
Si la Iglesia ha decidido otorgarle al César lo que es del César, y el gobierno otorgarle a Dios lo que es de Dios, la pregunta es: ¿quién le reconoce a los ciudadanos lo que es de los ciudadanos?”
martinoticias.com 24 de mayo de 2011
Foto: EFE El proyecto Nuevo País ha divulgado un documento en torno al diálogo entre Iglesia Católica y gobierno cubano en el que establecen que “es estratégicamente crucial potenciar en Cuba un escenario que desvalorice la cultura y los instrumentos de violencia que han definido por más de 50 años la atmósfera política” de la isla.
El Proyecto Nuevo País agrupa a organizaciones disidentes cubanas de la tendencia moderada dentro de Cuba y uno de los miembros de la mesa coordinadora, el historiador Manuel Cuesta Morúa, habló con Radio Martí que -como anota un documento emitido- para la mesa coordinadora de Nuevo País, “a un año de iniciado lo que podríamos considerar en rigor como diálogo político entre Iglesia Católica y gobierno cubano, se ha venido haciendo una reflexión en torno a su naturaleza, sus efectos concretos y su significado estratégico para Cuba”.
En este sentido, Nuevo País ha considerado que “este diálogo es positivo porque devalúa la cultura de la violencia, pero que dicho eso, cabría pensar que el sentido de todo diálogo político entre actores relevantes de la vida nacional puede y de hecho implica las posibilidades y las opciones del resto de los actores, sean organizaciones o simples ciudadanos”.
En un documento emitido por Nuevo País se establece que “esta consideración es fundamental, también en términos de credibilidad, porque la estabilidad y seriedad de determinados acuerdos depende de hasta dónde se tiene en cuenta a toda la sociedad ─una sociedad plural en su conjunto”.
Para Nuevo País “esta última consideración es relevante. Si la Iglesia ha decidido otorgarle al César lo que es del César, y el gobierno otorgarle a Dios lo que es de Dios, la pregunta es: ¿quién le reconoce a los ciudadanos lo que es de los ciudadanos?”.
“Esta pregunta –continúa el documento- es clave para saber si la Iglesia Católica está sosteniendo un diálogo político en nombre de sí misma, en nombre de los católicos cubanos, o de todos los cubanos que no se reconocen en el partido comunista, en la Iglesia Católica u otras denominaciones religiosas, ni ven expresados sus intereses y conceptos dentro del actual modelo político”.
“Independientemente de que la Iglesia Católica cubana –puntualiza la nota de Nuevo País- es la única de su tipo en todo el hemisferio occidental que no reconoce ni sostiene un diálogo regular y estructurado con expresiones cívicas y políticas independientes, Nuevo País considera que ella ha jugado un papel esencial para proyectar la necesaria imagen negociada de conflictos sociales y políticos”.
Añade el documento que “en el caso específico que dio inicio a este diálogo público, esto fue muy importante porque se trataba de un conflicto político-humanitario que dañaba a personas y familias concretas, y que enquistaba la relación perversa entre el gobierno y los actores prodemocráticos cubanos”.
Nuevo País comparte, sin embargo, una preocupación de primer orden para el presente y futuro de Cuba. “Si todo diálogo político supone un riesgo, sobre todo cuando una de las partes no es consistentemente seria, en el caso de este diálogo los riesgos se potencian en cuatro direcciones. Primero, por las pautas que se establecen para todo diálogo futuro; segundo, por las exigencias y responsabilidades que recaen sobre el único actor independiente y mundialmente visible a la hora de gestionar asuntos básicos para todos los cubanos; tercero, por la ambigüedad que implica dialogar sobre asuntos políticos para un actor que no se reconoce como tal y, cuarto, por el efecto de confusión sobre la entidad moral de actores importantes en la sociedad cubana”.
Finaliza el documento de Nuevo País estableciendo que “en un país que desesperadamente necesita claridad y liderazgo morales, se requieren actores reconocidos que, más allá del inevitable juego político, contribuyan a definir y clarificar públicamente, desde sus propios ámbitos, el suelo y lenguaje éticos de la nación, asumiendo los costos de todo liderazgo. Definitivo en un momento en el que el gobierno intensifica la violencia y la represión sobre ciudadanos cívica y políticamente proactivos, y en el que es ineludible un llamado dramático al ejercicio de la decencia de Estado”.
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