viernes, 10 de junio de 2011

Coraza de Cocodrilo, Vocero e Idolos de Barro




Por Esteban Fernández


Disfruto de las críticas constructivas de buena fe, pero como mis lectores pueden observar, casi nunca respondo a los pocos comentarios subidos de tono que recibo porque considero que una de las cosas más cómicas para un escritor es el lector masoquista. En la categoría de los masoquistas caen los que están en desacuerdo CON TODO lo que escribo pero, sin embargo, siguen leyéndome.

Son poquitos pero constantes los que envian correos electrónicos a los sitios de Internet poniendo en tela de juicio todo lo que digo. Jamás ofrecen una palabra de encomio, nunca una aceptación o un elogio. No hay un Blog donde no me encuentre con los mismos críticos. Pero insisten en leerme. Yo, a diferencia de ellos, no soy masoquista; sencillamente no les hago caso. A los vituperios no les doy ni un simple vistazo. Es decir que los masoquistas son ellos, no yo.

Para ponerles un ejemplo que les puede ser útil a esa gente: Hay un tipo que supuestamente es un buen escritor llamado Norberto Fuentes, pero que a mí me desagrada. Leí su libro ‘Dulces Guerreros Cubanos’. Me molestó, pero pensé que le podía dar una segunda oportunidad y después leí un par más de sus escritos. Experimenté la misma reacción. Cuando lo leo, Fuentes logra muy bien el difícil arte de irritarme. Y entonces, COMO YO NO SOY MASOQUISTA, no leo nada proveniente de esta persona.

Lo que yo hago con ese autor se lo recomiendo a los que me lean y les disgusten mis comentarios: No me lean. Por favor... olvídense de mí. Yo, después de 43 años en la palestra pública, NO VOY A CAMBIAR mi modo de escribir, ni mis firmes ideas. Pueden ser opiniones absurdas y ridículas, a veces en son de coña, PERO SON CONSTANTES. Encima de eso, NUNCA VOY A MEJORAR COMO ESCRITOR. Después de emborronar cuartillas haciendo miles de escritos no voy a convertirme, de sopetón, en tremendo intelectual. Los que insisten en leerme contrariados, les pido que pierdan la fe y no esperen un milagro.

En realidad, el problema de mis tres o cuatro detractores no debe ser conmigo sino con un grupo de compatriotas llamados Abel Pérez, Zoé Valdés, Iliana Curra, Demetrio Pérez, Aldo Rosado, Pedro Pablo Arencibia, Lorenzo del Toro, Antonio Purriños, Liú Santiesteban, Guillermo Milán, Pedro Dólar, Ziva Sahl y Josse Luis Fernandez, quienes a contrapelo de opiniones contrarias, no solamente gustan de mis comentarios, sino que LOS PUBLICAN.

Y cuidado, porque es muy difícil saber quienes son los verdaderos criticones honestos y masoquistas y quienes son los agentes castristas que están sentados ante sus computadoras en oficinas refrigeradas en el Ministerio del Interior de Cuba y que su única labor es formar confusión, neutralizar y hacer desistir a los anticastristas de seguir echándole con el rayo a la tiranía.

Conmigo pierden su tiempo ambos: los sinceros y los "Segurosos"; los buenos y los malos, porque jamás, hasta mi último suspiro, voy a dejar de barrer el piso con la dictadura y con sus apapipios y acólitos. Medio siglo de enemistad con el régimen, sin utilizar un solo seudónimo, debía ser más que suficiente para que los Coroneles de MININT les ordenen a sus subalternos: “¡Dejen al gusano ese que es incorregible!”...

Además, después de tantísimas décadas dando opiniones públicas, he logrado controlar mis sentimientos ante los rechazos. Y he conseguido que me resbalen repitiéndome cientos de veces sorprendido pero invariablemente riéndome: “Eh, ¿y el tonto de capirote este porqué sigue leyéndome si ya descubrió hace mucho rato que yo no sé escribir?”...No hay tranquilidad más grande para un divulgador de criterios que lograr tener la coraza del cocodrilo y que no le entren ni le hagan mella las más virulentas diatribas.

Y hay una tercera posición que no proviene de los castristas ni de los masoquistas: viene de los celosos, de los escritores frustrados, de los aspirantes a humoristas, que dentro de sus madrigueras se pasan las horas leyendo, redactando y preguntándose miles de veces: “Y este anormal ¿qué se cree, se considera un sabelotodo o se imagina que es Guillermo Álvarez Guedes?”...

No deben perder su tiempo interesados en todo lo que digo, en su lugar yo les pongo de tarea que cojan una libreta y una pluma y escriban todos los días 100 veces 14 sencillas palabras diciendo: “No me gustan los escritos de Esteban Fernández, no lo leo más y sanseacabó”. ¡FELICITARÉ rotundamente a todo el que haga eso!


VOCERO

Después de tantos años en el exilio, poco a poco me voy dando cuenta del puesto que la vida y la causa cubana me han deparado. Miles de veces me he preguntado: ¿Qué soy yo? Porque sinceramente, nunca he creído ser un gran escritor, ni me considero un intelectual. Entonces, cada día me convenzo más que lo que soy es un vocero.

Soy un vocero que defiende lo que muy pocos defienden y me he convertido, sin proponérmelo, en el portavoz de una gran generación. Soy la voz de los intransigentes y de los que todavía están dispuestos a dar el último aldabonazo de envergadura contra la tiranía.

No me interesa presumirle a nadie de ser un patriota ni un combatiente, porque no lo soy. Pero con supremo orgullo les puedo asegurar que todos los patriotas y combatientes tienen en mí a su representante.

Ante tanto pacifismo, ante tanta blandenguería y tantos intentos de diálogos -y borrón y cuenta nueva- con la dictadura, los eternos intransigentes me llaman escandalizados todos los días para que saque la cara por ellos y les diga al mundo que ¡ELLOS NO SE RINDEN!...

Soy el emisario, no solamente de los luchadores actuales, sino de los de la Cuba de ayer. Cuando millones de cubanos parecen no tener ni la más mínima idea de lo que pasó en nuestra nación antes de 1959 (porque la tiranía así lo ha querido y logrado) yo me paso la vida tratando de honrar la historia pasada y de defender nuestros antepasados que lograron convertir a la Isla en una maravilla. Y aquí estoy yo, dedicado en cuerpo y alma, por completo, para hacer patente las glorias de los cubanos que merecen ser enaltecidos.

Cada vez que he estado cerca de un agonizante ancianito cubano, le he prometido: “No te preocupes que yo voy a seguir predicando tus pensamientos”... Nada me enaltece más que cuando mis compatriotas me dicen: “Tú hablas y expresas lo mismo que nosotros pensamos, tú plasmas nuestras ideas y nuestros ideales”...

Recuerdo con tristeza cuando Ángel Torres, el hombre que más sabía de la pelota cubana en el mundo, y quien fue para mí como un padre en el exilio, en su lecho de muerte me agarró una mano, se sonrió, y me dijo en una especie de súplica: “Ahora que yo voy a faltar espero que tu te ocupes de seguir hablando de Habana, Almendares, Cienfuegos y Marianao”. Le contesté: “Sí, Angelito, confía en mi, voy a hablar de eso y de todo lo cubano”. Por lo tanto, con supremo orgullo les digo que ¡Soy vocero de Ángel Torres!

Soy pregonero de los que todavía sienten admiración por José Martí, por Antonio Maceo, por Carlos Manuel de Céspedes, por Calixto García, por Ignacio Agramonte, por Máximo Gómez. Y divulgador de los que todavía se emocionan cada 28 de Enero, cada 7 de Diciembre y cada 20 de Mayo. Mi defensa eterna a los herederos de la Protesta de Baraguá

Ni me creo héroe, ni alardeo de ser valiente, simplemente soy un predicador de la valentía de los titanes. Escribo de Vicente Méndez, de Tony Cuesta, de Yarey, de Pedro Luis Boitel, y de todos los que han batido el cobre contra la satrapía.

¿A qué aspiro cuando Cuba sea libre? Ni me interesan los puestos de gobierno, ni los cargos importantes. Simplemente me conformo con ver a la patria emancipada y seguir siendo el propagador de los ideales de un enorme grupo de cubanos. Esto, para mí, se ha convertido en deber y sacerdocio eterno.

Soy el admirador número uno de la Brigada 2506, de los que cayeron fusilados gritando "¡Viva Cristo Rey!"... Soy el simpatizante de todos los presos políticos, de los que sufrieron el plan de trabajo forzado Camilo Cienfuegos, de los que padecieron en los campos de concentración de la UMAP y de las presas en Manto Negro. Mientras me quede una gota de sangre en el cuerpo voy a gritar a los cuatro vientos la valentía de los alzados en el Escambray, de la grandeza de los que hicieron a Cuba un emporio de riqueza, y de los cubanos que siguen queriendo y luchando por un destino mejor para la isla que nos vio nacer.


LOS IDOLOS DE BARRO


¿Confiar en quién? Me parece que no debemos creer firmemente en casi nadie, ni ensalzar a ningún desconocido porque invariablemente se sufren decepciones. En lo personal, tengo la tendencia de no adorar falsas imágenes ni de colocar a nadie en un pedestal. Yo evito eso. Sobre todo con aquellos que están fuera de mi alcance. Mi teoría es darle tiempo al tiempo a ver que pasa.

Porque si hay algo que yo nunca he entendido en la vida es el fanatismo de muchos por gente que gozan de popularidad. Individuos (políticos, artistas, deportistas, cantantes) que por tener cierto talento la gente les cae atrás, los adula, les pide autógrafos y andan pendientes hasta del último detalle de sus vidas y de sus escándalos.

Para mí eso resulta -y ha resultado siempre- inaudito e increíble. Los héroes de cada uno de nosotros deben ser exclusivamente las personas que conocemos a fondo, que nunca nos han fallado, que nunca hemos visto hacer una barrabasada. Esos son los que simplemente queremos y admiramos porque hemos sido testigos de su proceder decente y correcto.

Celebridades verdaderas son nuestros padres cuando siempre nos han tratado con justicia; se han portado bien con nosotros y con todo el mundo y han tenido una vida ejemplar. “Héroes” son nuestros hijos si son decentes, se portan bien, y están ahí reciprocando nuestro amor.

¿Dónde está Luis Miguel cuando usted tiene que pagar la renta de su casa y no le alcanza el dinero? ¿Puede usted llamar a Thalía, para que lo ayude cuando está en desgracia? ¿Usted se acuerda de lo “famosa” que hicieron a Myrka Dellanos cuando se hizo “novia” de Luis Miguel? ¡Por favor, hasta la revista “People” la hizo injustamente LA ARTISTA DEL AÑO!... Y todos los “comebolas” pendientes de Myrka.

Hace nueve años yo estuve en el hospital con problemas de salud. Mis dos hijas estuvieron a mi lado durante toda una semana, sin dejarme un instante. Ellas son mis heroínas. Estuve rodeado todo el tiempo por muchos de mis amigos y sus esposas; amigos como Hugo Byrne, Abel Pérez, Ángel Torres, Antonio Rotella, Tony Fernández, Aris Caso, Nino Cardoso, Luis Aguirre, Enrique Bin, Milton Sorí. Esos son mis héroes y mi gente famosa. Durante esos siete terribles días ¿dónde estaban Chayanne, Alejandro Fernández, Cristian Castro, o mi pelotero preferido Derek Jeter? Las celebridades “brillaron por su ausencia”. Ni se enteraron, ni les interesaba mi úlcera.

Ah, pero yo me quedo frío con el gran interés que despiertan hasta los “mocosos” de los artistas y celebridades. No pasa un solo día sin que la prensa de chismografía no nos mencione a Miguelito el hijo de Aracely Arámbula y Luis Miguel y nos informen sobre los hijos de Angelina Jolie y Brad Pitt, y la hija de Tom Cruise.

Mi amigo Mario Byrne (Q.E.P.D.) tenía la magnífica teoría de que “Todos estos artistas son nuestros asalariados, que nosotros somos los que les pagamos, y que debían ser ellos los que nos guataquearan y que debían ser ellos los interesados por nuestras vidas y bienestar económico”. Y les aseguro que Mario practicaba lo que predicaba porque un día fuimos a comer al restaurante Las Palmas de North Hollywood y allí estaban comiendo un famoso cantante y actor junto a un grupo de amigos y yo le dije: “¡Mario, mira, ahí está Pablo Montero!” Y Mario ni lo miró. Me contestó: “So what? A mí que me importa eso”...

Los seres humanos tenemos la tendencia a “encumbrar y admirar” a desconocidos. Al principio les dije que aplaudimos delirantemente a politiqueros, a boxeadores, a galanes de telenovelas, para después sufrir tremendas decepciones. Yo escuché el caso de un matrimonio que le puso a su hijo “Richard Nixon Pérez”, y en la revista Bohemia- circa 1959- leí el caso de un tipo de apellido Castro, casado con una mujer de apellido Cruz (parece que no encontró una con el apellido Ruz) que le puso a su niño el nombre de “Fidel Castro Cruz”. Quizás hoy ese hijo ande exiliado por Miami.

Y yo si tuviera que escoger “héroes” aparte de los seres que me han demostrado decencia y amistad eterna, creo que me quedaría con los médicos, policías, enfermeras y bomberos que salvan vidas. ¡Un aplauso para ellos y para mis amigos! Y desde luego, mis respetos para los miembros de las Fuerzas Armadas Norteamericanas porque gracias a ellos el mundo no es esclavo.

A mis compatriotas les aconsejaría -principalmente en la lucha contra el castrismo- que deberían ser los últimos en ilusionarse con individuos que no tienen ni la menor idea de quienes son. Recuerden que ya una vez muchos cubanos pusieron a los barbudos en un altar y miren detenidamente lo que nos pasó, ¡TERMINAMOS CRUCIFICADOS!...

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