
Donde Carlos Luis cuenta como una condena de dos años -por salida ilegal del país- se convirtió en una pena de 22 años.
Manuel Vazquez Portal / martínoticias.com 10 de abril de 2011
Foto: Cortesía del blog independiente cubano Primavera Digital
Carlos Luis, a la derecha, circulado.
Decidí venir a España porque tengo deseos de vivir.
Carlos Luis Díaz Fernández consumió su juventud aferrado a los barrotes de calabozos inmundos y solitarios. Tenía apenas 18 años cuando decidió navegar hacia la libertad y fue a dar con sus sueños a una cárcel cubana. Una condena de dos años -por salida ilegal del país- se convirtió en una pena de 22 años por seguir defendiendo sus sueños dentro de la prisión.
Nunca quiso callar una injusticia, acatar una orden arbitraria, ni vestir el uniforme de preso común. La rebeldía de su juventud se volvió contra él. Más de una vez lo golpearon con brutalidad. Tanto que en una ocasión le fracturaron la mandíbula y le rompieron la cabeza.
Transitó por celdas de castigo de los regímenes de máxima seguridad en las penitenciarías de Camagüey, Villa Clara, Matanzas, Santiago de Cuba y Guantánamo.
Había comenzado en la oposición allá por el año 1992. Pintó consignas en las paredes, hizo amanecer su pueblo cundido de carteles contra el gobierno. Se enfrentó a las autoridades que lo acosaban, luchó por lo que creía.
El bloque socialista se había derrumbado y la miseria galopaba por su pueblo. Era más fácil entonces conseguir un arresto que un pan. Se preludiaban convulsiones sociales. Pero la gente parecía más decidida a luchar contra la furia del mar que contra el gobierno de los Castro, Carlos Luis decidió también poner su suerte sobre una frágil embarcación que lo alejara del delirio.
El 24 de agosto de 1993 carenó en una cárcel de Guantánamo, no en las playas del sur de La Florida, como había imaginado. Su vida se convirtió en silencio y soledad. Las celdas fueron consumiendo sus energías juveniles y le fueron mostrando una vida muy alejada de la que había soñado.
Con voz algo pedregosa, sin los timbres alegres de la mocedad, contó a martinoticias.com cómo, luego de tantos años de mazmorras, llegó el viernes a España, aún con muchas ganas de vivir.
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