domingo, 10 de abril de 2011

How much longer, Mr. Carter...?




Escrito por Paulino Alfonso Estévez


Lawton, La Habana


10 de Abril del 2011


(PD) James Earl Carter nació en Plains, Georgia, el primero de octubre de 1924. Durante 38 años su vida transcurrió en el suave sur norteamericano, en la Academia Naval de Anápolis, en un submarino atómico y posterior a la muerte de su padre, en Plañís, como próspero industrial.

Estos innegables éxitos en la esfera personal y una probada fé evangélica lo convirtieron en candidato de fuerza para gobernador del estado de Georgia, como correspondía a todo WASP ( White, Anglo –Saxon, Protestant, Blanco, Anglo-Sajón y Protestante) exitoso.

Así las cosas, durante 9 años fue senador estatal. Perseguido por el complejo de culpa por sus abuelos esclavistas, intentó con mucho ruido, pero sin éxito, reformar la situación de los afro-americanos en el Sur de los Estados Unidos.

Tras 2 intentos fallidos, salió electo en 1971 gobernador de Georgia. Sus primeras palabras al asumir el cargo fueron: “La época de la discriminación racial ha llegado a su fin”. Su administración representó el Nuevo Sur. Su mayor y único éxito (del que presumiría en su ulterior campaña presidencial) fue un plan de reorganización gubernamental que redujo la burocracia estatal.

En 1977 fue electo presidente de los EE.UU. Entonces quiso hacer realidad su sueño de mesías de los afronorteamericanos, cosa muy noble, pero bastante apartada de la responsabilidad de dirigir un gobierno con liderato mundial.

A pesar de la mayoría que tuvo en el Congreso, tuvo muy poco éxito con este cuerpo legislativo en lo interno. Lo poco que se le aprobó, el programa de reducción de la importación de petróleo, demostró a larga ser un problema, ya que incrementó los precios de bienes y servicios, y motivó que la tasa de inflación alcanzara su punto más alto desde 1945, al rehusar Carter a imponer topes a precios y salarios, limitándose sus medidas a solicitar a las grandes empresas bajos precios, y a los sindicatos que limitaran sus demandas, amén de la devaluación del dólar.

Eso lo tendría que arreglar Ronald Reagan, cuando por suerte lo sustituyó, en 1980.

La presidencia de Carter también se vio afectada por las “renuncias” de sus allegados y familiares, tales como su amigo Bert Lance, por una serie de irregularidades” bancarias, un asesor de salud por un escándalo relacionado con drogas, del embajador ante la ONU, Andrew Young, por indiscreciones con los soviéticos y por ultimo su hermano Billy, quien “por servicios meritorios”.recibió 220.000 dólares de su amigo libio Muammar El-Gaddaffi.


No voy a analizar la vida de Carter, tan llena de errores y buenas intenciones, desde los acuerdos de Camp David hasta el tratado SALT, pasando por la entrega del Canal de Panamá y la tácita aprobación para que el castrismo abasteciera y dirigiera la guerra en Nicaragua, sin pensar en el Salvador, el asalto iraní a la embajada en Teherán y el cruento error de su rescate. Además de otros pecadillos, me limitaré a estas palabras del Castro más anciano cuando hace pocos días calificó a Mr. Carter como “el mejor presidente de los EE.UU.”

Cada vez que Satanás elogia, paro la oreja y me doy a la tarea de investigar la trayectoria del nuevo secuaz o amigo.

Tan pronto Carter llegó al poder autorizó una representación de Castrolandia en los EE.UU. Posteriormente, en abril de 1980, con una jugada maestra, el hoy anciano Fidel Casiano llenó la embajada del Perú con 10,000 personas en 24 horas, a lo que siguió el éxodo del 135,000 cubanos por el Mariel que regalaron de esa forma a los Castro, si se toma en consideración inmuebles, autos, dinero y joyas, cerca de US$1.9 billones. Amén de los casi 45,000 presos, locos y enfermos enviados a la florida que gravaban el presupuesto del gobierno cubano innecesariamente.

Verdaderamente, en esos términos, Mr Carter, no sólo es el mejor presidente de los Estados Unidos, es, como diría cualquier cubano, “¡su sangre, su ecobio!”

En mayo de 2002 Carter realizó un histriónico viaje a Cuba, donde se entrevistó con Fidel Casiano, pidió la democratización de Castrolandia y respeto por los derechos humanos. Como contraoferta, se mostró partidario de que Estados Unidos levantara el embargo. De todo esto, lo que más asustó a Castro (el real, no el clon) fue que Carter le pidiera que dejara a la oposición jugar con el cándido Proyecto Varela. Esto le pareció demasiado al Führer que raudo y veloz, convocó a sus guardias rojos, con “el difunto” Hassan Pérez al frente, a “persuadir” al pueblo a modificar la Constitución, gazapo del que se declaró (a puerta cerrada) culpable.

Hoy, Jimmy Carter llega con el cura Ortega y otros personajes, no a pedir por preso cubano alguno, ya que gracias a sus valerosas mujeres, se encuentran casi todos en libertad y otros lejos del presidio castrista, sino por un contatrista yanqui que hizo mal su trabajo y ahora le cogió miedo al Coco.

*Then, Mr. Carter, how much longer do the Cuban people has to suffer your bad jokes? (Entonces, señor Carter: ¿por cuánto tiempo más, debe el pueblo cubano sufrir sus pésimos chistes?).

paulino.alfonso@yahoo.com

Foto: Cortesía del autor

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