
Escrito por Odelín Alfonso Torna
Arroyo Naranjo, La Habana
16 de julio de 2011
(PD) Si los numeritos finales de un partido o la posición de Cuba en un evento internacional son inesperados o deshonrosos, usualmente son omitidos por quien diseña las columnas del diario o sesgados entre líneas por el cronista deportivo ¿La razón responde a algo o alguien?
La sugerencia para este tema vino de un colega. Éste no entendía por qué el recuadro con los numeritos finales del partido entre Taipei de China y Cuba, en la final del torneo beisbolero de Rotterdam, no fue publicado el lunes 4 de julio por el diario oficial Granma. Definitivamente el cronista deportivo Sigfredo Barrios lo omitió, algo que no hizo dos días antes (el sábado 2 de julio) con la victoria de Cuba sobre Holanda.
El comentario deportivo carga con sus reglas; se afinca generalmente en resultados, promedios, records, rendimientos individuales y colectivos. Pero sabemos que sobre el oficialismo pesa el triunfalismo -hoy criticado por los propios comisarios- lo que no demerita a cronistas oficiales de buena pluma.
Generalmente se concibe el seguimiento de un evento internacional a distancia, con las limitaciones de Internet, los presupuestos y toda la sarta de vicisitudes conocidas.
Basta consumir los espacios deportivos de la radio y la televisión nacional para darse cuenta que escasean los reporteros cubanos en circuitos internacionales de campo y pista, ajedrez, baloncesto, esgrima o tenis de mesa -Dios le da barba al que no tiene quijada. Sin embargo, disciplinas como el béisbol y el voleibol gozan de amplia cobertura. Pero cuando las cosas van de mal en peor para los nacionales, contraerse estadísticamente conviene. ¿Pudiera decirse que en este caso cambian las reglas en la prensa plana?
Por ser disciplinas que esporádicamente ganan medalla de oro en coliseos internacionales o generalmente traen a la patria la plata y el bronce - en los delirios del Coma-andante es llegar “sobre el escudo”-, una actuación caótica también desaliña la crónica.
En resumen, el fenómeno de tapar los numeritos finales o justificar hasta el cansancio un resultado inesperado, se lo debemos a equipos bien pujados a nivel nacional que luego se destiñen en torneos foráneos de poca monta. Escuchar coartadas periodísticas como que la pelota utilizada no bota lo suficiente, el arbitraje no estuvo a nuestro favor, los muchachos de tal o más cuál equipo llegaron al evento cansados por el viaje o el imperialismo quiere robarnos los talentos deportivos, sólo viene a reforzar la decepción en los aficionados.
Sería bueno saber las estadísticas de Cuba en muchos apartados internacionales de béisbol, futbol y voleibol, sobre todo en tiempos que el amateurismo tramita su defunción. Nos dará la medida de cuán nivelados estamos en materia deportiva.
Mi colega se resiste a entender el por qué de las omisiones. Al fin y al cabo, son nuestras reglas, amargas, pero nuestras.
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