
Habana Vieja, La Habana
13 de junio de 2011
(PD) Es casi seguro que Raúl Castro no tendrá el tiempo necesario para acometer las reformas jurídicas que faciliten la "actualización del socialismo".
Según expresó hace unos días son miles las leyes, decretos y resoluciones a examinar. Con 80 años recién cumplidos, es dudosa la posibilidad de que pueda supervisar una tarea que comportará el empleo de plazos irremediablemente largos.
A esa edad, la demencia senil y otros percances de salud suelen tornarse en amenazas potencialmente devastadoras. Si la esperanza de vida para los hombres en Cuba promedia los 76 años, el destino le ha otorgado al general-presidente cuatro años de prórroga. El hecho de que aparente una salud de hierro, no es una garantía para predecir que estará vivo o lúcido dentro de 10 minutos.
Una mirada inquisitiva hacia las transformaciones en proceso y las que se estudian, invita a pensar en pausas y dilaciones, bien distantes del dinamismo y la integralidad que demandan las circunstancias.
Los padres del engendro político que ha afectado a cinco generaciones de cubanos van a apostar por la continuidad, mediante la renovación de las tácticas de supervivencia. Como de costumbre, acudirán a las transfusiones mediáticas y otras acciones terapéuticas con tal de lograr sus objetivos. Por vía legal ya se concedieron suficiente tiempo para tomarse las cosas con calma. Tienen dos períodos de 5 años para arreglar lo que ellos mismos descompusieron con una tenacidad envidiable.
Es muy probable que la mayoría de los cambios anunciados con bombos y platillos, queden varados en el pantano de la burocracia. Una zona harto conocida en Cuba por la peculiaridad de absorber, con apetitos pantagruélicos, todas las iniciativas en pos de la eficiencia, la productividad, la ética, el sentido común y otras aristas inherentes al pleno desarrollo de cualquier sociedad del mundo civilizado.
Reparar el socialismo a estas alturas es empeñarse en algo rayano en la insensatez. Deben saber que la profundización de las transformaciones implica el resquebrajamiento de la arquitectura de un modelo que parecía de hierro, pero que la historia develó como una frágil estructura de barro.
Definitivamente una de las prioridades a tomar en cuenta debería ser la supresión de la ortodoxia ideológica. Este paso conduciría a la liberalización de una sociedad entrampada entre las redes del miedo y la crónica falta de esperanzas en un futuro mejor dentro de las fronteras nacionales.
El anuncio de que en el ámbito político no habrá ninguna oportunidad para el pluralismo ni beneplácitos para el libre ejercicio de los derechos civiles, es una señal poco alentadora que clarifica la intransigencia de quienes seguirán con el garrote a cuestas mientras tengan un hálito de vida.
La ministra de Justicia María Esther Reus acaba de recibir la orden de corregir la legislación actual con el fin de viabilizar las reformas. Habría que ver los resultados finales de esa titánica labor.
Raúl Castro asegura que hay muchas cosas absurdas que obstaculizan el avance de la apertura económica. Aunque parezca increíble, esa irracionalidad que el mandatario cubano pide eliminar ha sido la esencia del socialismo, su fuerza vital.
La señora Reus puede que termine en un manicomio o separada del cargo antes que culmine su gestión.
Corre el peligro de estar entre los máximos responsables de la muerte del sistema -hace años en fase terminal- si cumple a cabalidad la orden cursada por la figura máxima del poder. Un cambio a profundidad en las leyes que han provocado el desastre interno, es atentar contra el sistema que se quiere preservar a toda costa.
Contradicciones aparte, vale preguntarse, ¿se salvará la ministra de una futura condena por malinterpretar el pensamiento de Raúl Castro? Ante tales riesgos, es lógico pensar que trabajará con cautela y sin apuros.
oliverajorge75@yahoo.com
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