martes, 9 de agosto de 2011

Las vidas que me importan


Escrito por Juan Gonzalez Febles


Lawton, La Habana


9 de agosto de 2011


(PD) Cada cierto tiempo, de forma paralela a declaraciones altisonantes de cualquier figurón del gobierno, sucede algo con alguien, que desmiente el contenido o la forma de la declaración. Un niño muere en Mantilla a partir de algo que clasifica como ejecución extra judicial. En otro escenario, un adolescente intenta cruzar el Atlántico como polizón de un jet y muere congelado en el intento. Son eventos que han compartido el tiempo, pero aún así, lo que predomina en el discurso mediático internacional son las reformas que no lo son o las mejoras que no serán.

Se habló y se habla sobre la “entrega” de tierras ociosas. Esto se convierte en motivo para que analistas que no analizan y periodistas que desinforman, lancen campanas al vuelo sin detenerse por un instante a meditar sobre estas cosas que suceden ante sus ojos: El estado ofrece un préstamo para que alguien trabaje una tierra que no le pertenece. Uno se pregunta, ¿cómo tanta gente inteligente, tantos cubanólogos y tantos informadores, no han analizado que quizás el estado se presta a sí mismo? A fin de cuentas, las tierras son suyas y no dejarán de serlo. Entonces: ¿cómo es posible que nadie se detenga a pensar por qué se ofrece y se acepta contrato a todas luces tan desigual? El estado ofrece una parcela yerma y extiende un préstamo para que alguien convierta el lugar en un sitio productivo. Acto seguido, grava y cobra con intereses el préstamo y más adelante, recupera la parcela. ¿Es esto equitativo?

El estado ofrece que liberará la venta de casas y automóviles. ¿Hacia quién iría dirigida esta oferta? ¿Se trata de una apertura que beneficiará a la mayoría? ¿Serán las mayorías empobrecidas de la Isla las beneficiadas? O quizás se trata de la minoría privilegiada de siempre. Esa de las zonas congeladas y del clientelismo político.

Con el trabajo ‘PCP’ (por cuenta propia) no confundir con PCC, pasa lo mismo. ¿Por qué no hay licencia para abogados, arquitectos, ingenieros, dentistas, médicos, etc.? Si la educación y la salud se han convertido en estiércol político, ¿por qué no permitir el establecimiento de academias, consultas médicas y gabinetes dentales particulares? Si los tribunales y el ejercicio jurídico apestan a componenda con policías, entonces, ¿por qué no permitir el ejercicio libre de la abogacía?

Una fiscal que hizo carrera con los procesos espurios a disidentes, ahora entró en el mercado semi clandestino de los bienes inmuebles. Luego del matrimonio de su hija con un extranjero, litiga por vivienda. ¿Dónde? Pues en el municipio Playa.

Los restoranes Paladar más prósperos y más promocionados son propiedad de personas que se han distinguido o se distinguen por su adhesión al gobierno. De acuerdo con las estructuras salariales cubanas, uno se pregunta cómo esto ha sido posible. Acepto que alguno haya logrado saltar desde la partidocracia al arte con relativo éxito. Este no es el caso de todos y lo cierto es que todos encontraron de alguna forma el capital inicial para comenzar sus negocios. Quizás la Sra. Bejerano, flamante contralora y llamada a sus espaldas “súper abuela”, diga algo relevante al respecto. Aunque ciertamente no lo creo. Bueno, a menos que no haya chilenos o enemigos del presidente Raúl, es poco probable una intervención de la Súper…

El gobierno aún no hace algo para mejorar, aunque sea un poco, las vidas de la gente que me importan. Todo parece indicar que las únicas y verdaderas mejoras tienen un alcance muy limitado. Esto sea dicho, tanto desde el punto de vista de la geografía o de la demografía. Geográficamente abarcan dos de 166 municipios con que cuenta el país. Demográficamente, unas pocas familias de estos dos municipios. Para que no haya alguien en cualquier sitio, que se quede con dudas, los municipios son Plaza de la Revolución y Playa en la capital. ¿Las familias? Algunas asentadas en estos municipios hace menos de 52 años. ¿Qué les parece?

juanchogonzal@gmail.com

www.infiernodepalo.com

Foto: Marcelo López

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