
Escrito por Juan Gonzalez Febles
Lawton, La Habana
02 de julio de 2011
(PD) Cuando la modernidad entra en casa, es un evento extraordinario, no importa la vía, cómo o cuando. Hace poco, todo se nos volvió patas arriba con los teléfonos móviles, pero ese fue el susto menor.
Lo verdaderamente grandioso fue cuando a finales de los 80, la ciudad se llenó de palanganas (una suerte de antenas parabólicas artesanales), que pusieron al cubano de a pie en contacto directo con televisoras "exóticas" como HBO, CNN y otras tantas desconocidas maravillas de la modernidad.
Aquella fue la época en que la gente seguía la novela de Radio Martí mientras caminaba por cualquier acera de La Habana. Podía ser escuchada desde los radios de cada hogar habanero. Era el tiempo irrepetible de Ruth Mini y sus predicciones. En fin, la época (la única) en que la programación de Radio Martí fue lo mejor que conocimos. Que esto último sea una suerte de plegaria para un adiós a Ernesto Betancourt que dirigió al equipo que lo hizo posible.
Aquella época fue el momento de los descubrimientos, pero faltaba lo principal: Wikileaks y su mentor, el australiano Julian Asange. Wikileaks nos puso en contacto con muchas cajitas de Pandora que los americanos creían seguras en el Departamento de Estado. De paso, con las impresiones del Sr. Embajador Jonathan Farrar sobre Cuba, recordé la canción de moda de hace algunos años sobre los americanos. Qué manera de hablar boberías. Que desperdicio de erudición de portada, lomo y contraportada. Pero todo parece indicar que las cosas no se quedarán ahí.
Dicen que Wikileaks volvió sobre el tema cubano e incursiona en el difícil arte de crear una figura. Mejor dicho, cuenta como los santones con poder sobre el tema cubano en Washington, gastaron dinero en el intento de crear una figura. Se trata de presupuestos que cortan la respiración. Con ellos, se intenta llenar lagunas humanas, culturales, políticas y de todo tipo, para convertir a un pelagatos y a un proyecto inviable en tema consagrado. Se trata de la magia que convierte a cualquier pelagatos por ellos seleccionado, en señora o señor mediático. Así de sencillo. Todo es sobre el dinero. Lamentablemente lo sacaron de la necesidad y la aprensión de opositores y periodistas que en esos momentos se morían de hambre. En otra oportunidad, prometo volver sobre el tema.
La última bola de actualidad es la pretensión de que se crea que los últimos destierros logrados por el régimen cubano, se lograron sin la complicidad activa del cardenal Ortega. Por suerte se dispone de grabaciones y testimonios. Algunos, tomados desde las prisiones cubanas y entre ellos unos cuantos, por no decir mayoría, apuntan a una presión descomunal ejercida por funcionarios de la policía de Seguridad del Estado sobre prisioneros y familiares, dirigida a lograr la aceptación de libertad con destierro.
El cardenal en aquellos momentos colaboraba con el régimen en condición de convidado de piedra. Por decirlo de alguna forma, articuló y colectó humanitariamente los resultados de las presiones ejercidas, para usufructo político del régimen. Más adelante fue a Bruselas con tarjeta blanca expedida por el régimen, según dicen, para negociar algo "a título personal". Lo que haya negociado, si fue en nombre del régimen, es malo y si fue a título personal, es peor.
También llama la atención, lo fácil que el cardenal de hoy, consigue tarjetas blancas, para gestiones personales en Estrasburgo, pero veamos:
Desde su blog, dice el inefable corresponsal de BBC en La Habana, el Sr. Fernando Ravsberg: "Es difícil creer que en una organización tan centralizada alguien pueda llegar a semejante acuerdo sin el visto bueno de Roma. Así que de haber un complot católico-comunista, el Vaticano también tendría que estar implicado."
Aunque me cuesta mucho coincidir con Ravsberg, cierto es que la Iglesia Católica y el Partido Comunista tienen cosas en común en términos de organización, disciplina y centralización. El Vaticano coloca en las posiciones centrales a quienes se muestren inclinados a llevar adelante determinadas políticas. Los hombres del Vaticano de actualidad en Cuba son el cardenal Ortega y el obispo Céspedes. Fue y es poco probable que cubanos dignos, hombres de bien y respeto con sotana como Monseñor Meurice o Monseñor Petit alcancen el visto bueno romano. Ellos son, por decirlo de alguna forma, demasiado cubanos y demasiado íntegros. Sólo queda sacar las conclusiones del caso.
No dispongo de la certeza de que se trate de modernidad y cubanerías, o simplemente de las cubanerías de la modernidad. Aclaro que uso cubanerías en la acepción vernácula que se da en Lawton a las "nadas" y las "nerías". Con los cubanazos de respeto no hay "nada" o "nería" posible. El alambre está repleto y aún quedó mucha ropa por tender. Antes que lo olvide, les recuerdo que en ese terreno fangoso y movedizo de la fabricación de figuras, queda algo pendiente con Wikileaks...
juanchogonzal@gmail.com
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