martes, 18 de octubre de 2011

¿Son extraterrestres?




Escrito por Gladys Linares


Lawton, La Habana,


(PD) El miércoles, cuando aún no había amanecido, Evelio, en compañía de su esposa, tomó un ómnibus para dirigirse al Vedado. Ese día tenía un turno médico y debía estar en el hospital a las ocho y treinta de la mañana. Mientras Santiago de las Vegas quedaba atrás, el viaje se hacía más difícil cada vez que el metrobús (nombre oficial de los “P”) hacía una parada, pues se llenaba más y más. Las personas, desesperadas por llegar puntuales a su destino, se abalanzaban y empujaban con fuerza en busca de un espacio. Cuando el chofer se saltaba alguna parada (que no fueron pocas), Evelio sentía un gran alivio. Al bajar del ómnibus, su esposa le dijo: “Parece que nos cayó un aguacero, de lo sudados que estamos.”

Llegaron al hospital a las nueve de la mañana, y ahí vino lo peor. En la sala de espera apenas había espacio, y la mayoría de las personas permanecía a la caza de un asiento. A pesar de ser el Hospital Oncológico uno de los recién reparados, no hay ventiladores, pues se adaptó para aires acondicionados, pero debido a la política del ahorro energético, estos no se pueden encender. Por eso, cuando entró un vendedor de periódicos, todo el que pudo compró uno para aplacar el calor. Evelio no alcanzó, así que tuvo que conformarse con una revista Mujeres (la No. 2 del 2011). Al hojearla, no pudo dejar de comentar con su esposa un artículo sobre la elaboración, por más de cien especialistas cubanos, de varias guías alimentarias para el pueblo.

Este comentario despertó el interés de los presentes, y fue el pretexto para establecer la conversación entre ellos. Evelio se embulló y siguió leyendo fragmentos del artículo: “Si el dinero que invertimos en una flauta de pan (10 pesos moneda nacional) o en croquetas fritas, refrescos gaseados, etc., lo invertimos en vegetales, frutas, frijoles y viandas, su salud y la de su familia lo van a agradecer.”

Pero cuando leyó: “Un buen día comienza con un desayuno”, una señora, que hasta ese momento había permanecido callada, exclamó: “¡Pero estos son extraterrestres! ¿Dónde están los frijoles, las frutas y vegetales? Y cuando se encuentran, carísimos. Es que ya ni con un buen café comienza el día de los cubanos. Ahora, con esa mezcla infernal de chícharos, ¡ni el aroma nos llega!”

Y mientras la revista pasaba de mano en mano, el pobre Evelio y su esposa se quedaron sin “penca” para abanicarse.

gladyslinares42@yahoo.com

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