
Lo paradójico del castrismo es que para, supuestamente, descolonizar a Cuba -a la que tornó colonia de otro imperio: el soviético- colonizó el pensamiento de la ciudadanía.
martinoticias.com 23 de septiembre de 2011
Foto: EFE
Rafael Rojas.
Un artículo del historiador y ensayista cubano Rafael Roja tiutlado La máquina del olvido, en el que reflexiona sobre la desconexión de la ideología estatal, dominante aún en los programas educativos y los medios de comunicación en Cuba, y el pensamiento de las nuevas generaciones, apunta hacia el abismo que se ha abierto entre una generación que logró hechizar a sus contemporáneos y suscesores pero que enfrenta hoy el despertar de una sociedad que se aleja del embelezo.
Refiriéndose a Cuba y al proceso de ideologización emprendido por el gobierno cubano tras el ascenso de Fidel Castro al poder en 1959, Roja señala que “lo que de esa cultura y esa política interesaba a los ideólogos del nuevo Estado —las guerras de independencia, José Martí, el movimiento obrero, la Revolución de 1933 y algunos líderes del comunismo o el nacionalismo republicanos como Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena o Antonio Guiteras— era aquello que funcionaba como indicio providencial del triunfo revolucionario de 1959 y su institucionalización socialista".
Añade el historiador que “los aparatos ideológicos del socialismo cubano se dieron a la tarea de trasmitir a la ciudadanía la idea de que Cuba comenzaba a ser una nación-estado, propiamente dicha, a partir de ese año, y que su máximo líder, Fidel Castro, era el realizador de un sueño de independencia postergado desde la muerte de José Martí en 1895".
“El proceso de colonización mental emprendido por aquellos imperios atlánticos es sumamente parecido al que puso en práctica el Estado insular, con el propósito de incorporar, a las formas de identificación política de la ciudadanía, un relato hegemónico sobre el pasado nacional”, recalca Rafael Rojas.
Pero –concluye el ensayistas- “La paradoja reside en que esa colonización mental fue llevada a cabo en nombre de la descolonización de Cuba, es decir, del rescate de una soberanía nacional limitada o perdida. La recuperación de la soberanía por parte del Estado cubano implicó una confiscación de la memoria de la ciudadanía.
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