sábado, 9 de abril de 2011

Agustín Cervantes, la ordalía de un destierro



Donde el preso político cubano, Agustín Cervantes, cuenta los detalles de su excarcelación y destierro a España.

Manuel Vazquez Portal / martínoticias.com 09 de abril de 2011

Foto: Cortesía del blog independiente cubano Primavera Digital

Agustín Cervantes, a la izquierda, de abrigo negro y short amarillo, mientras los presos políticos se hallaban concentrado en la cárcel La Lima.

Luego de haber protagonizado una huelga de hambre que lo asomó a la muerte.

Agustín Cervantes ha llegado a España con una mano delante y la otra en la esperanza. Con una muda de ropa y sin un euro en el bolsillo, aterrizó –junto a otros 36 presos más- el viernes en el aeropuerto de Madrid-Barajas.

En la misma terminal aérea, y sin sacudirse el susto de ocho horas de vuelo, el preso político cubano fue montado en un ómnibus con rumbo desconocido hasta ser recibido, después de siete horas de viaje por carretera, en el albergue Jóvenes de Málaga, donde –ha afirmado- el tratamiento ha sido bueno y ha agradecido al pueblo español por su solidaridad.

La ordalía había comenzado mucho antes. Mientras purgaba una condena por defender los derechos humanos en Cuba, y luego de haber protagonizado una huelga de hambre que lo asomó a la muerte, fue avisado de que podría viajar a España si deseaba ser liberado.

El 4 de marzo –contó Cervantes a martinoticias.com- el vocero del arzobispado de La Habana, Orlando Márquez, lo telefoneó para explicarle que su nombre aparecía en una nómina de posibles excarcelados si aceptaba ser enviado al extranjero.

Explicó el preso político que al aceptar tal condición pasó diez días en un destacamento de la prisión de Mar Verde, en Santiago de Cuba, para posteriormente –el día 14 de marzo- ser trasladado hasta una sala de la penitenciaría Combinado del Este, en La Habana, donde, junto a otros presos protagonizó varias protestas por la pésimas condiciones del lugar.

Las autoridades cubanas decidieron entonces reubicarlos en la cárcel de La Lima, en las afueras de Guanabacoa, también al este de la Habana, mientras su familiares fueron –por separados- alojados en unas viejas casas que antiguamente el Ministerio del Interior usaba como zona de recreo llamada Villa Lago.

Narró Cervantes que tanto él –en la cárcel- como sus familiares en su residencia, ante la inminencia de un viaje rápido, abandonaron el hogar en el extremo oriental cubano sin más avituallamiento que las ropas que traían puestas.

Sin embargo, con esa entereza y optimismo que lo hizo soportar más de un encarcelamiento por luchar por la democracia en su país, Agustín Cervantes piensa que poco a poco, la vida irá mejorando cuando llegue a La Torre del Molino, también en Málaga, al parecer, el fin de la ordalía.

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