudadanía. Su sacrificio, el de los que los precedieron, y el de aquellos que siguen defendiéndola hoy como miembros activos de las Fuerzas Armadas de nuestra nación, es lo que ha garantizado que todos podamos seguir disfrutando de los beneficios de la ciudadanía americana que tanto atesoramos.

Como reza nuestra Constitución estatal, no sólo consideramos la ciudadanía americana un factor determinante en nuestra vida, sino también todo lo que ella representa, incluyendo—en las palabras del preámbulo—“nuestra aspiración a continuamente enriquecer nuestro acervo democrático en el disfrute individual y colectivo de sus prerrogativas”.

Nuestra ciudadanía es lo que nos garantiza el derecho a vivir en una sociedad que nos ofrece una extraordinaria combinación de oportunidad, estabilidad, seguridad y bienestar. Como Comisionado Residente y Gobernador, a través de los años he participado en la ceremonia de juramentación de cientos de nuevos ciudadanos americanos. Compartir ese momento tan especial en la vida de tantos inmigrantes, me ha llevado a menudo a reflexionar sobre el hecho de que los que nacimos automáticamente al amparo de los privilegios de la ciudadanía americana muchas veces no apreciamos plenamente su valor, ni sacamos tanto provecho de sus beneficios, ni nos sentimos tan motivados a exigir por derecho las prerrogativas que ella nos confiere. En contraste, los inmigrantes—muchos de los cuales han sufrido en sus países de origen las dificultades e injusticias que siempre se manifiestan en sociedades que carecen de los pilares democráticos de seguridad, igualdad, estabilidad y oportunidad—dan testimonio viviente de la bendición que representa para ellos ser ciudadano de los Estados Unidos de América.

Un principio central del sistema americano de gobierno es que el gobierno está para servirle al pueblo, y no al revés. El individuo y la familia son las unidades básicas de nuestra sociedad. Por lo tanto, es a ellos a quienes tenemos que apoderar, poniendo en sus manos el poder y las oportunidades. Esta filosofía fundamenta todo el programa de gobierno que hemos implantado en nuestra administración.

El gobierno está para apoyar al individuo y las familias, no para ahogarles hipotecando el futuro de generaciones venideras. El gobierno tiene la obligación de ofrecer servicios básicos de excelencia, y servicios de apoyo y ayuda, sobre todo a aquellos con menos recursos. Pero cuando el gobierno excede esa función esencial y limitada, y se convierte en un gobierno paternalista y todo proveedor, crea un ciclo vicioso de dependencia que castiga el éxito y ahoga la capacidad de superación del individuo.

Los principios de nuestra ciudadanía...de igualdad de oportunidades, iniciativa individual y gobierno responsable que aseguran nuestra estabilidad, seguridad y progreso...son precisamente los principios que nos apoderan y nos permiten alcanzar todo nuestro potencial, como individuos y como sociedad. Por eso, en este aniversario de la ciudadanía americana, hago un llamado a que renovemos nuestro compromiso individual y colectivo con los principios más básicos de nuestra gloriosa ciudadanía.

Como dice nuestra Constitución estatal, nuestra aspiración es continuar enriqueciendo nuestro acervo democrático en el disfrute de las prerrogativas de nuestra ciudadanía americana. Para la mayoría de nosotros, esa aspiración no culminará hasta que no alcancemos la estadidad para Puerto Rico. Al final del día, no hay, para un ciudadano americano, otra meta política que no sea la igualdad con los demás ciudadanos americanos. Quedarnos sólo medio camino a la igualdad, es quedarnos cortos del único destino natural a que conduce la ciudadanía americana.

Pero aún aquellos de nuestros conciudadanos que aún no comparten esa visión, sí comparten con nosotros la aspiración de alcanzar mucho más progreso y nuevas conquistas democráticas que emanan de nuestra ciudadanía americana. Los invito a todos que comparten esa aspiración a unirse a nosotros en este camino, a unirse a los que sí honramos la ciudadanía con integridad y verticalidad, al lado de nuestros veteranos.

Que Dios los bendiga siempre.

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